Hay barreras que no se ven, pero que pesan igual. Las mujeres con discapacidad se enfrentan cada día a una doble discriminación: por ser mujeres y por tener una discapacidad. Así lo denunció este martes Susana Camarero, vicepresidenta primera y consellera de Vivienda, Empleo, Juventud e Igualdad de la Generalitat Valenciana, durante su visita a la Asociación de Mujeres con Discapacidad XARXA, con sede en Valencia, una entidad que este año celebra su vigésimo aniversario.
Una inclusión que va mucho más allá de las rampas
Cuando se habla de inclusión, el imaginario colectivo suele reducirla a la eliminación de barreras arquitectónicas: rampas, ascensores, aceras adaptadas. Pero la realidad es bastante más compleja. Camarero fue rotunda al respecto durante su visita:
"La inclusión real no consiste únicamente en eliminar barreras físicas; también implica garantizar el acceso al empleo, a la formación, a la participación social y a una vida libre de violencia para las mujeres con discapacidad." - Susana Camarero, vicepresidenta primera y consellera de Igualdad de la Generalitat Valenciana
La titular de Igualdad estuvo acompañada en la visita por la secretaria autonómica de Igualdad y Diversidad, Asunción Quinzá; la directora general de Igualdad, Davinia Bono; y el comisionado para la Lucha contra la Violencia sobre la Mujer, Felipe del Baño. Una delegación que, por su composición, subraya la transversalidad del compromiso institucional con este colectivo.
El empleo como palanca de vida
Camarero puso especial énfasis en la empleabilidad como "una de las principales herramientas de inclusión". No es una afirmación vacía: para una mujer con discapacidad, acceder a un puesto de trabajo significa mucho más que una nómina. Significa independencia económica, autoestima y la posibilidad real de trazar su propio proyecto de vida. Sin esa palanca, el riesgo de exclusión y de dependencia se multiplica.
XARXA centra su actividad precisamente en esos ejes: el empoderamiento de la mujer, la integración sociolaboral, la realización de jornadas y cursos, y la prevención y lucha contra la violencia hacia las mujeres y niñas con discapacidad. La asociación fue fundada en Valencia en 2005 con el objetivo de crear un espacio de información, formación y diálogo donde las mujeres de cualquier edad puedan contribuir a alcanzar una igualdad de oportunidades real. Dos décadas después, su vigencia es más necesaria que nunca.
Veinte años acompañando a quienes más lo necesitan
El aniversario de XARXA fue también una oportunidad para reconocer públicamente el trabajo silencioso —y fundamental— que realizan las asociaciones del tejido civil. Camarero valoró la labor de esta entidad en ámbitos como la inserción laboral, la atención psicosocial y la formación, y destacó su contribución al avance de la igualdad. Entre los servicios que ofrece XARXA figura también la formación para promover la mejora de la empleabilidad, una línea de trabajo que conecta directamente con el eje central del discurso institucional.
La consellera fue clara sobre el papel que deben jugar estas entidades en el diseño de políticas públicas: nadie conoce mejor las necesidades de las mujeres con discapacidad que quienes las acompañan cada día. Por eso, la Generalitat reafirmó su voluntad de seguir trabajando de la mano del tejido asociativo y de continuar apoyando proyectos que fortalezcan una sociedad más justa, igualitaria e inclusiva.
El reto de no dejar a nadie atrás
La frase que resume el espíritu de la visita fue contundente: asociaciones como XARXA "acompañan, forman, orientan y generan oportunidades para que ninguna mujer se quede atrás". En un contexto en el que la brecha de género en el mercado laboral sigue siendo una realidad, y en el que las mujeres con discapacidad acumulan mayores tasas de desempleo y mayor vulnerabilidad ante la violencia, el mensaje político adquiere una dimensión práctica e inmediata.
Veinte años dan para mucho. Y también obligan a seguir. XARXA llega a su aniversario consolidada como un referente en la Comunitat Valenciana, con el respaldo institucional renovado y con la convicción de que la igualdad real no es un destino, sino un camino que se recorre —y se exige— cada día.
