La Coma recupera la pediatría seis meses después del cierre forzado por agresiones al personal sanitario

El 1 de junio, el centro de salud de La Coma en Paterna sumará dos pediatras a jornada completa y una enfermera de Pediatría, completando así la plena recuperación asistencial del centro.

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El próximo 1 de junio, los niños y niñas del barrio de La Coma en Paterna volverán a tener pediatra en su propio centro de salud. La Conselleria de Sanitat ha anunciado la incorporación de dos pediatras a tiempo completo y una enfermera de Pediatría, cerrando así el último capítulo de una crisis asistencial que obligó a cerrar el centro a finales de noviembre por una escalada de agresiones al personal sanitario.

No es un regreso cualquiera. El servicio de Pediatría es el último eslabón que faltaba para que el centro de salud de La Coma recuperase su plena actividad asistencial, después de que el pasado 7 de abril ya se reanudasen las consultas de Medicina de Familia. Desde ese momento, los vecinos del barrio habían tenido que desplazarse hasta el centro de salud El Clot, también en Paterna, para recibir atención tanto de medicina general como pediátrica. Un trayecto que, para familias con hijos pequeños enfermos, puede convertirse en un obstáculo real.

"El objetivo era que se pudiera retomar el servicio de Pediatría antes del verano, siempre que hubiera profesionales disponibles" - Marciano Gómez, conseller de Sanitat de la Comunitat Valenciana

La promesa se cumple justo a tiempo. La disponibilidad de profesionales, condición que el propio conseller había señalado como determinante, se ha dado finalmente, lo que ha permitido concretar la fecha de reincorporación.

Un cierre forzado por una historia de violencia repetida

Para entender el alcance de este regreso hay que mirar atrás. Los episodios de amenazas y agresiones a los profesionales sanitarios que trabajan en el centro de salud de La Coma se habían convertido en una tónica habitual. Una enfermera llegó a ser víctima de una agresión violenta con arma blanca cuando se dirigía al domicilio de un paciente para atenderle. El centro no era, en aquel momento, un lugar seguro para quienes tenían que trabajar en él.

El centro de salud también había cerrado ya en mayo de 2023 después de que dos sanitarios recibieran amenazas. El elevado número de bajas laborales en ese momento obligó a suspender el servicio, que reabrió a finales del mismo mes con la instalación de un arco detector de metales para garantizar que cuchillos, navajas o armas no entraran a las consultas. Aquella primera reapertura no bastó: los incidentes continuaron y, a finales de noviembre de 2025, el centro volvió a echar el cierre.

Con cada cierre, las asociaciones vecinales han reclamado la reapertura y han denunciado que todos pagan por unos pocos. Durante estos años, el personal sanitario siempre ha recalcado que, aunque los incidentes son frecuentes, la mayoría de los pacientes se comportan con educación y respeto. Una distinción importante en un barrio que no merece ser señalado en bloque.

Meses de negociaciones y un plan de seguridad integral

El camino hasta recuperar la normalidad ha sido largo y negociado. La Conselleria ha trabajado conjuntamente con diferentes administraciones y cuerpos de seguridad para definir un plan integral de seguridad que permitiera retomar la actividad. En la mesa se sentaron representantes de la Subdelegación del Gobierno en Valencia, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, el Ayuntamiento de Paterna y las policías autonómica, local y nacional.

El resultado se traduce en medidas concretas y visibles. El número de vigilantes de seguridad pasó de dos a tres, y se instalaron escáneres y arcos detectores en los accesos. Habrá dos vigilantes en la puerta de acceso y otro dentro. Por su parte, la Policía Local de Paterna reforzará la presencia de efectivos en los alrededores del centro, especialmente en las horas de entrada y salida del personal sanitario.

La reorganización interna también fue profunda. Las medidas implantadas incluyen un sistema de control de aforo, gestión de colas reguladas, circuitos diferenciados para pacientes agudos y crónicos y una entrada única controlada. Aunque el centro tiene capacidad para albergar a unas 200 personas al mismo tiempo, las agendas de atención se programarán para que no haya más de sesenta o setenta personas simultáneamente. El objetivo es evitar las aglomeraciones en salas de espera que, en el pasado, habían favorecido situaciones de tensión.

Un barrio que vuelve a tener sanidad pública completa

El barrio de La Coma, creado en los años ochenta para acoger en viviendas de protección oficial a familias vulnerables, ha protagonizado durante años un debate que va más allá de la sanidad: el de cómo garantizar servicios públicos de calidad en entornos con alta conflictividad social, sin estigmatizar a quienes más los necesitan. El personal sanitario nunca ha querido estigmatizar al vecindario de un barrio creado en los años ochenta para acoger en viviendas de protección oficial a familias vulnerables.

Que el 1 de junio haya pediatras en La Coma no es solo una cuestión logística: es una señal de que la sanidad pública puede y debe llegar a todos los rincones, incluso a los más complejos. Los meses de desplazamientos obligatorios al centro El Clot quedarán atrás para los más pequeños del barrio, que a partir de la semana que viene tendrán médico a su lado. La pregunta que queda en el aire es si las medidas adoptadas serán suficientes para mantener esa normalidad en el tiempo, o si el centro volverá a convertirse en el escenario de una crisis que ya se ha repetido demasiadas veces.