Casi nueve millones de euros y una infraestructura que vivió una de las noches más críticas del 29 de octubre de 2024. El Pleno del Consell ha aprobado una inversión de 8.746.247 euros para la segunda fase de las obras de emergencia en la presa de Buseo, la única presa de regulación bajo titularidad de la Generalitat Valenciana, que resultó gravemente dañada tras la dana que asoló la provincia de Valencia hace poco más de un año y medio.
El contexto importa para entender la magnitud de lo que está en juego. Aquella tarde-noche del 29 de octubre, el embalse de Buseo pasó de contener menos de 1 hectómetro cúbico a más de 8, superando su capacidad nominal de 7,5, por lo que vertió por coronación y no pudo laminar el caudal entrante, causando graves destrozos en la población de Sot de Chera. Esa noche fallecieron siete personas en poblaciones aguas abajo de la presa: dos en Sot de Chera y cinco en Pedralba. Una tragedia que convirtió a esta pequeña infraestructura del afluente del Turia en uno de los puntos más vigilados de la Comunitat desde entonces.
Una presa construida en 1905 que acumula décadas de fragilidad
No se trata de una infraestructura nueva ni reciente. La presa de Buseo fue construida en 1905, y su falta de capacidad hidráulica para asumir grandes avenidas era un problema conocido desde la riada de 1957 que ya golpeó la infraestructura. De hecho, cinco meses antes de la dana, una revisión de seguridad enviada a la Generalitat ya detectó esa "falta de capacidad hidráulica para adecuar una avenida grande". La tormenta del 29-O llegó antes que cualquier solución. En tan solo 24 horas se recogieron 424,4 litros por metro cuadrado en la ubicación de la presa.
Tras el desastre, la Generalitat ejecutó una primera fase de obras de emergencia —con una inversión de 6,9 millones de euros— que ya ha concluido. Esa primera intervención permitió restablecer los caminos de acceso, estabilizar el estribo derecho y el farallón, reponer los elementos de seguridad de la coronación, restituir la tubería de abastecimiento e implantar el Plan de Emergencia. Un punto, este último, nada menor: la presa de Buseo se ha convertido en la única presa de regulación pública de la Comunitat Valenciana con su Plan de Emergencia completamente implantado y operativo, con más de un año de antelación respecto al plazo reglamentario fijado en julio de 2027.
Qué cambiará con esta segunda fase
La segunda fase ahora aprobada va mucho más allá de reparar lo roto. Su objetivo es reforzar de forma estructural la infraestructura para que pueda resistir futuros episodios de lluvias torrenciales con mayor solidez. Las actuaciones previstas incluyen el refuerzo estructural del cuerpo de la presa y de ambos estribos, la construcción de un anillo de refuerzo en el pie de presa, la rehabilitación de las tres tomas y la mejora de los sistemas de auscultación y control de avenidas. También se actuará sobre los accesos y otros elementos de seguridad.
Entre las mejoras del Plan de Emergencia destacan seis sirenas de aviso a la población en los municipios de Sot de Chera y Chulilla, alimentadas con energía fotovoltaica y baterías. Una red de alerta que, de haber existido aquella noche de octubre de 2024, podría haber marcado una diferencia decisiva.
El horizonte: una tercera fase para aumentar la capacidad de desagüe
El plan de recuperación no termina aquí. Una vez ejecutada esta segunda fase, está previsto abordar una tercera actuación con un objetivo más ambicioso y más complejo: incrementar la capacidad de desagüe de la presa frente a avenidas extraordinarias. Esta intervención está pendiente de que se defina la solución técnica correspondiente, lo que implica un proceso de análisis que todavía está en curso.
La presa de Buseo lleva más de un siglo en pie, ha sobrevivido a la riada del 57 y al embate del 29-O. Ahora, con casi 18 millones de euros comprometidos entre la primera y la segunda fase, la Generalitat apuesta por convertir una infraestructura que acumuló décadas de déficit en una instalación capaz de proteger a las poblaciones aguas abajo frente a las tormentas que, con el cambio climático, amenazan con ser cada vez más frecuentes e intensas.

