Veinte años después de haber presentado por última vez una exposición permanente de su colección, el Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) vuelve a hacer historia. La muestra 'La Colección del IVAM hasta hoy' reúne más de 500 obras en diez salas y 1.500 metros cuadrados para ofrecer al visitante un recorrido de más de cien años de creación artística, desde las vanguardias del siglo XX hasta las expresiones más contemporáneas.
No se trata simplemente de colgar cuadros en una pared. La propuesta plantea una lectura abierta de la historia del arte mediante la combinación de un trayecto cronológico con varios itinerarios temáticos. El resultado es un relato visual que conecta movimientos, ideas y contextos históricos con preguntas que siguen siendo pertinentes hoy. El IVAM lleva más de un año volcado en el proyecto, fruto de un intenso trabajo de todo el equipo curatorial.
Un viaje que arranca con las mujeres del constructivismo soviético
La primera sala ya marca el tono de toda la exposición. Allí preside un fotomontaje de Valentina Kulagina, artista que combinó fotografías, tipografía, diagonales y distintas escalas para retratar a mujeres trabajadoras en múltiples ámbitos profesionales. Una obra que, a principios del siglo XX, era tan política como estética.
La pieza es una de las joyas del fondo dedicado al constructivismo soviético del IVAM, considerada una de las vanguardias más influyentes del siglo pasado. Lo que quizás sorprende —y vale la pena subrayarlo— es el protagonismo que tuvo la mujer en este movimiento: junto a Kulagina figuran nombres como Varvara Stepanova, Olga Rozanova o Natalia Pinus, artistas que durante décadas permanecieron en los márgenes del canon oficial y que el museo valenciano ha decidido colocar en el centro del relato.
Duchamp, Calder y el arte que se mueve
Si hay algo que une a Marcel Duchamp y Alexander Calder es su obsesión por desafiar los límites de lo que se entiende por arte. Duchamp está representado por 'Disques optiques. Rotorelief' (1935), una obra formada por seis discos pintados que, al girar sobre un tocadiscos, generan efectos ópticos basados en la percepción del movimiento. Una pieza que en su momento desconcertó a críticos y públicos por igual, y que hoy sigue siendo tan inquietante como fascinante.
Junto a ella, uno de los célebres móviles de Alexander Calder —estructuras suspendidas que se activan con las corrientes de aire— completa esta sala dedicada a la escultura en movimiento. Calder revolucionó la concepción tradicional de la escultura al introducir el movimiento real, el azar y el tiempo como elementos esenciales de la obra. Cada vez que alguien camina cerca, la composición cambia. El espacio y el propio visitante forman parte de la pieza.
El Pop Art y la publicidad como materia prima
En los años sesenta, mientras la publicidad invadía cada rincón de la vida cotidiana en Estados Unidos, un grupo de artistas decidió usar ese mismo lenguaje como herramienta crítica. James Rosenquist fue uno de ellos. Su obra 'Blue Spark' es una de las piezas más representativas del Pop Art estadounidense presente en esta exposición.
Rosenquist no llegó al arte desde una academia: trabajó durante años como pintor de grandes soportes publicitarios, experiencia que marcó para siempre su manera de crear. A través de imágenes ampliadas, fragmentadas y descontextualizadas, trasladó a la creación artística los recursos procedentes de la publicidad y la cultura visual contemporánea. Ver su obra es como mirar un anuncio gigante al que alguien le ha extraído el alma comercial para dejar solo la imagen, desnuda y poderosa.
Cindy Sherman y la pregunta sobre quién miramos cuando miramos a una mujer
Pocas artistas han explorado la identidad femenina con tanta precisión quirúrgica como Cindy Sherman. En la exposición está presente su serie 'Untitled, Film Still', una de las más conocidas de su carrera, con obras como 'nº 6, Girl in black bra; white panties'. En estas fotografías, Sherman utiliza su propio cuerpo para interpretar personajes inspirados en el lenguaje cinematográfico, desnudando los estereotipos con los que el cine y la cultura visual han construido —y distorsionado— la imagen de las mujeres.
La presencia de Sherman en los fondos del IVAM no es casual. El museo valenciano fue uno de los primeros centros españoles en construir un fondo fotográfico de relevancia internacional, una apuesta pionera que hoy permite exhibir obras de este calibre junto a pinturas y esculturas, sin jerarquías ni compartimentos estancos.
Un museo que vuelve a contar su historia
"Un acontecimiento muy importante", declaró la secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso, durante la presentación. Y la calificación no parece exagerada. 'La Colección del IVAM hasta hoy' supone una oportunidad para que el visitante recorra más de cien años de historia del arte y, al mismo tiempo, reflexione sobre algunas de las cuestiones sociales que siguen marcando el presente. En un momento en que los museos debaten constantemente sobre su función y su relevancia, el IVAM responde con algo sólido: sus propias obras, ordenadas de manera que no solo expliquen el pasado, sino que interpelen el presente de quien las mira.
