Medio siglo de fiestas valencianas en imágenes: Macastre acoge hasta septiembre una exposición de L'ETNO con 50 fotografías históricas

La muestra 'Festes valencianes' recorre Fallas, Moros y Cristianos, el Misteri d'Elx y otras tradiciones con fotos de principios del siglo XX.

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Expo del Etno
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Cincuenta fotografías, algunas de ellas capturadas hace más de cien años, bastan para recordar que las fiestas valencianas no son solo celebraciones: son memoria colectiva, identidad y territorio. Desde el 10 de julio y hasta el 1 de septiembre, el municipio de Macastre acoge la exposición 'Festes valencianes', una muestra itinerante del Museu Valencià d'Etnologia (L'ETNO) que recorre visualmente algunas de las tradiciones festivas más arraigadas de la Comunitat Valenciana. La sede elegida es el centro cultural Dr. Eduardo Alonso, un espacio que, por unos meses, se convierte en escaparate de la memoria colectiva valenciana.

Un viaje visual desde principios del siglo XX hasta hoy

Las imágenes que componen la muestra están datadas entre principios y mediados del siglo XX, una época en la que la fotografía era todavía un privilegio y cada instantánea, un documento casi etnográfico. Fallas, San Antonio Abad, la Semana Santa Marinera, el Corpus Christi, Moros y Cristianos, romerías, el Misteri d'Elx y la Virgen de la Salud son algunas de las celebraciones que aparecen retratadas. No es una colección homogénea: hay fiestas multitudinarias de grandes ciudades y celebraciones ancestrales de pequeños pueblos del interior, festejos profanos y otros nacidos del fervor religioso más hondo.

Pero la propuesta no se queda anclada en el pasado. Cada festividad documentada en blanco y negro se acompaña de imágenes actuales que permiten observar su evolución a lo largo del tiempo, invitando al visitante a preguntarse qué ha cambiado, qué permanece y qué se ha reinventado. Esa conversación entre ayer y hoy es, quizás, el verdadero eje de la exposición.

Un programa con más de 25 años llevando cultura a los municipios

'Festes valencianes' forma parte del programa de exposiciones itinerantes de L'ETNO, una iniciativa que nació hace más de 25 años con el objetivo de acercar el patrimonio etnológico y la cultura popular valenciana a todo el territorio de la provincia. El funcionamiento es sencillo pero eficaz: las propuestas que se ofrecen en el catálogo son producciones exhibidas en el museo de la Diputació de València que se han preparado para itinerar con posterioridad, aunque también se incluyen producciones pensadas desde su inicio para su itinerancia.

L'ETNO es un museo encargado de recopilar, investigar y compartir todas las manifestaciones nacidas de la cultura popular valenciana, con el objetivo de que las tradiciones, los usos y las costumbres de antaño perduren en un diálogo constante con la sociedad actual. No en vano, el museo fue reconocido como el mejor museo europeo de 2023, un galardón que refuerza la relevancia de su apuesta por llevar la cultura más allá de sus paredes.

"Compartir el extraordinario patrimonio etnológico valenciano con todo el territorio y reforzar el papel de los museos locales como espacios vivos de conocimiento" - Paco Teruel, diputado de Cultura de la Diputación de València

Macastre, un municipio que abre sus puertas al patrimonio compartido

Que una localidad como Macastre acoja una muestra de estas características no es un dato menor. El programa itinerante de L'ETNO existe precisamente para que el acceso al patrimonio cultural no dependa de la proximidad a una gran ciudad. El museo dispone de diversas exposiciones de temática etnológica y carácter itinerante para la divulgación de los trabajos de investigación y fuentes del museo fuera de su espacio. Cada municipio que abre sus puertas a una de estas muestras actúa, en cierto modo, como antena del museo: acerca el conocimiento a quienes no llegarían hasta Valencia para buscarlo.

Medio siglo de fiestas capturadas en imágenes, dispuestas ahora en las paredes de un centro cultural de interior, es una forma de recordar que la identidad valenciana no vive solo en las grandes celebraciones televisadas, sino también en las procesiones discretas, en los trajes heredados de generación en generación y en los rostros de quienes llevan décadas participando en rituales que, a ojos de cualquier fotógrafo de principios del siglo XX, merecían ser eternizados.