Hay infraestructuras que no salen en los grandes titulares, pero que marcan la diferencia entre un campo productivo y uno abandonado. Los caminos rurales son, quizás, el ejemplo más claro: sin ellos, el tractor no llega a la parcela, la cosechadora pierde horas sorteando baches y el agricultor acaba asumiendo costes que no debería. Por eso, la Generalitat Valenciana ha destinado 3,4 millones de euros a la mejora y acondicionamiento de caminos rurales en 50 municipios de la Comunitat Valenciana, una inversión que beneficiará directamente a más de 94.500 vecinos.
Les Alqueries, escaparate de una política que llega al asfalto
El conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, Miguel Barrachina, eligió el municipio de les Alqueries para comprobar sobre el terreno los resultados de la convocatoria de ayudas de 2025 para entidades locales. La visita no era solo protocolaria: la localidad castellonense ha ejecutado una de las actuaciones más representativas del programa, con una subvención de 85.508,65 euros que cubre el 60% de la inversión total. El resto lo ha aportado el propio ayuntamiento, lo que convierte cada euro público en palanca de una intervención más amplia.
Los trabajos han transformado seis caminos del municipio: el Camino del Niño Perdido, el Camino Palmeral, el Camino Cabeçol, la Travesía de Virgen de la Rosa, el Camino Parret y la Travesía Camino del Niño Perdido. En total, se han asfaltado 10.110 metros cuadrados de superficie a lo largo de 1.872 metros lineales. La metodología ha sido sencilla pero eficaz: limpieza previa de los viales, aplicación de adherente y pavimentación con asfalto en caliente.
"Los caminos rurales son infraestructuras básicas para el campo valenciano, porque permiten acceder a las explotaciones, facilitan el trabajo diario de los agricultores y mejoran la seguridad en los desplazamientos" - Miguel Barrachina, conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana
Un modelo de colaboración entre autonomía y municipios
Una de las claves del programa es su arquitectura colaborativa. La ayuda pretende favorecer que las entidades locales de la Comunitat Valenciana mantengan su red de caminos rurales en buen estado de conservación y uso, permitiendo el correcto desarrollo de las economías vinculadas al territorio. En la práctica, esto significa que son los propios ayuntamientos quienes licitan, ejecutan y justifican las obras, mientras la Generalitat aporta los fondos. ¿Por qué ese reparto? Porque quien mejor conoce dónde está el bache es quien pasa por él cada día.
El conseller lo resumió con claridad: la Generalitat pone los recursos y los municipios saben dónde están las necesidades. Esa cooperación es, según Barrachina, la que convierte una subvención en una obra útil para agricultores, cooperativas y vecinos. No es un modelo nuevo, pero sí uno que, cuando funciona, produce resultados concretos y visibles.
El porcentaje de la ayuda asciende al 80% para municipios con población inferior a 2.000 habitantes, mientras que alcanza el 60% si es igual o superior. Así se garantiza que los pueblos más pequeños —y, a menudo, más vulnerables a la despoblación— reciban un apoyo proporcionalmente mayor.
Más allá del asfalto: competitividad, seguridad y relevo generacional
El contexto importa. El conseller Barrachina ha destacado que la Generalitat está destinando inversiones a la adecuación de caminos rurales con el objetivo de mejorar la accesibilidad, reforzar la economía agrícola local y garantizar la seguridad de los profesionales del campo, unas infraestructuras esenciales tanto para la movilidad de maquinaria y mercancías como para la competitividad del sector agrario valenciano. La convocatoria de 2025, con sus 3,4 millones distribuidos entre 50 municipios, se enmarca en esa estrategia más amplia que, tras la devastación causada por la DANA, adquiere una dimensión aún más urgente.
Del total de las inversiones impulsadas en los últimos meses, 30 millones se han destinado a la reparación de 574 caminos rurales afectados por la riada y las fuertes lluvias registradas en las provincias de Valencia y Castellón, de los cuales 554 se encuentran ya ejecutadas o en fase de finalización, lo que supone el 96,5% del total. La convocatoria ordinaria de ayudas a municipios, por tanto, no opera en el vacío: llega después de una emergencia que dejó al descubierto la fragilidad de unas vías que, en condiciones normales, pasan desapercibidas.
Invertir en caminos rurales es, en el fondo, una apuesta por mantener vivos los pueblos. Cuando un agricultor puede llegar a su parcela sin destrozar el vehículo, cuando una cooperativa puede recoger la cosecha sin rodeos de kilómetros, cuando un vecino mayor no tiene que renunciar a desplazarse por un camino en mal estado, algo esencial de la vida rural queda preservado. Esa es, más allá de los metros cuadrados asfaltados y las cifras de inversión, la verdadera dimensión de un programa que, municipio a municipio, trata de tender el asfalto donde más falta hace.


