Hay artistas que no necesitan reinventarse para seguir siendo relevantes: les basta con volver a la esencia. Y ahí aparece Sole Giménez, una de las voces más reconocibles de la música española, iniciando una nueva etapa con Ser Humano, el primer adelanto de un disco inédito que verá la luz esta primavera. Tras celebrar cuatro décadas de trayectoria —primero al frente de Presuntos Implicados y después consolidando una sólida carrera en solitario—, Sole regresa con un trabajo que reflexiona sobre la deshumanización, la sobreexposición digital y la necesidad de recuperar la empatía.
Mientras el público vuelve a verla cada semana en Tu cara me suena, y después de su vinculación con la política cultural valenciana, la artista reivindica ahora el valor de la emoción y de la música hecha desde el alma. El próximo 5 de junio arrancará en Valencia, en el Palau de Les Arts, una gira que marcará el comienzo de esta nueva etapa.
En conversación con Valencia Extra, Sole Giménez habla sobre inteligencia artificial, empatía, música y la ilusión intacta con la que sigue afrontando cada nueva canción más de cuarenta años después.

Después de tantos años de carrera, ¿qué necesidad personal y artística te ha empujado a iniciar esta nueva etapa con Ser Humano?
Después de haber celebrado el 40 aniversario, que hicimos en 2023 y con el que estuvimos girando durante dos años, sentí que era el momento de abrir una nueva etapa con canciones originales y con un sonido un poco diferente. También de hablar de cosas que ahora mismo me parecen interesantes y necesarias, reflexiones muy vigentes. Por todo ello me parecía que merecía la pena hacer el esfuerzo de seguir adelante.
¿Qué sentiste la primera vez que escuchaste Ser Humano?
Todo. Me emocionó la letra, la belleza de la canción… todo. Una canción tiene que ser un compendio de muchas cosas y esta lo consigue. Y creo que a la gente también le está llegando así.
En el single hay una idea muy clara: volver a la esencia. ¿Crees que vivimos un momento especialmente deshumanizado?
Sí, totalmente. Estamos demasiado pendientes de la pantalla y vivimos muchas horas al día a través de ella. Eso hace que cambien nuestros hábitos y hasta nuestro cerebro. Veo que la comunicación cuesta más, que la atención cuesta más… y no es solo una percepción artística. Hay mucha gente y muchos expertos preocupados por esto.
¿Cuándo empezaste a sentir inquietud por la inteligencia artificial dentro de la música?
Cuando veo que empiezan a sustituirnos y parece que da igual. Ahí nace también La última generación. Empezamos a ser sustituidos incluso para crear, y eso me parece que ya es tocar fondo.
¿Qué te preocupa más: la sustitución del artista o la pérdida de conexión emocional con el público?
Va todo unido. Si empezamos a escuchar música hecha por máquinas, sin alma, y aceptamos eso como normal, vamos a perder mucha esencia.
¿Cómo consigues que compositores tan distintos encajen dentro de un universo tan personal?
Esa es una de las cosas mágicas que han ocurrido en este disco. Todo empieza con las canciones de Pedro Guerra y Pablo Cebrián y, poco a poco, voy pidiendo canciones a Víctor Manuel, a Rozalén, al Kanka… y también componiendo las mías. Al final todo adquiere una coherencia sorprendente. ¿Cómo lo consigo? Pues no lo sé, supongo que poniendo los ingredientes adecuados de manera totalmente intuitiva.
Aunque las canciones estén escritas por otros, ¿cambia tu manera de interpretarlas?
No. Yo siempre intento llevarme las canciones a mi terreno, a mi experiencia y a mi universo musical. He cantado muchas composiciones de otros autores y autoras y siempre intento hacerlo desde el respeto y la admiración, pero haciéndolas también un poco mías.
¿Qué significa para ti arrancar esta gira en Valencia?
Es arrancar en casa. Llevo más de 40 años viviendo aquí. Empiezo rodeada de mi familia cercana y también de la familia musical y del público que siempre me acompaña. Para mí es un privilegio. Estoy deseando que llegue ese concierto, emocionarnos, disfrutar y que termine siendo toda una fiesta.
¿Crees que la música tiene el espacio que merece dentro de las instituciones?
No. Nunca lo ha tenido. Siempre somos el patito feo. Cuesta mucho que la música tenga el lugar institucional que le corresponde.
Hablas mucho de empatía en este disco. ¿La música sigue siendo una herramienta poderosa para generarla?
Sí, bien utilizada, sí. La música mueve emociones. No pasa ni siquiera por el cerebro, llega directamente al instinto y a la emoción. Ahí la empatía puede estar absolutamente a flor de piel.
Después de tantas décadas sobre los escenarios, ¿qué queda intacto de aquella Sole que empezaba?
La ilusión. La ilusión por hacer una nueva canción, por darle vida y porque signifique algo para alguien más. Esa emoción la sigo teniendo como el primer día. Y además los discos cuestan dinero, tiempo, esfuerzo y trabajo. Si no tienes ilusión, no merece la pena.
Si este disco tuviera que dejar un único mensaje, ¿cuál sería?
“Volvamos a la esencia, no nos perdamos en el ruido y en la tecnología”.


