De 500 a 2.000 familias gitanas acompañadas: el programa Sarsalé cuadruplica su alcance en la Comunitat Valenciana con 9 millones de euros y la vista puesta en 2030

El programa Sarsalé de la Generalitat Valenciana pasa de 500 a 2.000 familias atendidas y amplía a 42 proyectos en 23 municipios para reducir el abandono escolar gitano.

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Programa Sarsalé
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Cuatro veces más familias. Ese es, en cifras redondas, el salto que ha dado el programa Sarsalé durante la presente legislatura: de las 500 familias gitanas que acompañaba en sus inicios a las 2.000 que atiende hoy. Un crecimiento que no es casualidad, sino el resultado de una apuesta política deliberada y de una reingeniería completa del modelo de intervención socioeducativa en la Comunitat Valenciana.

La jornada celebrada en Benidorm, que reunió a cerca de 250 personas entre responsables de administraciones, universidades, profesionales y entidades gitanas gestoras del programa, sirvió como escaparate de los resultados del periodo 2025-2026 y como punto de encuentro entre los equipos de las tres provincias valencianas. No era una reunión de trámite: era, en buena medida, una demostración de que el programa funciona y que tiene músculo para seguir creciendo.

"Apostamos porque el programa Sarsalé siga creciendo, con mayor presencia y capacidad para llegar a quienes necesitan de ese acompañamiento" - Stephane Soriano, director general de Diversidad de la Generalitat Valenciana

Un programa reinventado desde sus cimientos

Sarsalé es el servicio de acompañamiento educativo específico en la cobertura de necesidades educativas del pueblo gitano que facilita su integración social dentro del Sistema Público Valenciano de Servicios Sociales y de atención a la diversidad. Pero lo que hoy existe es bastante más ambicioso que su versión original. Este proyecto surge de la necesidad de ampliar y mejorar el Servicio de Acompañamiento Educativo para el pueblo gitano en la Comunitat Valenciana, con el objetivo de optimizar el uso de recursos públicos y favorecer la integración socioeconómica y educativa de esta población.

En términos concretos, la transformación es notable: el equipo docente y educativo ha pasado de 173 a 203 profesionales, y los proyectos activos han aumentado de 28 a 42, desplegados en 23 municipios de toda la comunidad autónoma. El programa atiende ya a más de 1.600 alumnos y alumnas a través de esos 42 proyectos desarrollados en 23 municipios de la Comunitat Valenciana, con una inversión de 9,1 millones de euros.

Detrás de esos números hay una decisión presupuestaria clara. El programa cuenta con una dotación de 9.098.450 euros, de los cuales el 70% está cofinanciado por el Fondo Social Europeo, lo que convierte a Bruselas en un socio imprescindible de esta política de inclusión. Optimizar ese dinero para llegar al mayor número posible de familias ha sido, precisamente, uno de los objetivos declarados del nuevo modelo.

Más que refuerzo escolar: un itinerario de vida

Sarsalé no es un simple programa de clases de apoyo. Su enfoque es integral y abarca etapas muy distintas de la vida de un joven gitano. Desde la infancia, con el itinerario SAE —orientado a la escolarización temprana y la transición entre etapas educativas—, hasta Sarsalé Plus, la modalidad diseñada para acompañar a quienes acceden a la universidad, donde los techos de cristal siguen siendo una realidad para muchos.

La concejal de Igualdad y Bienestar Social de Benidorm, Ángela Zaragozí, no dudó en calificar el conjunto del modelo como "una apuesta valiente y ambiciosa", y agradeció a educadores y mediadores su "empatía, constancia y profesionalidad" para "cambiar dinámicas sociales y derribar barreras invisibles". Una descripción que apunta a algo más profundo que la mera instrucción académica: se trata de intervenir allí donde el sistema educativo ordinario no llega, o no llega a tiempo.

Este programa forma parte del Plan Estratégico para la inclusión del Pueblo Gitano 2025-2030 y busca optimizar oportunidades educativas para jóvenes en situación vulnerable. Es decir, lo que se presenta hoy en Benidorm no es un punto de llegada, sino una etapa dentro de una hoja de ruta que se extiende hasta el final de la década.

El antigitanismo, la barrera que nadie mide pero todos sienten

Más allá de las cifras, el director general de Diversidad, Stephane Soriano, puso el dedo en la llaga al nombrar algo que los datos difícilmente capturan: los prejuicios. "Sabemos que todavía existen barreras educativas y sociales, pero también barreras relacionadas con los prejuicios y con el antigitanismo", reconoció ante los asistentes. Una declaración que recuerda que ningún programa de acompañamiento, por bien dotado que esté, puede operar en el vacío si la sociedad no acompaña.

Frente a eso, Soriano fue explícito sobre la responsabilidad institucional: "Desde las instituciones tenemos una responsabilidad muy clara: no mirar hacia otro lado y trabajar para que nadie tenga menos oportunidades por pertenecer a una determinada comunidad." El vicepresidente del Consejo Valenciano del Pueblo Gitano, Jesús Ramírez, también participó en la jornada, subrayando el papel de las propias entidades gitanas como gestoras del programa, un detalle que no es menor: aquí no se interviene sobre una comunidad, sino con ella.

Una red de 203 profesionales y 23 municipios

Detrás de cada familia atendida hay un equipo. El nuevo modelo Sarsalé se apoya en un equipo de 203 profesionales para atender a más de 1.600 estudiantes mediante 42 proyectos en 23 municipios. Educadores, mediadores, trabajadores sociales y docentes que, día a día, hacen que el programa exista más allá del papel. Soriano les dedicó un reconocimiento explícito durante su intervención, agradeciendo "su trabajo, esfuerzo y dedicación diaria para que las oportunidades lleguen de verdad a quienes las necesitan."

La jornada en Benidorm fue también una oportunidad para compartir experiencias entre los tres equipos provinciales y reforzar la coordinación interna, algo que en un programa de esta escala —42 proyectos simultáneos repartidos por toda la Comunitat— resulta tan importante como la financiación misma. Porque escalar un modelo de intervención social no es simplemente multiplicar recursos: es asegurarse de que la calidad viaja con ellos.

El reto que queda por delante es mayúsculo. Pasar de 500 a 2.000 familias en una legislatura es un logro cuantificable; conseguir que esas 2.000 familias vean cambios reales en las trayectorias educativas y laborales de sus hijos es la prueba definitiva. Y esa, por su propia naturaleza, solo se podrá medir con el tiempo.