Hay planes que van más allá de salir a cenar. Imagínate disfrutar de una cena mientras José Corbacho se encarga de que la noche termine entre risas. Esa es la propuesta del Casino Cirsa Valencia para el próximo viernes 6 de noviembre, con una cita que combina gastronomía y humor en un formato diferente: cena y monólogo con uno de los rostros más conocidos de la comedia española.
El protagonista será José Corbacho, que llega con Ante todo mucha calma, un espectáculo con el que lleva tiempo recorriendo España y cuyo objetivo tiene claro: que el público desconecte, se divierta y se marche con una sonrisa. La experiencia incluye una cena en mesas compartidas y el monólogo, una combinación perfecta para quienes buscan un plan diferente en Valencia.
Detrás del humorista hay una larga trayectoria que pasa por La Cubana, El Terrat, Homo Zapping y Buenafuente, además de su trabajo como director de películas como Tapas, que codirigió con Juan Cruz, Cobardes e Incidencias. Ahora está también al frente de la adaptación cinematográfica de Burundanga, la conocida comedia teatral de Jordi Galceran.
Hablamos con él sobre las verdades que quizá no queremos conocer de quienes tenemos cerca, lo que aprendió en La Cubana, las diferencias entre actuar y dirigir y lo que el público puede esperar de su visita al Casino Cirsa. También nos cuenta por qué Valencia le hace sentir como en casa y por qué, si hay un buen arroz de por medio, siempre encuentra una excusa para volver.

En Burundanga se plantea si queremos conocer la verdad sobre nuestra pareja o si, en realidad, preferimos que nos den la razón. ¿Qué crees que buscamos?
La verdad y la mentira funcionan muy bien en clave de comedia. También la ocultación de la verdad. Pero Burundanga plantea, sobre todo, si es conveniente saberlo todo de tu pareja.
En el fondo, hay una comedia romántica detrás de la obra de Jordi Galceran. La película empieza con una chica que se queda embarazada y no sabe si su novio la quiere. Quiere conocer la verdad, pero de repente aparecen cosas que ni se imaginaba. La historia habla de si queremos saberlo todo de la persona con la que compartimos la vida y de la gente que nos rodea, porque a veces conocer toda la verdad también puede resultar incómodo.
Luego está ese otro debate: si queremos conocer la verdad o si solo queremos escuchar cosas que confirmen lo que ya pensamos. Pero, en clave de comedia, creo que las mentiras funcionan mejor que la verdad.
Burundanga llevaba muchos años triunfando en los teatros. ¿Qué fue lo más complicado de llevarla al cine: mantener su esencia o atreverse a cambiar cosas?
La obra funcionaba como un tiro. Es una de las más representadas de Jordi Galceran y creo que la han visto más de un millón de espectadores. El propio Jordi, junto con dos guionistas, hizo la adaptación cinematográfica, y la película crece respecto a la obra original porque el guion también lo hace.
En el teatro todo sucede en un piso con cinco personajes. En la película tenemos ese mismo espacio y esos personajes, pero la historia va creciendo. El segundo y el tercer acto ya se alejan bastante de la obra original. Hemos intentado mantener toda la comedia que tenía la función, porque no tenía sentido cambiar algo que funciona tan bien y cuyos mecanismos Jordi controla perfectamente.
Mi trabajo consistía en convertir esa historia en imágenes y conseguir que fuera una película que fuese un poco más allá de la obra teatral. Quienes disfrutaron del teatro encontrarán ese ADN común, y quienes no lo vieron podrán descubrir la historia directamente en el cine.
Estoy muy contento tanto con el resultado visual como con el reparto. He trabajado con actores que ya conocía, como Silvia Abril y Jordi Sánchez, y con otros con los que no había trabajado antes, pero que me parecen grandes cómicos, como Adriana Torrevejano, Marcel Borràs y Carol Rovira.
Has trabajado delante de las cámaras y también detrás. Cuando diriges, ¿qué te cuesta más: controlar a un actor que improvisa demasiado o conseguir que uno disciplinado se suelte?
Me gusta todo. Tengo la suerte de que a veces me llaman para dirigir y otras para actuar. Con todo el cariño que le tengo a la interpretación, que me parece dificilísima, dirigir exige mucho esfuerzo en un proyecto.
Los actores y las actrices representan a sus personajes y, cuando acaba el rodaje, prácticamente termina su trabajo. El director, en cambio, tiene que preparar la película, pensarla, ensayarla, rodarla y seguir trabajando después, durante el montaje y la posproducción. Siempre he tenido mucho respeto por la dirección.
Tuve la oportunidad de hacer Tapas con un amigo, Juan Cruz, y nos fue suficientemente bien como para seguir dirigiendo, también en solitario. Disfruto intentando aportar mi visión y liderando un equipo, aunque a veces termino más cansado dirigiendo que interpretando.
El próximo 6 de noviembre estarás en el Casino Cirsa Valencia con Ante todo mucha calma, una propuesta que combina cena y monólogo. ¿Qué se va a encontrar el público?
Es un monólogo de comedia que llevo girando un tiempo por España. Mi cometido es que la gente pase un buen rato y se divierta.
Es verdad que, al haber una cena de por medio, hay que tener cuidado con las risas y la comida, porque alguien puede atragantarse. Pero eso ya depende de cómo se organice cada espectador. Yo quiero que la gente disfrute y salga contenta.
Ir al teatro es una experiencia, pero acudir a un sitio como el casino de Valencia, donde hay cena y espectáculo, es otro tipo de experiencia. Lo importante es que sea agradable y que la gente se marche con una sonrisa. Si no se ríen, aunque hayan cenado bien, habrá sido fallo mío.

Al ser una cena con espectáculo y mesas compartidas, pueden surgir situaciones inesperadas. ¿Te gusta interactuar con el público o prefieres dejar que la noche te sorprenda?
Depende. La interacción con el público parece una moda actual, pero se ha hecho toda la vida, desde los espectáculos de revista. Yo estuve quince años en La Cubana, donde también había mucha interacción, así que estoy acostumbrado.
Soy bastante respetuoso, especialmente en un formato como este. Quiero que la gente se ría y se lo pase bien, pero que también pueda disfrutar de la comida y la bebida. No soy demasiado intrusivo, aunque a veces me gusta preguntar cosas e interactuar, siempre que la gente quiera.
A mí me pone nervioso ir al teatro y que desde el escenario estén constantemente invitándote a participar o interpelándote. Piensas: «Oye, que yo venía aquí a relajarme». Así que quiero que el público se relaje y disfrute.
Has mencionado La Cubana, donde empezaste en 1988. ¿Qué aprendiste allí que sigues utilizando hoy y qué queda de aquel Corbacho joven?
De aquel Corbacho joven todavía quedan cosas. Alguna célula quedará, teniendo en cuenta que nos renovamos cada siete años. Pero, sobre todo, intento conservar la ilusión por lo que hago, las ganas y la pasión. El día que no me apetezca salir a un escenario, ya sea en el casino o en un teatro, creo que se habrá perdido ese Corbacho que empezó a hacer teatro en el colegio, después en la parroquia de su barrio y más tarde con unos amigos.
Para mí, La Cubana fue prácticamente el colegio, el instituto y la universidad. Aprendí mucho más que a actuar. Para crear los personajes observábamos la realidad, que era nuestra principal fuente de inspiración. Además, participábamos en los guiones, el montaje, las giras, la producción y la logística. Eso te da muchas herramientas para desenvolverte después por tu cuenta.
He tenido la suerte de trabajar con gente maravillosa y de incorporar otras herramientas, pero la mayoría de las que tengo probablemente vienen de La Cubana.
Después de tantos años entre la televisión, el cine, el teatro y los monólogos, ¿qué te queda por hacer que todavía te dé un poco de vértigo?
Que las analíticas sigan saliendo bien (Ríe) . Últimamente eso me importa más que el aspecto exterior. Mientras el cuerpo aguante, quiero mantener la ilusión.
Me apetece seguir dirigiendo, creando y haciendo proyectos diversos. Ahora voy a Valencia para actuar en el casino y en enero vuelvo al Olympia con David Fernández. Estamos con nuestro espectáculo, David y José, no somos Estopa, y durante todo 2027 estaremos de gira.
Me apetece trabajar con gente con la que me lo paso bien. David y yo nos conocemos desde hace años, pero nunca habíamos hecho nada juntos, hasta que un día dijimos: «Vamos a montarnos un espectáculo». Es una locura, puro entretenimiento para que la gente se ría, y estamos muy contentos porque está funcionando muy bien.
Has recorrido muchos escenarios de la Comunitat Valenciana. ¿Qué relación tienes con Valencia?
Valencia siempre ha sido como mi casa. Primero, porque a La Cubana nos recibían siempre con los brazos abiertos. Después pasó lo mismo con El Terrat y con aquella época en la que la gente disfrutaba de los programas de Andreu Buenafuente.
Siempre que he venido a actuar a Valencia o a la Comunitat Valenciana me han recibido con mucho cariño. Creo que, después de Cataluña, es el lugar donde más actuaciones hago a lo largo del año. He recorrido pueblos, villas y ciudades de aquí, así que al final es como estar en casa y jugar a favor.
Mientras el cuerpo aguante, poder seguir viniendo a actuar a Valencia durante muchos años ya me parece un buen plan. Y, con un arrocito, todavía mejor.
La cita con José Corbacho es el viernes 6 de noviembre, a las 21:30 horas, en el Casino Cirsa Valencia. Una oportunidad para disfrutar de Ante todo mucha calma en un formato diferente, con cena y monólogo en una misma noche. Las entradas tienen un precio de 54,95 euros y se pueden adquirir en la página web de Casino Cirsa.. Si vas en grupo y compras seis entradas o más, tendrás una mesa para vosotros.

