75 años de euskera y txistus en el corazón de València: la Generalitat rinde homenaje al Centre Basconavarrés 'Laurak Bat

La Generalitat Valenciana reconoce la labor del Centre Basconavarrés 'Laurak Bat' de València, que cumple 75 años preservando la cultura vasconavarra.

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Homenage al Centro Basconavarrés 'Laurak Bat
Homenage al Centro Basconavarrés 'Laurak Bat
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Hay asociaciones que no solo conservan una cultura: la llevan cosida a la vida cotidiana de una ciudad durante décadas. Eso es exactamente lo que ha hecho el Centre Basconavarrés 'Laurak Bat' de València, una entidad que en 2025 celebra sus 75 años de historia y que esta semana recibió el reconocimiento institucional de la Generalitat Valenciana durante la recepción anual organizada por la Dirección General de Acción Exterior del Gobierno de Navarra, celebrada en la propia sede de la Euskal Etxea valenciana.

Tres generaciones, una sola raíz

Carmen Uriol, secretaria autonómica de Transparencia y Participación, asistió al acto y aprovechó la ocasión para trasladar una felicitación institucional a la entidad. No era un cumpleaños menor: la entidad nació el 26 de febrero de 1950 bajo el nombre de «Peña Laurak Bat» , inaugurada con la presencia del Arzobispo Olaetxea en la capital del Turia. Desde entonces, generación tras generación, sus socios han mantenido vivos el euskera, las danzas, la gastronomía y las tradiciones de Euskal Herria y Navarra a orillas del Mediterráneo.

Uriol puso en valor algo que va más allá de la nostalgia folclórica: la capacidad de estas familias para integrarse plenamente en la vida social, vecinal y festiva de los barrios de València sin renunciar a sus señas de identidad. Tres generaciones de asociados han hecho de la Comunitat su hogar, logrando mantener vivas sus raíces, su lengua y sus costumbres al tiempo que se convertían en vecinos más de los barrios valencianos, participando en sus fallas, sus mercados y su día a día.

No es un fenómeno anecdótico. Fundada en 1950, la Euskal Etxea ha acogido a vascos y amigos de los vascos residentes en la zona, así como a visitantes llegados desde Euskal Herria o desde cualquier lugar de la diáspora. Con el tiempo, la entidad creció tanto que tuvo que inaugurar una nueva sede en la zona central de la ciudad, al habérsele quedado pequeña la anterior. Pocas señales hablan mejor de la vitalidad de una asociación cultural.

Navarra también estaba en la sala

El acto contó con la presencia de Sergio Pérez, director de Ciudadanía Exterior del Gobierno de Navarra, y de Maitane Mendizábal, presidenta de la entidad vasco-navarra, lo que subrayó la dimensión institucional del encuentro. No se trataba únicamente de una celebración local: era también una muestra del compromiso del Gobierno foral con su comunidad en el exterior y una oportunidad para tender puentes entre dos territorios que comparten historia y, en muchos casos, apellidos.

La jornada incluyó una conferencia bajo el título 'Navarra era una fiesta [de cine]', centrada en la historia y actualidad del cine en la Comunidad Foral. Una elección que no pasa desapercibida: hablar de cine navarro en València, en la sede de una asociación que lleva 75 años cultivando la identidad vasconavarra lejos de casa, tiene algo de declaración de intenciones. La cultura no necesita fronteras para sobrevivir; a veces las fronteras son precisamente lo que la hace más fuerte.

El compromiso de la Generalitat con las casas regionales

Más allá del homenaje concreto al 'Laurak Bat', la visita de Uriol reflejó el compromiso de la Generalitat con las casas regionales que desarrollan su labor en el territorio valenciano. Estas entidades, herederas de las grandes migraciones interiores del siglo XX, siguen siendo hoy espacios de referencia para muchas familias que encontraron en la Comunitat Valenciana su segunda patria, y en sus casas regionales, un trozo de la primera.

El caso del 'Laurak Bat' ilustra a la perfección esa doble pertenencia: una entidad que enseña euskera en pleno centro de València, que organiza talleres de danzas vascas y que, al mismo tiempo, participa en la vida cultural de una ciudad mediterránea. Setenta y cinco años después de aquella primera reunión en 1950, el reto sigue siendo el mismo que en el origen: demostrar que preservar la propia identidad y abrirse al mundo no solo es posible, sino que enriquece a todos.