En la alimentación, el envase ha dejado de ser el último paso antes de llegar al supermercado para convertirse en una parte cada vez más importante del propio producto. Y en ese cambio está inmerso Grupo TAV Food, una compañía con más de dos décadas de experiencia en packaging alimentario que ha ido evolucionando desde la venta de envases hacia el desarrollo de soluciones diseñadas junto al cliente.
Su CEO y Head of ESG, Vicente Alarcón, participó en ftalks Food Summit, el encuentro que reúne en València a empresas, startups y expertos para debatir sobre el futuro de la alimentación. En una conversación con Valencia Extra, Alarcón habla de cómo está cambiando la industria del packaging, de la apuesta de TAV Food por materiales alternativos como el bagazo de caña de azúcar, de la presión de la nueva regulación europea y de un reto que, a su juicio, obligará a cambiar la forma de calcular el coste de los envases.
El directivo también pone sobre la mesa una de las grandes contradicciones del debate actual: reducir el plástico sin aumentar el desperdicio alimentario. Y mira hacia el futuro con envases más ligeros, con más prestaciones y, en determinados circuitos, reutilizables. “El gran cambio es el coste ambiental que va a generar un gran coste económico”, sostiene.
TAV Food lleva más de 20 años trabajando en el packaging alimentario. ¿En qué momento os disteis cuenta de que el envase iba a dejar de ser algo funcional para convertirse en una pieza estratégica de la industria alimentaria?
Al principio solamente nos dedicábamos a vender envases: llevar, dar un precio y ver si entrabas o no entrabas. Y ahí nos dimos cuenta de que estábamos cometiendo un error. El packaging es una parte estratégica del producto y lo que teníamos que hacer era acompañar a los clientes durante todo el proceso.
Tenemos que conocer el mismo nicho que ellos quieren, dónde va a ir el producto, qué comodidad necesita cada cliente... Si necesita un envase que se abra fácilmente, si necesita un envase para una familia que tenga más producto... Y también conocer qué van a hacer con ese envase: si lo van a congelar, si lo van a enviar a otro país o si se va a consumir en el instante.
A raíz de eso nos hemos especializado en acompañarles para crear la solución. Desarrollamos junto a ellos. Si quieren un envase que se va a coger en el supermercado y se va a comer en el mismo supermercado, necesita unas características concretas. Desarrollamos las formas y todo lo que necesitan.
Nos hemos convertido un poco en creadores de soluciones. Yo siempre digo que trabajamos para ellos: somos una empresa de servicios que lo que hacemos es acompañarles en la búsqueda del embalaje perfecto para que su producto todavía se vea más vistoso y tenga las utilidades que necesitan.

Dentro del grupo habéis desarrollado diferentes marcas y soluciones, como Ecocel, vinculada a la sostenibilidad. ¿Qué problema concreto queríais resolver cuando nació Ecocel?
Yo tengo cuatro hijos y al final siempre he estado señalado porque vendíamos plástico. El plástico tiene una mala fama y siempre hemos intentado buscar productos alternativos.
En 2011 sacamos las primeras patentes de sándwich que hubo en España de cartón y funcionó bastante bien. Luego fuimos sacando otros envases novedosos, como un envase termosellable con la servilleta incorporada dentro. Hemos ido sacando siempre productos, buscando nuevas tecnologías y aportando algo nuevo al mercado.
Hace unos años vimos que el bagazo podía ser un producto perfecto para la industria, puesto que al final es un residuo agrícola de la caña de azúcar que antiguamente se quemaba. Lo que han hecho las industrias es crear fábricas que utilizan este subproducto, que al final es un residuo, para hacer envases.
Nosotros tenemos un equipo de I+D y un know-how propio y lo que hemos hecho es desarrollar films acordes para que tengan la misma vida útil que los envases actuales.
Nos dimos cuenta también de que la nueva normativa europea iba por ese sentido y de que la gente pedía una percepción de que el envase puede aportar mucho a la cadena de valor. En un mismo envase puedes congelar, hornear y ahora los estamos certificando también para la air fryer. Es magnífico.
Hoy en día las cocinas son más pequeñas, todos tenemos más prisa y al final intentamos tener soluciones nuevas adaptadas a cada hábito de consumo.
Y en relación con ese bagazo de caña de azúcar, ¿cuánto más caro sigue siendo apostar por un packaging sostenible frente a uno convencional?
Creo que el error es pensar en más caro o más barato. Quien tenga esa mentalidad se va a quedar ahí, en el precio. Lo que tienes que buscar es, lo primero, que tengas un embalaje que tenga una economía circular.
Fíjate: nace de un subproducto que es un residuo. ¿Qué más subproducto puede haber? Y además tenemos un eslogan en Ecocel que es “del residuo al recurso”. De algo que es un residuo hacemos un recurso.
¿Cuánto más caro? Pues al final, quien lo vea como un sobrecoste está perdido. Sí que es cierto que es un producto más caro en cuanto al coste inicial, pero luego tiene mejores condiciones en cuanto al pago del punto verde.
Está considerado como fibra, papel o cartón. Al final es celulosa y, para los recicladores, coger ese tipo de material es magnífico a la hora de introducirlo en el proceso.
Nosotros tenemos claro que el coste ambiental de cara al futuro va a generar un gran coste económico. No solamente vas a tener que mirar el precio del envase: tienes que mirar cuánto vale el transporte, la huella de carbono, el fin de vida, los impuestos... Con las nuevas normativas hay que estar muy pendiente de cuánto vale el envase globalmente. No solamente decir: “Esta bandeja vale un céntimo y la otra vale otro”.

Hablando precisamente de regulación europea, que ya está empujando hacia esos nuevos modelos de packaging, ¿está realmente preparada la industria alimentaria española para este cambio?
Yo creo que no estamos preparados ninguno, porque hay un poco de falta de información. Realmente, ahora, a partir del 26 de agosto, esto ya ha empezado y nos cuesta a todos estar informados, igual que cuando salió el impuesto al plástico.
Al final nosotros, como industria, lo que queremos es estar dentro de la norma, seguir avanzando y dedicarnos a vender nuestro producto. El problema, desde nuestra posición, es que nos falta más información para que llegue a todo el mundo.
Si al final esto es claro, quien pone el producto en el mercado es quien se tiene que hacer cargo del residuo. En función de eso, sabiéndolo todos y con las normas del juego claras, podemos seguir avanzando.
¿Y qué producto alimentario es, a día de hoy, el más difícil de sustituir de un envase convencional por una alternativa más sostenible?
El problema es cómo funciona el plástico en cuanto a maquinaria. Teniendo claro eso, el plástico va a seguir teniendo determinados usos. Las nuevas normativas te exigen reducir materiales y que cada vez haya más producto reciclado.
Lo que van a hacer los nuevos productos es coger ciertos nichos de negocio que, al final, aporten otro valor añadido que no aporta el plástico.
¿Dónde está el tema? En los materiales barrera que den mucha vida útil. Eso es imprescindible.
Yo siempre pongo un ejemplo: si compras un jamón, lo abres en casa y lo dejas, se pone malo rápido. Pero cuando lo pasas al vacío, te puede durar mucho más. Esos materiales barrera solamente los dan determinados productos con plástico porque al final son multicapas y tienen que alargar la vida del producto.
Y ahí se abre otra cuestión: ¿qué es más ecológico, utilizar menos plástico o tener menos desperdicio alimentario?
No podemos tener una ley contra el plástico y otra contra el desperdicio alimentario sin buscar el equilibrio. Tenemos que encontrar el mix para reducir plástico y que haya menos desperdicio alimentario. Esa sería la jugada perfecta para todas las empresas.
Dentro de todo ese sistema alimentario, ¿qué parte crees que está más olvidada cuando se habla de innovación: el producto, la distribución o el packaging?
Al packaging últimamente le están dando muchísimo valor añadido. Se nota cuando vas al supermercado. Hay grandes industrias que están aportando un packaging con novedades: puede ser el arroz en lata, la lasaña en madera... Es magnífico porque se está apostando muchísimo.
Creo que la innovación es magnífica en todos los campos. Ahora creo que nos va a venir una época muy grande con lo que te he dicho de la cocina de air fryer.
Creo que en este tiempo todas las industrias van a empezar a hacer recetas para air fryer. Y bueno, hasta que en tres días nos digan que el aire de la air fryer no es lo más correcto y tengamos que cambiar otra vez.
Empezamos con el microondas, del microondas hemos ido al horno y del horno a la air fryer. Todas las industrias están cambiando un poco para el público objetivo, que es al final de lo que se trata: coger un público que sabes que necesita ese producto y trabajar por y para él.
Vosotros sois una empresa familiar, pero al mismo tiempo tenéis una fuerte vocación internacional. ¿Dónde está ahora mismo vuestra oportunidad de crecimiento: España, Europa o mercados internacionales?
Ahora mismo te voy a ser sincero: nosotros siempre hemos tenido con el producto de Ecocel una vocación súper internacional, porque en otros países no ven el packaging como un coste. Todo lo contrario. Dan por hecho que el packaging tiene que entrar en la economía circular y tienen muy en cuenta estos materiales alternativos.
Pero sí que es cierto que hemos empezado una colaboración con un gran retailer español que ha apostado por el bagazo y estamos teniendo un crecimiento muy grande en España.
Actualmente nuestra exportación era aproximadamente un 15% y nuestro plan de ventas iba a llevarla hacia un 40%, pero es verdad que este cambio de mentalidad de este gran retailer nos está haciendo crecer mucho en España.
Se empiezan a ver muchos cambios. Algo que era impensable, cuando solamente se miraba el coste, ya ha dejado de ser un coste para ser estratégico. Y eso es lo que íbamos buscando durante muchos años: que no nos vean como la parte de decir “el envase es en lo que menos me gasto”.
Tú no puedes tener la mejor carne del mundo y envolverla en un papel de periódico. Al final pierde todo el encanto. Tiene que tener el mismo empaque que tiene esa carne, con la misma calidad, y ahí es donde nosotros tenemos que ayudar en estos proyectos.
En cuanto a esa fibra moldeada a partir de bagazo, ¿sois pioneros en España o también a nivel internacional?
No. En España ya hay varias empresas que están trabajando en ello. Lo que pasa es que nosotros, si nos dices qué somos, somos bandejeros. Llevamos vendiendo bandejas siempre, así que somos un equipo que conocemos las necesidades.
Tenemos 90 moldes propios y una tecnología que nos permite desarrollar moldes y prototipos muy rápido. Tenemos dos patentes en proceso y, al final, es un poco el know-how que tenemos.
Nos sentamos con los clientes y en una semana y media tenemos un prototipo con muestras para presentar los productos y hacer pruebas.
Sobre todo, tenemos un nivel de certificaciones muy fuerte con empresas acreditadas: migraciones, hornos, microondas... Ahí es donde somos muy fuertes y al final eso es lo que hace que las empresas quieran desarrollar proyectos con nosotros.
Y si dentro de cinco años abriéramos un envase alimentario en un supermercado y pensáramos “esto es el packaging del futuro”, ¿cómo sería ese envase?
Yo creo que en el futuro vamos a ver envases con menos peso, pero con muchas más prestaciones.
Al final, el objetivo que te he dicho antes es reducir el peso porque, reduciendo peso, reduces un montón de tasas. Pero tendremos que tener más prestaciones y ahí habrá un proyecto muy importante de I+D.
Creo que el tema de lo reutilizable también va a tener un nicho en circuito cerrado. El otro día, por ejemplo, ponía el ejemplo del cine. A mí me encanta ir al cine y supongo que me podrán dar un palomitero que yo me lo coma igual que el vaso y que eso se pueda lavar y volver al circuito.
Creo que va a haber mucho juego también en los circuitos cerrados y al final convivirán distintos materiales. Creo que va a haber mucha fibra, muchísimo material barrera y la parte reutilizable.
Ahí es donde creo que se va a centrar, pero sobre todo el gran cambio es lo que te he dicho antes: el coste ambiental que va a generar un gran coste económico.
¿Y vosotros ya vendéis packaging de circuito cerrado?
Iniciamos un proyecto con un colaborador nuestro que se llamaba Retornado, que consistía en hacer botellas, lavarlas y volverlas a poner en circulación. El problema es que el túnel de lavado y el transporte tienen un coste enorme. Date cuenta de que estamos hablando de productos que vendemos a céntimos.
Lo que hemos hecho con supermercados, porque nosotros vendemos mucha botella de plástico a supermercados, es hacer unas botellas que la gente pueda llevarlas al supermercado y rellenarlas. Es una botella que se puede meter al lavavajillas y que tiene un montón de usos. Ahí sí está funcionando.
Pero estamos hablando de seguridad alimentaria. Que yo pueda ir con mi táper a un supermercado, no te digo que no vaya a llegar, pero puede haber una contaminación cruzada. Y creo que va a estar bastante complicado saber quién se hace cargo de ese tipo de servicio en el supermercado.


