La innovación no sirve de mucho si no mejora la vida de las personas. Esa idea atraviesa toda la conversación con Marta del Castillo, CEO de Social Nest Foundation, la organización valenciana que lleva más de quince años defendiendo que el emprendimiento y la tecnología también pueden convertirse en herramientas para reducir desigualdades, conectar talento y acelerar soluciones sociales y medioambientales. En un momento en el que gran parte del ecosistema habla de inteligencia artificial, escalabilidad y crecimiento, Social Nest insiste en una pregunta mucho más incómoda: ¿para qué innovamos?
Desde Valencia —convertida ya en uno de los grandes polos europeos de innovación— la fundación ha construido una red internacional que conecta startups, inversores, grandes empresas e instituciones con un objetivo común: demostrar que la sostenibilidad no es una moda ni un departamento aislado, sino una parte esencial del futuro económico. Y proyectos como The Gap in Between, su gran encuentro internacional sobre innovación con impacto, reflejan precisamente esa visión: tender puentes entre sectores, generaciones y realidades que todavía avanzan demasiado separadas.
Durante la entrevista, Marta del Castillo habla con entusiasmo de emprendimiento, inversión de impacto, inteligencia artificial, agricultura, salud mental o del papel que puede jugar Europa en el futuro de la innovación. Pero, sobre todo, habla con convicción. Con la sensación constante de quien no entiende la sostenibilidad como una tendencia, sino como una responsabilidad colectiva y una oportunidad real de transformación. Una conversación sobre innovación, propósito y futuro en la que Marta del Castillo defiende que el sistema económico también puede convertirse en parte de la solución.
Vienes de liderar proyectos como South Summit o Koga. ¿Qué viste en Social Nest Foundation que te hizo pensar: “quiero estar aquí”?
Lo que vi está muy vinculado con mi identidad y con mi propósito personal. Yo creo que el sistema económico tiene que ser parte de la solución y no parte del problema. Vivimos en una situación geopolítica, social y económica marcada por la polarización, la desigualdad y la falta de oportunidades. Y muchas veces parece que quienes tienen que resolver estos problemas son únicamente los gobiernos o el tercer sector.
Pero yo creo que, si queremos una transformación real y duradera, tiene que estar integrada dentro del propio sistema económico. Si conseguimos construir un modelo donde el beneficio no sea solo económico y exista un incentivo real para generar impacto positivo, entonces sí puede ser sostenible y escalable.
Eso fue lo que me atrajo de Social Nest Foundation. Venía de un entorno muy centrado en startups, inversión e innovación, y aquí encontré una propuesta distinta: impulsar empresas tecnológicas que nacen para resolver problemas sociales y medioambientales.

¿Crees que las empresas realmente están cambiando o todavía hay mucho discurso y poco cambio estructural?
Creo que ha habido un poco de todo. En los últimos años la sostenibilidad se puso muy de moda y muchas empresas se sumaron por una cuestión reputacional o por anticiparse a la regulación europea. Pero también hay muchas otras que sí se lo creen y que entienden que esto ya es parte central de su negocio.
Hay industrias enteras cuyo futuro depende de cómo afronten desafíos vinculados a la sostenibilidad. Lo estamos viendo con la energía, con el agua, con la agricultura o con la logística. Ya no hablamos solo de responsabilidad social: hablamos de competitividad, de adaptación al riesgo y de supervivencia empresarial.
La innovación ahí juega un papel clave porque puede acelerar soluciones que necesitamos urgentemente.
Has trabajado en ecosistemas de innovación de distintos países. ¿Qué tiene Valencia para haberse convertido en un polo tan potente?
Nosotros nacimos en Valencia y siempre hemos tenido un vínculo emocional con la ciudad, pero cuando decidimos crear The Gap in Between también entendimos que tenía muchísimo sentido estratégico hacerlo aquí.
Valencia representa muy bien ese punto de encuentro entre innovación y sostenibilidad. Tiene una ubicación privilegiada en el Mediterráneo, una conexión histórica con el comercio, la agricultura, la logística y el agua, y además ha conseguido construir un ecosistema innovador muy fuerte en los últimos años.
Es probablemente el ecosistema de innovación que más rápido ha crecido en España en los últimos cinco años. Y además tiene una identidad propia. Valencia transmite esa idea de ciudad sostenible, innovadora y conectada con el futuro.
Social Nest nació hace más de quince años, cuando casi nadie hablaba de emprendimiento social. ¿Qué vio Margarita Albors antes que la mayoría?
Margarita fue una visionaria. Ella descubrió el concepto de emprendimiento social en Estados Unidos, cuando todavía ni siquiera se hablaba de startups en España.
Me contaba que estando en Harvard le impactó muchísimo ver la desigualdad que existía alrededor de uno de los grandes centros de conocimiento del mundo. Ahí entendió que el crecimiento económico y la innovación no podían dejar fuera a tantas personas.
Y descubrió la figura del emprendedor social: alguien que crea negocio mientras resuelve desafíos sociales o medioambientales. En aquel momento eso prácticamente no existía aquí. Ella fue de las primeras personas en traer esa idea a España y construir una organización alrededor de ella.

Da la sensación de que las empresas ya no solo tienen que demostrar cuánto facturan, sino también qué impacto generan.
Yo creo que sí. Las empresas tienen cada vez más conciencia sobre la necesidad de medir y entender el impacto que generan. Nosotros trabajamos con grandes corporaciones y veo una voluntad real de corregir impactos negativos y avanzar hacia modelos más positivos.
Aún queda mucho camino, sobre todo en términos de exigencia y de accountability, pero sí estamos avanzando. Y la tecnología está ayudando muchísimo porque ahora medir impacto es más accesible y más eficiente que hace unos años.
¿Qué sectores van a liderar esa nueva ola de innovación con impacto?
Sin duda la inteligencia artificial va a cambiarlo todo. Pero para nosotros la pregunta importante es cómo ponemos esa IA al servicio del impacto positivo.
En The Gap in Between vamos a hablar mucho de “IA for good”: cómo utilizar esta tecnología para mejorar vidas y cómo anticiparnos también a sus efectos negativos, tanto a nivel climático como laboral.
Otro sector clave es toda la parte agrícola y foodtech. España tiene un enorme potencial ahí, pero también desafíos muy importantes relacionados con el cambio climático, las sequías o el relevo generacional en el campo.
Y luego está todo lo relacionado con salud y salud mental. Creo que ahí hay una oportunidad enorme de generar soluciones innovadoras, especialmente para la gente joven.
De hecho, mencionabas el papel que podrían jugar incluso los clubes de fútbol.
Sí, porque creo que tienen un poder enorme de influencia social. Muchos jóvenes tienen como referentes a deportistas y futbolistas, y ahí existe una oportunidad brutal para impulsar soluciones relacionadas con salud mental y bienestar.
Nosotros hemos hablado con algunos clubes sobre la posibilidad de lanzar retos o programas junto a startups centrados en salud mental juvenil. Ahí se pueden unir innovación, impacto y capacidad de movilización social.
The Gap in Between se ha convertido en mucho más que un evento.
Totalmente. Nosotros lo entendemos como un espacio para conectar mundos que normalmente no dialogan tanto entre sí.
Una de las grandes brechas que intentamos reducir es precisamente la que existe entre las necesidades reales de las grandes empresas y las soluciones que desarrollan las startups. Queremos que las startups tengan oportunidades reales de colaborar con corporaciones, hacer pilotos o incluso recibir inversión.
¿Cuáles son las grandes brechas sobre las que vais a poner el foco este año?
Hay varias muy claras. El futuro del campo y la alimentación, la salud y el bienestar, la brecha de género dentro del ecosistema emprendedor y también la inclusión.
Trabajamos mucho con Fundación ONCE porque creemos que la discapacidad y la accesibilidad tienen que formar parte de cualquier conversación sobre innovación.
Y otra gran preocupación es el futuro del trabajo. La inteligencia artificial y la transformación tecnológica pueden generar todavía más desigualdad si no somos capaces de preparar bien a las nuevas generaciones.
Después de pasar días escuchando a líderes internacionales hablar de sostenibilidad e innovación, ¿sales más optimista o más preocupada?
La verdad es que The Gap in Between es un espacio muy optimista. Tiene una energía muy distinta a la de otros eventos tecnológicos.
Aquí todo es mucho más horizontal. No hay espacios exclusivos ni reservados. Todo el mundo habla con todo el mundo y eso genera conversaciones mucho más profundas y auténticas.
Se crean conexiones muy humanas y muy valiosas. Y eso hace que salgas con la sensación de que sí se pueden construir cosas diferentes.

¿Hay algún proyecto que te haya emocionado especialmente?
Muchísimos. Pero tengo especial cariño a algunos programas que hemos desarrollado con empresas como Danone o Central Lechera Asturiana.
Ahí vimos muy claramente cómo una necesidad de negocio podía alinearse perfectamente con una necesidad de sostenibilidad. Y cuando una startup consigue convertirse en proveedor o colaborador de una gran empresa gracias a una solución con impacto, ahí es cuando dices: esto funciona.
Si pudieras pedirle una sola cosa al ecosistema europeo para los próximos años, ¿qué sería?
Me gustaría que Europa liderase de verdad la inversión sostenible y la inversión de impacto. Que los grandes fondos y los dueños de capital entiendan que se puede generar rentabilidad siendo coherentes con ciertos valores.
Y también creo que necesitamos una mirada más europea y menos fragmentada. Otros ecosistemas avanzan mucho más rápido porque trabajan de forma más integrada.
Existe esa frase de “Estados Unidos innova, China escala y Europa regula”. ¿Te parece injusta?
Creo que tiene bastante de realidad. Europa a veces ha perdido agilidad a la hora de asumir riesgos e innovar rápido.
Estados Unidos ha desarrollado una cultura muy fuerte alrededor de la innovación y Asia ha demostrado una enorme capacidad para escalar tecnologías. Europa tiene muchísimo talento, pero todavía necesitamos dar un paso adelante.
En un mundo cada vez más acelerado y polarizado, ¿sigues creyendo que la innovación puede hacernos más humanos?
Sí, totalmente. Pero la innovación tiene que tener un propósito real. No puede ser innovación por innovación.
Al final tiene que ayudarnos a vivir mejor, y vivir mejor significa vivir con más bienestar, con menos desigualdad y con más oportunidades para todos. La innovación tiene que servir para construir el futuro que queremos y que nos merecemos.


