Hay árboles que sobreviven donde casi nada más puede hacerlo. El algarrobo crece en suelos pedregosos, salinos o pobres, aguanta meses sin lluvia y no pestañea ante temperaturas extremas. Durante décadas fue un cultivo menospreciado, relegado a las laderas más duras del interior valenciano. Hoy, con la crisis climática reescribiendo las reglas del campo, ese árbol humilde se ha convertido en uno de los protagonistas inesperados de la agricultura mediterránea del siglo XXI.
La Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana ha trasladado su respaldo explícito al cultivo del algarrobo en secano, un apoyo que no es solo declarativo: se traduce en euros concretos dentro del marco de la Política Agrícola Común (PAC). En la última campaña, los productores de algarrobo recibieron 135.899 euros por una superficie de 2.211 hectáreas a través de la ayuda asociada a productores de frutos secos en áreas con riesgo de desertificación. A ese importe se suman otros 70.650 euros concedidos a 314 hectáreas acogidas a la agricultura ecológica, lo que eleva el apoyo total a más de 200.000 euros.
"Pocas especies leñosas mediterráneas resisten como el algarrobo, un cultivo capaz de prosperar en suelos pobres, pedregosos o salinos, con escasísimas necesidades de riego una vez establecido" - Maria Àngels Ramón-Llin, directora general de Producción Agrícola y Ganadera de la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca
Un árbol con historia, un cultivo con futuro
El algarrobo no es un recién llegado. Es pasado de un país que se alimentó de su fruto durante la guerra civil para combatir el hambre y la desnutrición , y también presente gracias al redescubrimiento de sus virtudes medioambientales y nutricionales. Lo que cambia ahora es el contexto: España es el primer productor y exportador mundial de algarroba, con una cosecha anual de entre 60.000 y 80.000 toneladas y una superficie de cultivo de unas 45.000 hectáreas . Y dentro de ese mapa, la Comunitat Valenciana concentra el 44% del cultivo, seguida de Baleares con el 28% y Cataluña con el 22% .
La directora general de Producción Agrícola y Ganadera, Maria Àngels Ramón-Llin, tomó la palabra en la inauguración de una jornada sobre innovación y resiliencia asociadas a la algarroba para recordar que este árbol forma parte del paisaje identitario valenciano, junto al olivo, el almendro y la vid. Pero fue más allá de la tradición: lo presentó como "la respuesta a dos retos que no admiten espera: la alimentación saludable y la adaptación al cambio climático".
No es una afirmación gratuita. El algarrobo destaca por su alta capacidad para captar CO₂ y regenerar suelos degradados . Es una especie ignífuga, regeneradora tras incendios y útil en la reforestación de tierras marginales . En un territorio como el valenciano, donde los incendios forestales y la desertificación son amenazas crecientes, esas cualidades tienen un valor difícil de sobreestimar.
Más que un sustituto del cacao: el perfil nutricional de la algarroba
Muchos consumidores conocen la algarroba como el "sucedáneo del chocolate" que apareció en las estanterías de herboristerías hace décadas. Pero su perfil nutricional va bastante más allá de esa etiqueta reductora. La algarroba es rica en fibra, polifenoles y en D-pinitol, un compuesto que diversos estudios asocian a la mejora de la sensibilidad a la insulina y al control de la glucosa. Aporta además calcio, magnesio y potasio, carece de gluten y no contiene ni cafeína ni ácido oxálico, lo que la convierte en una alternativa naturalmente apta para perfiles dietéticos muy diversos.
"La comunidad científica sigue confirmando lo que el mundo rural mediterráneo intuyó siempre: que la algarroba, tan humilde en apariencia, tiene mucho que ofrecer a una alimentación más saludable y sostenible", señaló Ramón-Llin. Una intuición que ahora se mide también en laboratorio y en política agraria.
Sequía, ayudas y el paraguas de la PAC
El campo valenciano no atraviesa tiempos fáciles. Los episodios de sequía se han intensificado, y cultivos de secano como el algarrobo, el almendro o el avellano han sufrido sus consecuencias directas. Para paliar ese impacto, la Conselleria gestionó en 2024 un paquete de ayudas de 17 millones de euros destinados a la agricultura y la ganadería afectada por la sequía, del que se beneficiaron los productores valencianos de frutos de cáscara en secano.
Ramón-Llin fue clara al respecto: la Conselleria seguirá reivindicando y, donde sea necesario, reforzando los instrumentos disponibles dentro de la PAC. La escasa incidencia de plagas y enfermedades, el incremento de la rentabilidad en las nuevas plantaciones y las potenciales perspectivas comerciales de la algarroba hacen que esta especie pueda ser considerada como una alternativa renovada de cultivo para zonas con escasos recursos hídricos .
CERATOPIA: cuando un proyecto de investigación es también un modelo de territorio
La jornada, celebrada en la sede del IATA-CSIC, sirvió también de escenario para la presentación del Grupo Operativo CERATOPIA, un proyecto financiado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural, dentro del Plan Estratégico de la PAC 2023-2027. A la presentación asistieron la directora del IATA-CSIC, Amparo López; la alcaldesa de Enguera y presidenta de AMUFOR, Matilde Marín Palop; el director general de Innovación, Juan José Cortez, y la representante del Fondo Español de Garantía Agraria, Silvia Capdevila.
CERATOPIA no pretende quedarse en un informe académico. Su ambición es conectar restauración del territorio, prevención de incendios, innovación alimentaria y desarrollo rural en un modelo replicable para los territorios rurales mediterráneos. Desde el punto de vista climático, los algarrobos son una especie clave para la restauración de la naturaleza y para la prevención de la desertización, las inundaciones y los incendios forestales , lo que convierte a este proyecto en algo más que ciencia aplicada: es una apuesta por la supervivencia de los pueblos del interior.
"Recuperar un árbol es, en realidad, recuperar mucho más: paisaje, economía rural, salud y futuro para los pueblos que durante siglos han vivido junto al algarrobo" - Maria Àngels Ramón-Llin, directora general de Producción Agrícola y Ganadera de la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca
Quizá la gran paradoja del algarrobo sea esa: un árbol que durante generaciones fue sinónimo de pobreza y subsistencia se está convirtiendo, precisamente ahora que más lo necesitamos, en símbolo de resiliencia, innovación y futuro. Lo que el campo mediterráneo intuyó durante siglos, la ciencia y la política agraria empiezan, por fin, a ponerlo en valor.

