La Generalitat destina hasta 550.000 euros a grupos de agricultores que combaten las plagas sin depender de pesticidas convencionales

La Conselleria de Agricultura convoca las ayudas ATRIA 2026 con un presupuesto de hasta 550.000 euros para financiar técnicos y fitosanitarios innovadores.

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Agricultor haciendo trabajos en la huerta de Alboraya
Agricultor haciendo trabajos en la huerta de Alboraya
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Usar menos veneno para proteger mejor los cultivos. Esa es, en esencia, la filosofía que impulsa a las Agrupaciones para Tratamientos Integrados en Agricultura (ATRIA): colectivos de agricultores que, en lugar de actuar cada uno por su cuenta frente a las plagas, suman fuerzas bajo la dirección de un técnico especializado. La Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca acaba de convocar, para el ejercicio 2026, las ayudas destinadas a financiar esta forma de trabajar el campo, con un presupuesto inicial de 300.000 euros que puede alcanzar los 550.000 euros si la demanda de solicitudes lo justifica, sin necesidad de aprobar una nueva convocatoria.

Un modelo con más de cuatro décadas de historia

Las ATRIA no son una novedad. Llevan más de 40 años asesorando a los agricultores para optimizar la gestión de sus explotaciones, implementando técnicas de cultivo y de control de plagas y enfermedades más respetuosas con el medio e introduciendo novedades tecnológicas. Lo que sí cambia con la convocatoria de este año es el marco normativo que la sustenta: en enero de 2026, la Conselleria publicó una nueva orden de bases reguladoras —la primera actualización en dos décadas— que adapta las condiciones de acceso a las exigencias actuales e incorpora mejoras en la tramitación.

Cooperatives Agro-alimentàries ejerce labores de coordinación del colectivo, integrado por alrededor de 185 agrupaciones repartidas por toda la Comunitat, por delegación directa de la Conselleria de Agricultura. No es, por tanto, un fenómeno marginal. Es una red vertebrada y extensa que, cultivo a cultivo, toma decisiones técnicas sobre cuándo y cómo intervenir frente a hongos, insectos y otras amenazas fitosanitarias, con el objetivo de reducir al mínimo el uso de productos químicos convencionales.

Qué financia exactamente la convocatoria

El dinero no llega directamente a los agricultores, sino a las agrupaciones como entidades. La ayuda está destinada a sufragar los gastos de un técnico cualificado que dirige las actuaciones contra las plagas de cada cultivo. Es decir, lo que se subvenciona es el salario de ese profesional que actúa como cerebro técnico de la agrupación: el que decide cuándo tratar, con qué y de qué manera.

La subvención puede mantenerse durante un máximo de cinco años consecutivos, aunque con una lógica de intensidad decreciente: la ayuda puede concederse por un máximo de cinco años consecutivos, con un límite del 60% del coste de la actividad subvencionada en el primer año, porcentaje que decrecerá un 10% anual. La idea es que las agrupaciones ganen autonomía progresivamente, sin depender indefinidamente del apoyo público. Además de los costes laborales, también se concede una ayuda por adquisición de productos fitosanitarios que pueden aportar una innovación y mejora en la aplicación de las técnicas de la lucha integrada , con un tope del 10% del gasto en dichos productos.

El plazo, muy ajustado: cinco días hábiles

Quien quiera optar a estas ayudas tiene poco margen de maniobra. El plazo de presentación de solicitudes es de apenas cinco días hábiles, que comenzaron a correr el viernes 18 de julio, el día siguiente a la publicación del extracto de la convocatoria en el Diari Oficial de la Generalitat Valenciana (DOGV). Una ventana temporal notablemente estrecha que exige a las agrupaciones interesadas tener su documentación preparada con antelación.

Por qué importa más allá del campo

Las ATRIA se revelan esenciales para reducir el uso de plaguicidas, promover el equilibrio del agroecosistema, minimizar los riesgos para la salud humana y el medio ambiente, y garantizar la sanidad de los cultivos de una manera sostenible. Dicho de otra manera: lo que ocurre en los campos valencianos no se queda en los campos. Los residuos de pesticidas acaban en los alimentos, en el agua y en los suelos. Cada tratamiento innecesario es una carga que paga el ecosistema entero.

La orden responde a la necesidad de contar con una línea de ayudas "sólida y continua" que impulse y apoye la labor de las ATRIA, consideradas un "instrumento clave" para la difusión y aplicación de prácticas fitosanitarias sostenibles en el territorio. El modelo de gestión integrada de plagas no es solo una cuestión medioambiental, sino también económica: reducir insumos innecesarios mejora los márgenes de las explotaciones y refuerza la competitividad de un sector agrícola valenciano que exporta a toda Europa.

En un contexto en el que la presión regulatoria europea sobre el uso de fitosanitarios no hace más que aumentar, apostar por estructuras como las ATRIA es, al mismo tiempo, cumplir con las exigencias del mercado y anticiparse a las del futuro. Las agrupaciones asesoran a los agricultores para optimizar la gestión de sus explotaciones, implementando técnicas de cultivo y de control de plagas y enfermedades más respetuosas con el medio, introduciendo novedades tecnológicas y trasladando la innovación de los centros de investigación y universidades a las prácticas reales en el campo. No es poca cosa para un territorio donde la agricultura sigue siendo mucho más que un sector productivo: es parte de su identidad.