Un llibret de falla es mucho más que un programa de actos. Es un objeto de culto en las calles valencianas, un escaparate de sátira, poesía y creatividad colectiva que cada año recoge la voz de barrios y pueblos enteros. Ahora, la Generalitat Valenciana ha dado un paso más para garantizar que esa voz suene en valenciano: ha aprobado unas nuevas bases reguladoras para las subvenciones destinadas a promover el uso del valenciano en el ámbito festivo de cara al año 2027, publicadas en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana (DOGV).
Un año de rodaje y un ajuste necesario
La novedad no es la convocatoria en sí, sino su reformulación. Tras el primer año de aplicación de las bases anteriores, la administración detectó que algunos de los criterios de valoración no encajaban del todo con la realidad de estas publicaciones. ¿La solución? Sentarse a hablar. La Vicepresidència Segona i Conselleria de Presidència optó por el diálogo con las entidades del sector festivo antes de redactar la nueva normativa, un proceso que ha dado forma a la resolución ahora aprobada.
"La modificación de las bases reguladoras de las ayudas destinadas a los libros del ámbito festivo es fruto del diálogo mantenido con las entidades del sector, con el objetivo de adaptarlas mejor a la realidad y a las necesidades de estas publicaciones, especialmente de los llibrets de falla" - Vicent Satorres, director general de Política Lingüística de la Generalitat Valenciana
Satorres también subrayó que la nueva regulación incorpora las principales propuestas trasladadas por los representantes del mundo fallero, lo que evidencia, según sus palabras, "el compromiso de la Generalitat con la escucha, el consenso y la mejora de estas ayudas". No es un detalle menor: pocas veces una modificación normativa de este tipo llega precedida de un proceso de consulta tan explícito con sus destinatarios.
Cómo se repartirán los puntos
Las subvenciones, que abarcan los libros de Fallas, Magdalena, Fogueres y Moros y Cristianos, se distribuirán siguiendo una tabla de criterios detallada. La comisión evaluadora tendrá en cuenta los siguientes aspectos:
- Adecuación a los criterios lingüísticos de la Administración y corrección normativa según la Acadèmia Valenciana de la Llengua: hasta 20 puntos.
- Aspectos culturales, literarios y eje temático: hasta 15 puntos.
- Diseño, maquetación e impresión: hasta 20 puntos.
- Presencia de artículos en valenciano: hasta 15 puntos.
- Extensión del texto escrito en valenciano: hasta 10 puntos.
- Cantidad de ejemplares y difusión por medios electrónicos: hasta 10 puntos.
- Presencia de publicidad en valenciano: hasta 10 puntos.
En el caso concreto de los libros de Fallas, una vez evaluados los cuatro primeros criterios, las puntuaciones se sumarán y ordenarán de mayor a menor. Ese ranking determinará los 75 premios de la Generalitat a los libros de comisiones falleras: 25 irán destinados a comisiones de la ciudad de Valencia y los 50 restantes, a comisiones del resto de la Comunitat Valenciana. Para hacerse una idea de la magnitud del programa, la edición de 2026 ya benefició a 110 comisiones falleras y supuso un desembolso total de 133.000 euros.
Patrimonio inmaterial que también se escribe
Detrás de esta convocatoria hay una convicción clara: los libros festivos no son un accesorio, sino una plataforma de uso público del valenciano y un reflejo de los valores sociales, creativos y patrimoniales de las fiestas valencianas. Y esas fiestas pesan mucho. Las Fallas de Valencia son Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad reconocido por la UNESCO desde 2016. Las Hogueras de San Juan de Alicante y la fiesta de Moros y Cristianos de Alcoy también han sido declaradas bien de interés cultural inmaterial.
Que el libro de una comisión de barrio compita con criterios de calidad lingüística, diseño y difusión digital puede parecer un tecnicismo administrativo. Pero en el fondo, lo que la Generalitat está haciendo es colocar el valenciano en el centro de una de las expresiones culturales más populares y arraigadas del territorio. En un contexto en que la vitalidad de las lenguas minorizadas se juega también en los espacios cotidianos y festivos, que un llibret de falla esté bien escrito en valenciano deja de ser anecdótico para convertirse en un pequeño acto de resistencia cultural.


