Reciclar una batería de coche eléctrico no es como reciclar una botella de vidrio. Hasta ahora, los procesos más habituales implicaban destruir químicamente sus componentes para recuperar los metales por separado, un camino largo, costoso y con un importante coste energético. Un consorcio valenciano está desarrollando una alternativa que cambia las reglas del juego: regenerar directamente el material activo del cátodo sin necesidad de descomponerlo, conservando su estructura y sus propiedades para fabricar nuevas baterías.
El proyecto se llama RESUBAT y está coordinado por la empresa GDES en colaboración con el Instituto de Tecnología Cerámica (ITC-AICE), el Instituto de Materiales Avanzados (INAM) de la Universitat Jaume I y la compañía Neptury Technologies. Lo impulsa Ivace+i Innovación, el brazo tecnológico de la Conselleria de Industria, Turismo, Innovación y Comercio de la Generalitat Valenciana, y cuenta con financiación europea a través del programa FEDER Comunitat Valenciana 2021-2027.
El desafío que nadie quiere ignorar
La pregunta que subyace a todo esto es incómoda pero inevitable: ¿qué pasa con los miles de baterías de vehículos eléctricos que empezarán a llegar al final de su vida útil en los próximos años? Las baterías de los vehículos eléctricos tienen una vida útil estimada de entre diez y quince años, y la evolución de las matriculaciones apunta a un crecimiento exponencial del parque eléctrico, lo que anticipa un aumento abrupto del volumen de baterías fuera de uso a partir de finales de esta década. Europa ya se ha puesto las pilas —nunca mejor dicho—: a partir de 2027, los fabricantes de baterías tendrán que recuperar el 90% del níquel y el cobalto utilizados, cifra que aumentará al 95% en 2031. También tendrán que recuperar el 50% del litio, porcentaje que subirá hasta el 80% en ese mismo año.
Es en ese contexto donde RESUBAT adquiere una relevancia especial. Las regulaciones europeas obligarán a que las nuevas baterías contengan niveles mínimos de minerales de origen reciclado a partir de 2030, y los precios de metales críticos como el litio, el cobalto y el níquel incentivan aún más el reciclaje. Dicho de otro modo: recuperar estos materiales no es solo una cuestión medioambiental. Es también una cuestión de soberanía industrial.
La clave está en el cátodo
El núcleo de la innovación de RESUBAT reside en lo que se denomina reciclaje directo, una tecnología emergente que conserva la estructura original del material del cátodo en lugar de descomponerlo químicamente para sintetizarlo desde cero. En los procesos convencionales —pirometalúrgicos e hidrometalúrgicos—, los componentes se funden o disuelven en ácidos para recuperar los metales por separado, lo que exige grandes cantidades de energía y genera residuos secundarios. El enfoque del proyecto valenciano evita ese rodeo.
El litio, junto con el manganeso y el cobalto, se utilizan en el cátodo de la batería, donde se crean los iones cargados que generan la energía necesaria para mover el vehículo. Regenerar ese material en lugar de destruirlo permite recuperarlo manteniendo su funcionalidad, lo que reduce el consumo energético, recorta las emisiones de gases de efecto invernadero y minimiza los residuos del proceso.
Un proceso que abarca toda la cadena
RESUBAT no se limita a una fase concreta del reciclaje. El proceso arranca con el desmontaje físico de las baterías usadas y un análisis de su estado para determinar qué componentes pueden reutilizarse directamente y cuáles deben pasar por el circuito de reciclaje. A continuación, se lleva a cabo una separación selectiva de los distintos materiales y, finalmente, la regeneración del material activo del cátodo mediante tecnologías avanzadas. El objetivo final es que ese material regenerado pueda emplearse en la fabricación de nuevas celdas de batería, cerrando el círculo.
Cada socio del consorcio tiene un rol bien definido. GDES lidera el análisis y desmontaje de las baterías, así como la evaluación técnica, económica y ambiental del proceso. El ITC-AICE se responsabiliza del desarrollo de las tecnologías de separación, caracterización y regeneración del cátodo, que constituye el núcleo científico del proyecto. La Universitat Jaume I, a través del INAM, realiza la caracterización electroquímica de los materiales regenerados y valida su comportamiento en nuevas celdas. Y Neptury Technologies trabaja en la optimización de los procesos de aplicación de esos materiales sobre los colectores de corriente, acercando la tecnología a la escala industrial.
De laboratorio a planta piloto
El proyecto se encuentra actualmente en una fase avanzada de ejecución. Tras completar los trabajos experimentales en laboratorio y obtener resultados prometedores en la regeneración del cátodo, el foco se ha desplazado hacia la validación de los materiales recuperados en procesos de fabricación de celdas a escala preindustrial. También se está evaluando la viabilidad técnica, económica y ambiental del proceso completo para preparar su futura implantación industrial.
El salto de laboratorio a planta piloto es, históricamente, el cuello de botella donde muchas tecnologías prometedoras se atascan. Por eso, la validación en condiciones representativas de fabricación que lleva a cabo Neptury Technologies resulta tan determinante: sin ese paso, la tecnología podría quedarse en un éxito académico sin recorrido industrial.
Autonomía estratégica para Europa
El sector de las baterías eléctricas vive un momento de transformación profunda en Europa, donde la necesidad de reducir la dependencia de mercados externos y avanzar hacia una movilidad sostenible ha puesto a las baterías en el centro de la agenda industrial del continente. RESUBAT se alinea precisamente con esa lógica: si Europa puede reciclar sus propias baterías con eficiencia y recuperar los materiales críticos que contienen, reduce su dependencia de importaciones de litio, cobalto y níquel, minerales que hoy se extraen en su mayor parte en territorios con escaso control ambiental y social.
La iniciativa se encuadra, además, en los ejes principales de la Estrategia de Especialización Inteligente de la Comunitat Valenciana (S3) y en los objetivos del Comité Estratégico de Innovación Especializado en Automoción y Movilidad Sostenible. No es un proyecto aislado, sino una pieza más de una apuesta regional por convertirse en referente de la movilidad eléctrica sostenible. Si la tecnología supera la validación preindustrial y logra escalar, la Comunitat Valenciana podría estar sentando las bases de una industria del reciclaje de baterías que, según las previsiones de mercado, se valoraba ya en 8.000 millones de dólares en 2024 y se prevé que alcance los 28.100 millones en 2029.


