Las empresas valencianas siguen desprotegidas ante una nueva DANA: solo el 6,6% tienen un plan para emergencias

El dato que preocupa a los economistas: 9 de cada 10 empresas valencianas fallarían ante una catástrofe climática

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Persona afectada por la DANA en Valencia
Persona afectada por la DANA en Valencia

La fotografía que deja el informe Resiliencia tecnológica: Impacto y Oportunidades Post‑DANA” es clara. La mayoría de las empresas valencianas no están preparadas para afrontar un episodio extremo como el que paralizó la provincia y dejó al descubierto la fragilidad del tejido productivo. El estudio, promovido por el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Valencia y elaborado por Improven, radiografía un ecosistema empresarial que reconoce la amenaza, pero que apenas ha dado pasos efectivos para blindarse frente a ella.

La conclusión principal es que solo el 6,6% de las compañías dispone de un protocolo de contingencias. El dato se vuelve más revelador cuando se observa que ni siquiera el tamaño empresarial marca una diferencia significativa. Apenas el 2,9% de las grandes corporaciones cuenta con planes sólidos para gestionar una emergencia climática, lo que desmonta la idea de que disponer de más recursos implica necesariamente estar mejor preparado. Una DANA, como cualquier otro fenómeno climático, exige una capacidad de respuesta que hoy, según el informe, no existe.

Durante la presentación del estudio, el presidente del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Valencia, Federico Torres, subrayó que las empresas son plenamente conscientes de la necesidad de actuar. Sin embargo, la realidad del día a día, la falta de financiación y la ausencia de una cultura organizativa orientada a la prevención frenan cualquier avance.

Torres insistió en que el objetivo del Colegio es acompañar al tejido empresarial en este proceso. “Nosotros esto lo vemos como un reto, como una oportunidad de avanzar con las empresas”, afirmó, convencido de que la resiliencia debe convertirse en un eje estratégico y no en un parche improvisado cuando el desastre ya ha ocurrido.

La DANA pilló desprevenidas a más de la mitad de empresas

El informe revela que casi el 60% de las empresas no estaba preparada cuando la DANA golpeó la provincia. Un 20% sí contaba con planes, pero estos se demostraron insuficientes, lo que evidencia una baja toma de conciencia real sobre la magnitud del riesgo. La mayoría de los fallos se concentraron en aspectos básicos: sistemas de alerta deficientes, lentitud en la toma de decisiones, falta de protección de infraestructuras críticas y escasa coordinación con administraciones y proveedores.

Sergio Gordillo, socio director de Improven, advirtió que la falta de planificación estratégica es un problema transversal. Gordillo desmontó también otro de los mitos habituales: el tamaño no garantiza una mejor preparación. Las grandes empresas, explicó, tienden a depender de planes directores que, en situaciones críticas, se vuelven rígidos y lentos. Las pymes, por su parte, muestran más flexibilidad, pero también una vulnerabilidad estructural que las deja expuestas a fallos básicos.

El impacto de la DANA fue devastador. El 25% del PIB provincial se vio afectado y sectores como el turismo tardaron un año en recuperar su actividad. Más del 62% de las empresas sufrió interrupciones en su actividad, un 42% registró daños materiales y un 32% asumió pérdidas económicas significativas. A ello se sumaron riesgos para la seguridad de trabajadores y colaboradores.

Uno de los elementos más preocupantes es la brecha entre intención y ejecución. La mayoría de las empresas reconoce la importancia de la gestión del riesgo, pero muy pocas han pasado a la acción. La gestión sigue siendo superficial, centrada en medidas básicas y sin una integración real en la estrategia corporativa.

La digitalización avanza demasiado despacio

Las barreras que frenan la implantación de sistemas eficaces son múltiples. La complejidad organizativa, la falta de prioridad directiva, la ausencia de conocimiento técnico, la escasez de recursos y tiempo, la dificultad para justificar inversiones y la falta de datos fiables conforman un cóctel que paraliza incluso a las empresas con voluntad de avanzar.

A ello se suma un problema sistémico: la falta de talento especializado. El ecosistema, según el informe, no facilita la transformación. La dificultad para acceder a financiación y la ausencia de referentes sectoriales generan dudas y frenan la adopción de soluciones tecnológicas.

La digitalización, que debería ser un pilar fundamental de la resiliencia, avanza a un ritmo insuficiente. 9 de cada 10 empresas no han implantado herramientas digitales para la gestión del riesgo, aunque un 63% afirma estar valorándolo. En muchos casos, la tecnología se percibe como un complemento y no como un elemento transversal que debe integrarse en todos los procesos.

Sin embargo, tanto empresas como administraciones coinciden en que las herramientas digitales pueden aportar un valor inmediato en áreas como las alertas tempranas, la gestión de emergencias, la continuidad del negocio, la simulación de escenarios o la monitorización de infraestructuras.

El informe concluye que las emergencias recientes, como la DANA o el apagón, no hicieron más que poner de manifiesto carencias estructurales que ya existían, pero que no se habían contemplado con la seriedad necesaria. El riesgo afecta por igual a todos los sectores y el principal cuello de botella, no es tecnológico, sino humano, ya que falta liderazgo, cultura empresarial y talento para impulsar el cambio.