Hubo una época en que un pequeño municipio de la costa alicantina era capaz de reunir en su escenario a lo más grande del espectáculo mundial. El Gallo Rojo no era solo una sala de fiestas: era una promesa de que aquella noche algo extraordinario iba a ocurrir. Ahora, 125 años después de que El Campello se constituyera como municipio independiente, esa historia vuelve a la luz a través de una exposición que lleva precisamente ese nombre.
Una inauguración con peso institucional
El conseller de Economía, Hacienda y Administración Pública de la Generalitat Valenciana, José Antonio Rovira, participó en la inauguración de la exposición 'El Gallo Rojo', un proyecto organizado conjuntamente por la Generalitat, el Ayuntamiento de El Campello, el Grupo Prensa Ibérica y el diario Información. La muestra forma parte de los actos conmemorativos del 125 aniversario de El Campello como municipio independiente y repasa, a través de imágenes históricas del rotativo alicantino, la trayectoria de una sala que marcó a generaciones enteras.
Rovira clausuró el acto con un mensaje que apelaba tanto al orgullo colectivo como a la memoria histórica como herramienta de futuro.
"Conocer nuestro pasado es la mejor manera de valorar nuestro presente y de afrontar con confianza los retos del futuro" - José Antonio Rovira, conseller de Economía, Hacienda y Administración Pública de la Generalitat Valenciana
La noche que Lola Flores abrió el telón
En el verano de 1962 se inauguraba en El Campello la que decía ser la mejor sala de fiestas de Europa. No era publicidad vacía. Por su escenario pasaron Ray Charles, Louis Armstrong, Joan Manuel Serrat, Carmen Sevilla, Nino Bravo, Rocío Jurado, Marisol y Julio Iglesias, entre muchos otros. Una lista que hoy parecería el cartel de un festival de leyenda, pero que entonces era la programación habitual de una sala situada a orillas del Mediterráneo.
La noche inaugural, aquel 7 de julio de 1962, una sala al aire libre completamente abarrotada recibió a Lola Flores ante una multitud enfervorizada. Se calcula que aquella noche se congregaron más de 5.000 personas, duplicando su capacidad de 2.500 espectadores. El precio de la entrada: 75 pesetas con consumición en mesa, 50 solo en barra. Otra época, el mismo asombro.
Veintidós años de historia y un cierre a la altura
Si Lola Flores abrió el telón, la despedida no fue menos memorable. Clausurada por Camilo Sesto el 25 de agosto de 1984, el Gallo Rojo cedió el relevo a la discoteca Morasol Costa, que años después también se clausuraría. Se pensó en Camilo Sesto por ser un hijo de la provincia y estar en ese momento en el máximo esplendor de su carrera. Veintidós años de actuaciones, de veranos irrepetibles y de una proyección internacional que pocos municipios de su tamaño han podido igualar.
El nombre de la sala, según recogen los archivos municipales, surgió de la afición del promotor por coleccionar objetos relacionados con ese ave y de su predilección por un grabado de Salvador Dalí. Un detalle que dice mucho del espíritu que animó aquel proyecto: ambición cultural disfrazada de noche de verano.
125 años mirando al futuro desde la memoria
La exposición no es solo un homenaje nostálgico. Es también un argumento: el de que El Campello tiene una historia propia, rica y reconocible, que merece ser contada más allá de sus fronteras. Un municipio que fue capaz de convertirse en meca del espectáculo musical en pleno desarrollo turístico de la costa levantina no necesita inventarse una identidad; le basta con recuperarla.
El conseller Rovira animó a los ciudadanos a "sentirse orgullosos de sus raíces", una invitación que, en este caso, viene respaldada por décadas de fotografías, carteles y actuaciones que demuestran que la grandeza, a veces, tiene forma de gallo y color rojo.


