La Generalitat Valenciana destina 680.000 euros a poner en valor el kaki, el turrón, la chufa y otros productos con sello de calidad propio

La Conselleria de Agricultura financia a doce entidades para promocionar las denominaciones de origen e IGP valencianas con fondos europeos.

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Del turrón de Jijona al kaki de la Ribera del Xúquer, pasando por la chufa de l'Horta Nord o los vinos de Utiel-Requena. La Comunitat Valenciana atesora un catálogo gastronómico con sello propio que, a menudo, pasa desapercibido incluso entre quienes lo consumen. Para cambiar eso, la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca acaba de conceder 680.000 euros en ayudas destinadas a promocionar los productos agroalimentarios de calidad diferenciada de la región, en el marco del Plan Estratégico de la Política Agraria Común (PAC) 2023-2027.

Doce entidades beneficiarias, un mismo objetivo

La resolución, publicada en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana (DOGV), alcanza a un total de doce entidades vinculadas a figuras de calidad reconocidas a nivel europeo. Entre ellas figuran los consejos reguladores de las denominaciones de origen protegidas de Valencia, Alicante y Utiel-Requena en materia de vinos, pero también los de productos tan singulares como la Chufa de Valencia, la Granada Mollar de Elche, el Kaki Ribera del Xúquer y la Uva de Mesa Embolsada. Se suman además las indicaciones geográficas protegidas del Jijona y el Turrón de Alicante, el Comité de Agricultura Ecológica de la Comunitat Valenciana (CAECV), la Associació Vitivinícola de Castelló, la Asociación de Productores y Comercializadores de la Tomata Valenciana y la Asociación de Productores de Aguacates.

Una de las grandes fortalezas del sistema agroalimentario valenciano reside precisamente en su capacidad para mantener una oferta regular y diversa a lo largo de todo el año en mercados cada vez más exigentes y competitivos. Y en ese escenario, las denominaciones de origen y las indicaciones geográficas protegidas funcionan como el mejor argumento de venta. "Son sellos reconocidos por el consumidor, que los percibe como garantía de calidad y está dispuesto incluso a pagar un poco más, ya que el sistema de producción también es más costoso" , según voces del propio sector.

¿Para qué sirve exactamente el dinero?

Las subvenciones no son un cheque en blanco. Tienen usos muy concretos: financiar campañas de promoción y publicidad, la difusión de información técnica y científica sobre los productos amparados, la elaboración de planes estratégicos y estudios de mercado, así como la participación en ferias, exposiciones, concursos y otros certámenes especializados. También se incluye la elaboración de material divulgativo y las iniciativas de intercambio de conocimiento entre empresas del sector. En la práctica, esto puede significar desde un stand en Alimentaria hasta un estudio sobre el posicionamiento internacional de la chufa valenciana —producto que, dicho sea de paso, la NASA llegó a calificar de superfood .

La marca colectiva de promoción agroalimentaria Molt de Gust ya trabaja en el posicionamiento comercial de las 23 figuras de calidad diferenciada de la Comunitat reconocidas por la Unión Europea, incluyendo denominaciones de origen, indicaciones geográficas protegidas, vinos de pago y la agricultura ecológica certificada por el CAECV. Las nuevas ayudas refuerzan esa estrategia a través de los propios consejos reguladores y asociaciones de productores.

Europa pone el 60%, la Generalitat pone el resto

El reparto de la financiación revela también el peso europeo en la política agraria española. El Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER) aporta el 60% de los fondos, mientras que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación contribuye con un 16,24% y la propia Conselleria asume el 23,76% restante. Una estructura de cofinanciación que hace posible movilizar cantidades significativas con un esfuerzo relativamente menor para las arcas autonómicas, y que refleja la apuesta de Bruselas por la calidad diferenciada como eje de la política agraria continental.

Las Denominaciones de Origen y las Indicaciones Geográficas Protegidas se crearon para reivindicar la calidad de productos vinculados a un lugar concreto, y no solo se aplican a los vinos, sino también a frutas, verduras, quesos o carnes. En el caso valenciano, ese catálogo es especialmente rico y variado: la uva de mesa embolsada del Vinalopó —protegida bajo un bolso de papel que acompaña cada racimo durante su maduración—, el kaki de la Ribera del Xúquer o la granada mollar de Elche son ejemplos de productos con identidad propia que compiten en mercados internacionales donde el origen y la trazabilidad se han convertido en argumentos de compra tan poderosos como el precio. Que la Generalitat invierta en hacerlos visibles no es solo una cuestión de marketing: es también una apuesta por preservar el tejido rural y la singularidad de una gastronomía que va mucho más allá de la paella.