Alcàsser da un paso clave en su reconstrucción tras la DANA: un cinturón verde de 52 hectáreas para blindar el municipio frente a las inundaciones

La Generalitat y el Ayuntamiento de Alcàsser firman el plan urbanístico que ordenará el barranco de Picassent y creará suelo protegido.

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Imagen de l'Ajuntament d'Alcàsser
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Después de que la DANA del 29 de octubre de 2024 arrasara decenas de municipios valencianos, Alcàsser da uno de sus pasos más ambiciosos hacia la reconstrucción. La Generalitat Valenciana y el Ayuntamiento han firmado un protocolo de colaboración para impulsar el Plan Especial Urbanístico de Reconstrucción (PEUR) del municipio, un instrumento pensado no solo para reparar lo que el agua destruyó, sino para rediseñar el territorio de forma que algo así no vuelva a tener las mismas consecuencias.

El plan abarcará más de 52 hectáreas de suelo y su elemento central será una amplia franja verde de protección vinculada al barranco de Picassent. No se trata de un parque decorativo: la infraestructura verde tiene una función defensiva, actuando como colchón natural entre el cauce y el tejido urbano para reducir la vulnerabilidad frente a episodios de inundación. Una solución que en otros países europeos con alta exposición a riadas, como los Países Bajos o Alemania, lleva décadas aplicándose bajo el concepto de "dar espacio al agua".

"Un espacio que contribuirá tanto a incrementar la seguridad frente a inundaciones como a mejorar la calidad ambiental y urbana del municipio" - Vicente Martínez Mus, vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación de la Generalitat Valenciana

Una herramienta legal diseñada para actuar deprisa

Los Planes Especiales Urbanísticos de Reconstrucción no son una figura improvisada. Nacieron al amparo de la Ley 2/2025, con el objetivo de que la Generalitat pudiera tramitar instrumentos dirigidos a crear y ordenar suelos para la construcción de viviendas, la reubicación de polígonos industriales o terciarios y la integración de las infraestructuras necesarias para la reconstrucción. Su razón de ser es precisamente la velocidad: los procedimientos urbanísticos ordinarios habrían requerido plazos mucho más prolongados, incompatibles con la urgencia que viven los vecinos afectados.

Estos planes especiales pueden modificar las determinaciones del planeamiento general y territorial, y afectar a suelo incluido en uno o en varios municipios, con ámbito discontinuo si fuera necesario. En la práctica, eso significa que la administración puede actuar con una flexibilidad que el urbanismo convencional no permite.

"El modelo de reconstrucción impulsado por la Generalitat no se limita a reparar los daños provocados por la dana, sino que busca aprovechar la reconstrucción para crear municipios más seguros, mejor ordenados y preparados para el futuro" - Vicente Martínez Mus, vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación de la Generalitat Valenciana

Alcàsser se suma a una red de municipios que se reinventan

La DANA del 29 de octubre de 2024 alteró por completo la hoja de ruta de los municipios afectados. Los grandes proyectos dejaron de ser nuevas infraestructuras o desarrollos urbanísticos para convertirse en la reconstrucción de equipamientos, espacios públicos y servicios básicos arrasados por las inundaciones. Los ayuntamientos tuvieron que afrontar una emergencia sin precedentes, asumir inversiones millonarias y tramitar actuaciones en un tiempo récord.

Con la firma del protocolo, Alcàsser se incorpora al grupo de municipios donde la Generalitat ya impulsa planes similares: Torrent, Xirivella y la actuación prevista en La Torre. Cuatro apuestas por un mismo modelo que pone la resiliencia urbana en el centro de la reconstrucción, algo que hasta ahora rara vez había formado parte del vocabulario del planeamiento local en la Comunitat Valenciana.

El conseller Martínez Mus subrayó, tras la firma con el alcalde Alberto Miguel Primo Llácer, que la DANA "puso de manifiesto la necesidad de adaptar nuestros municipios a una nueva realidad e incorporar soluciones urbanísticas que ayuden a reducir la vulnerabilidad frente a fenómenos meteorológicos extremos". Una frase que, dicha desde el cargo, suena a reconocimiento tácito de una deuda pendiente: la de un modelo de ciudad que durante décadas creció sin calcular bien el precio del agua.