¿Puede un niño de dos años entender el arte contemporáneo? La pregunta parece difícil, pero el Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) lleva tiempo demostrando que la clave no está en explicar, sino en hacer mover el cuerpo. Su nuevo taller, '¡No hay color! Cuerpos de luz y color en el museo', propone exactamente eso: que las familias con niñas y niños de entre 2 y 6 años recorran las salas del museo no como espectadores, sino como parte viva de las obras.
Un museo que se mueve
La propuesta parte de una idea tan sencilla como poderosa: el cuerpo como instrumento de percepción artística. A través de la danza y el juego, los participantes exploran cómo la luz cambia según el ángulo, cómo el color se transforma dependiendo de la posición y cómo el movimiento de una persona puede alterar por completo la lectura de un espacio. No hay cartelas que leer ni audioguías que seguir. Hay cuerpos que se desplazan, que saltan, que miran desde el suelo o desde las puntas de los pies.
A través de la danza y el juego, las familias participantes experimentan cómo sus propios cuerpos pueden entrar en diálogo con las obras de arte y transformar la percepción del espacio, convirtiendo las salas del museo en un lugar de exploración compartida en el que el movimiento es una herramienta para observar, imaginar y establecer nuevas relaciones con el entorno artístico. Dicho así, suena casi filosófico. En la práctica, es una tarde de sábado en la que adultos y niños se mueven juntos entre cuadros e instalaciones sin que nadie les pida que bajen la voz.
Cuatro sábados, cuatro obras colectivas
Las sesiones tendrán lugar los sábados 17 de octubre, 21 de noviembre y 5 y 22 de diciembre, a las 17.30 horas. No se trata de asistir una vez y olvidarlo: cada encuentro tiene su propio recorrido, sus propios estímulos, su propio punto de partida en las exposiciones del IVAM. Cada encuentro concluirá con la creación de una obra colectiva en torno a la luz y el color a partir de la improvisación y los estímulos que ofrecen las exposiciones del museo. Una obra que hacen juntos, grandes y pequeños, y que no existiría sin la participación de todos.
Detrás del diseño del taller hay dos profesionales con recorrido. Marta García Navarro y Paula Romero Raga, bailarinas con experiencia en talleres sensoriales para familias con niños de 2 a 6 años, son las encargadas de mediar entre las obras del museo y los participantes. Su perfil conecta la creación en danza contemporánea con la educación artística y la mediación cultural, un cruce de disciplinas que resulta cada vez más frecuente en los museos europeos que apuestan por la primera infancia como público prioritario.
El IVAM y su apuesta por la primera infancia
Este taller no es una ocurrencia aislada. El IVAM ha reforzado en su programación 2026-27 las actividades con especial atención al público infantil, juvenil, familiar y a otras comunidades, dentro de una estrategia más amplia que busca consolidar el museo como espacio abierto a todos los ciclos vitales. El espacio de juego artístico del IVAM tuvo notable éxito en el anterior curso, por el que pasaron alrededor de 18.000 personas. No es un dato menor: demuestra que hay una demanda real de cultura accesible, participativa y pensada para las familias.
La actividad es gratuita y requiere inscripción previa a través de la página web del museo. En un momento en que el ocio cultural de calidad no siempre llega a todos los bolsillos, esa gratuidad no es un detalle: es una declaración de intenciones. Un museo que quiere ser de todos empieza por no cobrar la entrada a los que todavía no saben leer.
Que un niño de tres años salga del IVAM habiendo bailado entre una instalación y un cuadro abstracto no garantiza que crezca siendo un apasionado del arte contemporáneo. Pero sí le enseña algo mucho más valioso: que los museos no son lugares silenciosos donde los adultos fingen entender cosas que a veces tampoco comprenden del todo. Son, o pueden ser, espacios donde el cuerpo piensa, el color habla y el movimiento cuenta historias que las palabras aún no alcanzan.


