Una pieza de raso blanco bordada con hilos de seda policromada e hilos metálicos dorados vuelve a estar en condiciones de presidir una procesión. El Institut Valencià de Conservació, Restauració i Investigació (IVCR+i) ha finalizado la restauración de la bandera de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús, perteneciente a la Parroquia de Nuestra Señora de Gracia de La Torre, en València, después de que la dana del 29 de octubre de 2024 la dejara cubierta de barro y manchas. Un bien textil que, según los propios responsables del organismo, es considerado uno de los de mayor antigüedad y relevancia patrimonial de la congregación.
Un desastre que no distingue entre piedra y tejido
Cuando la dana golpeó la Comunitat Valenciana con registros de lluvia superiores a los 400 litros por metro cuadrado, el daño al patrimonio cultural no se limitó a monumentos o edificios. Las inundaciones generalizadas tuvieron un impacto virulento sobre bienes culturales de toda condición —inmuebles, bienes muebles, equipamiento de museos—, comprometiendo la conservación y el uso público de numerosos elementos del acervo valenciano. En ese contexto de devastación, los bienes textiles de uso religioso quedaron entre los más vulnerables: sin vitrinas que los protejan ni muros que los aíslen, absorbieron el agua y el lodo de manera directa.
La bandera de La Torre es un ejemplo preciso de ese daño silencioso. Con unas dimensiones de 168 x 124,5 centímetros, el agua y el barro generaron manchas y depósitos de suciedad en toda su superficie, con especial incidencia en las zonas bordadas, hasta el punto de dificultar la correcta lectura de la obra. A los estragos de la inundación se sumaban ya pérdidas de urdimbre derivadas de su uso procesional a lo largo de los años y deformaciones causadas por tensiones acumuladas en el tejido. Una pieza dañada dos veces: por el tiempo y por el agua.
Bordados en oro y pintura a la aguja, técnicas de otra era
Para entender por qué merece la pena salvar esta bandera, conviene detenerse en cómo está hecha. Confeccionada en raso blanco, presenta el nombre de la congregación y elementos decorativos realizados mediante bordados de aplicación con hilos metálicos dorados. Las flores y la imagen del Sagrado Corazón de Jesús están ejecutadas con hilos de seda policromada. Y en el rostro de Cristo, los artesanos que la crearon recurrieron a una técnica especialmente delicada: la denominada «pintura a la aguja», un método en el que el hilo sustituye al pincel para construir gradaciones de color y volumen con una precisión casi pictórica. No es frecuente encontrar esta técnica en el patrimonio textil parroquial, lo que eleva el valor histórico y artístico de la pieza.
Un proceso de restauración milimétrico
La intervención del IVCR+i —organismo dependiente de la Conselleria de Educación, Cultura y Universidades— siguió un protocolo exigente, diseñado para no dañar lo que el tiempo y el barro habían respetado. Los trabajos comenzaron con el desmontaje del forro interior para acceder al núcleo de la obra y eliminar los depósitos de barro acumulados. A continuación se aplicó una limpieza mecánica tanto del interior como del exterior mediante aspiración a baja potencia, pinceles, bisturís y escalpelos. Instrumentos de cirugía aplicados a un tejido de doscientos años: la metáfora es casi inevitable.
La fase siguiente fue una limpieza química y húmeda controlada que permitió reducir las manchas y aureolas producidas por el barro. La humedad aplicada de forma precisa sirvió también para corregir las deformaciones del tejido y realinear las fibras. La consolidación se realizó de forma puntual en las áreas más deterioradas —especialmente la vaina— y la intervención concluyó con el cierre de la pieza mediante costura manual. Sin maquinaria. Con aguja e hilo, igual que cuando fue creada.
El IVCR+i, en el corazón de la recuperación patrimonial
La Generalitat ha destinado más de seis millones de euros a restaurar bienes culturales dañados por la dana, en el marco de un plan coordinado de inspecciones y actuaciones técnicas para preservar el patrimonio cultural valenciano. El IVCR+i forma parte del entramado institucional que trabaja en la recuperación de bienes culturales gravemente afectados por la catástrofe, que anegó municipios enteros y causó importantes daños en el patrimonio histórico. La bandera de La Torre es, en ese mapa de intervenciones, una pieza pequeña en dimensiones pero significativa en lo que representa: la memoria viva de una comunidad que lleva generaciones procesionando bajo esa tela de seda y oro.
Con la restauración completada, la parroquia recupera un bien que no es solo decorativo ni meramente religioso. Es, también, un documento histórico en forma de bordado: un testimonio de técnicas artesanales que hoy apenas se practican y de una devoción que sobrevivió, esta vez, incluso al barro. La bandera podrá volver a usarse en las celebraciones religiosas, cerrando así un ciclo que comenzó con una riada y termina con hilo y aguja.

