El Centro Cultural La Beneficencia de València acogió esta semana un acto institucional para conmemorar el 82 aniversario del Samudaripen, el nombre en romaní con el que el pueblo gitano recuerda su propio holocausto: el genocidio perpetrado por el régimen nazi entre 1933 y 1945 que se extendió por 20 países europeos y que costó la vida a cerca de 500.000 personas gitanas, una cuarta parte de toda la población romaní del continente. Persecución sistemática, trabajos forzados, experimentos médicos y cámaras de gas en campos como Auschwitz-Birkenau. Un exterminio que, durante décadas, apenas ocupó espacio en la memoria colectiva.
El 2 de agosto se conmemora como el Día del Holocausto del Pueblo Gitano porque en 1944 está documentada la matanza de más de 4.000 personas en el campo de Auschwitz-Birkenau, conocida como la 'Noche de los Gitanos'. Las personas romaníes fueron sujetos de persecución, encarcelamiento, trabajos forzosos, experimentos científicos, esterilización y masacre. Y sin embargo, no ha habido una voluntad política sostenida de promover la investigación que haga posible aflorar las verdaderas dimensiones del Samudaripen. Precisamente por eso, actos como el celebrado en València adquieren un peso especial.
Un acto de justicia histórica
La vicepresidenta primera de la Generalitat y consellera de Vivienda, Empleo, Juventud e Igualdad, Susana Camarero, fue la encargada de clausurar el homenaje, en el que participaron entidades y asociaciones gitanas de la Comunitat Valenciana, el Consejo Valenciano del Pueblo Gitano —representado por Jesús Giménez— y el testimonio directo de José Alfredo Maya, quien compartió con los asistentes su experiencia al visitar los antiguos campos de concentración. La jornada incluyó también una ofrenda floral y la inauguración de una muestra sobre el holocausto gitano.
Camarero no esquivó la incomodidad histórica. Reconoció que el sufrimiento del pueblo gitano quedó durante demasiadas décadas relegado al silencio, y colocó la memoria como condición necesaria para la democracia.
"Recordar el Samudaripen es un acto de justicia para devolver el nombre, el rostro y la dignidad a quienes fueron perseguidos y asesinados únicamente por ser de etnia gitana" - Susana Camarero, vicepresidenta primera y consellera de Vivienda, Empleo, Juventud e Igualdad de la Generalitat Valenciana
La vicepresidenta subrayó también la fortaleza y resistencia de una comunidad que ha logrado mantener viva su identidad, su cultura y sus valores pese al horror vivido. Una identidad que, según Camarero, la Comunitat Valenciana quiere reconocer como parte constitutiva de su propia historia. Defender la igualdad, argumentó, implica necesariamente preservar esa memoria, combatir los prejuicios y educar en el respeto.
Más de 11 millones de euros en inclusión y educación
Más allá del acto simbólico, la Generalitat puso cifras sobre la mesa. A lo largo de 2025, el Consell ha destinado más de 11 millones de euros al desarrollo de programas de inclusión de jóvenes y acompañamiento educativo dirigidos a la comunidad gitana. Una inversión que, según Camarero, consolida una apuesta firme por la igualdad de oportunidades real, no solo declarada.
Entre las iniciativas impulsadas destaca el programa Sarsalé, un proyecto de acompañamiento educativo específicamente diseñado para el pueblo gitano, además de ayudas a entidades y actuaciones de sensibilización que buscan favorecer su inclusión, su participación y el reconocimiento público de su cultura e identidad en el territorio valenciano.
La voluntad expresada desde el Consell es clara: seguir trabajando junto a las asociaciones gitanas, no por encima de ellas. Porque, como recordó Camarero, la mejor forma de honrar a las víctimas del Samudaripen no es solo el recuerdo —que también— sino construir un presente donde nadie vuelva a ser perseguido por su origen, su cultura o su identidad. En ese horizonte, y con las nuevas generaciones como destinatarias principales, la Comunitat Valenciana apuesta por hacer de la convivencia no un ideal, sino una realidad cotidiana.

