Las asociaciones de empresarios no son solo lobbies ni clubes de presión. Son, según defiende el Consell de la Generalitat Valenciana, uno de los engranajes más eficaces para dinamizar la economía y, sobre todo, para mantener vivos los territorios que quedan lejos del foco mediático y de las grandes inversiones. Este 22 de mayo, el Ejecutivo valenciano ha reivindicado con fuerza el asociacionismo empresarial como agente dinamizador de la economía y motor de desarrollo y cohesión territorial, una apuesta que va mucho más allá del discurso institucional.
Más que una patronal: el tejido invisible que sostiene comarcas enteras
Detrás de cada polígono industrial de la España interior, de cada feria sectorial en una capital de provincia pequeña o de cada convenio formativo entre empresas y centros de FP, suele haber una asociación empresarial. No siempre visible, pero sí decisiva. La Comunitat Valenciana lo sabe bien. La Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV) engloba a más del 95% del tejido empresarial de la región, con una base asociativa integrada por más de 159 asociaciones sectoriales a nivel autonómico y provincial, que a su vez integran a 580 entidades de todos los sectores de actividad. Un entramado de una complejidad y una profundidad territorial que pocos instrumentos de política pública pueden igualar.
El Consell, a través de la Conselleria d'Indústria, Turisme, Innovació i Comerç, ha querido poner en valor ese papel con un mensaje que tiene tanto de reconocimiento como de hoja de ruta. La colaboración entre instituciones públicas y organizaciones empresariales se consolida así como uno de los pilares de la estrategia económica valenciana. No es una novedad absoluta, pero sí una declaración de intenciones en un momento en que la fragmentación territorial y la fuga de talento amenazan la viabilidad de muchas comarcas.
Cooperar para competir: la lección de los territorios industriales
Hay comarcas valencianas que llevan décadas demostrando que el asociacionismo empresarial no es un lujo, sino una necesidad estructural. El caso de la Vall d'Albaida, con su potente industria textil y su cultura de colaboración interempresarial, es uno de los ejemplos más citados. "Cooperar nos hace más competitivos; comarcas como la Vall d'Albaida, con una cultura de esfuerzo y colaboración empresarial, tienen el potencial para liderar la competitividad" , señaló en su momento el conseller Néstor Ropero. Una frase que resume bien la filosofía que ahora reivindica el Consell a escala autonómica.
La cohesión del territorio es, en este contexto, mucho más que un concepto geográfico. Significa que una empresa ubicada en un municipio de interior tenga acceso a los mismos servicios de apoyo, formación e innovación que una situada en el área metropolitana de València. La Generalitat ha promovido establecer alianzas entre formación, empresas y territorio para asegurar la competitividad a largo plazo, y a través de Ivace+i ha asignado desde 2023 más de 2 millones de euros en 70 proyectos de I+D+i y digitalización en distintas comarcas.
Un marco legal y una voluntad política que se refuerzan mutuamente
La CEV fue creada el 28 de septiembre de 1977, con la fusión de varias organizaciones empresariales valencianas, precisamente cuando la aprobación de la ley que reconocía la libertad de asociación empresarial liquidaba formalmente el Sindicato Vertical. Casi cincuenta años después, el mensaje del Consell no hace sino confirmar que aquella apuesta histórica fue acertada: el asociacionismo libre, plural y representativo es un activo democrático además de económico.
La actividad de estas organizaciones se desarrolla con el fin de defender el interés empresarial general y procurar el marco idóneo para el ejercicio de la actividad empresarial, avanzando en objetivos como la transparencia, la reivindicación de políticas e infraestructuras que hagan más competitivas las empresas y el reconocimiento de la empresa ética y responsable como generadora de riqueza y bienestar.
El reto del relevo generacional planea sobre todo este debate. "La captación y gestión del talento frente al relevo generacional es el principal desafío" al que se enfrentan muchas de estas asociaciones y las empresas que las integran. Sin nuevos profesionales dispuestos a quedarse en los territorios donde se genera valor industrial, ni el mejor modelo asociativo puede garantizar la continuidad del tejido productivo.
El asociacionismo como antídoto frente a la fragmentación
Que el Consell haya elegido este momento para reivindicar el papel de las asociaciones empresariales no es casual. La economía valenciana afronta una etapa de reconstrucción y reorientación estratégica en la que la articulación entre actores públicos y privados resulta más necesaria que nunca. La Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana, como representante de la sociedad civil, representa y defiende los intereses empresariales de sus asociados ante los poderes públicos y la sociedad en general. Esa función de intermediación, de traducir las necesidades reales del tejido productivo en políticas concretas, es precisamente lo que el Consell quiere potenciar.
En un panorama en que la globalización concentra oportunidades y la digitalización amenaza con dejar atrás a quienes no se adaptan, las asociaciones empresariales ofrecen algo que ningún algoritmo puede replicar: proximidad, confianza y conocimiento del territorio. Ese capital intangible, construido durante décadas de trabajo conjunto entre empresas, instituciones y comunidades locales, es hoy más valioso que nunca. La apuesta del Consell por reconocerlo y fortalecerlo no es solo una declaración política: es una inversión en la arquitectura invisible sobre la que se sostiene la economía real de la Comunitat Valenciana.

