Hay canciones que no se escuchan: se pegan. Como el azúcar en los dedos, como un recuerdo que vuelve sin avisar, como ese estribillo que no se va ni queriendo. El artista valenciano Isaac Folch ha decidido llamar a eso “Chicle”, y no es solo un título: es una declaración de intenciones. Su nueva etapa musical mastica el electropop emocional de los 2000, lo estira, lo deforma y lo convierte en una burbuja sonora que, cuando explota, suena a verdad.
Isaac no llega con un disco cerrado bajo el brazo, sino con un proceso abierto, casi en tiempo real. Canciones que nacen, crecen y se comparten cuando aún laten. Y en ese gesto, íntimo, honesto, se encuentra el verdadero núcleo de Chicle: convertir lo personal en algo colectivo, lo vulnerable en algo bailable.
Este sábado 11 de abril a las 18:00, el Karaoke LaLa de Ruzafa será el escenario de esa explosión. Un concierto que va más allá de lo musical: una celebración pop con propósito. Porque todo lo que ocurra allí tendrá un eco real en forma de apoyo a la salud mental a través de ComitéVLC. Las entradas tendrán un precio de 12 euros para las 50 primeras (con refresco o cerveza) y de 15 euros sin consumición hasta completar aforo. Le acompañará la drag Arantxa Castilla-La Mancha y será presentado por Papo Princess.
Hablamos con él sobre su proyecto “Chicle”, el sonido de su nueva etapa y la forma en que convierte lo personal en una experiencia colectiva y en directo.
El concepto de “Chicle” tiene algo muy físico, como una idea de pop que se pega. ¿Cómo nace y qué significa para ti esta nueva etapa?
Bueno, empecé a reconocer un sonido en la música que no tenía tanto que ver con un estilo concreto, sino con una sensación: alegría. Algo que me recordaba a esas canciones del verano que se te quedaban. Ese tipo de música que se te pega.
Y dentro de ese “chicle” hay contraste: lo bailable con lo melancólico. ¿Cómo construyes eso?
Sale de forma muy natural. Creo que ahora me he atrevido a dar un paso más y jugar también con la comedia. Hablar de cosas complicadas pero disfrazarlas a través de un personaje —en este caso, el chicle— hace que el mensaje llegue mejor. No fue algo premeditado, simplemente ocurrió.
En “Sin tu amor” hay un viaje muy claro del dolor hacia cierta liberación. ¿Cómo llevas eso a una canción?
En ese caso no es una composición mía, es de Rafa Spunky y la interpretó La Prohibida. Pero tiene mucho que ver conmigo porque hay una idea de segunda oportunidad. Estoy recuperando canciones que me marcaron, dándoles una nueva vida, y eso también es una forma de sanar.
También estás publicando las canciones poco a poco, casi como capítulos. ¿Por qué?
Porque es más real. Antes podía hacer una canción y esperar meses para sacarla, y cuando salía ya no tenía nada que ver conmigo. Ahora prefiero compartir lo que me está pasando en ese momento. Es un disco que está en mi cabeza, pero que la gente está viviendo conmigo en presente.
Y a nivel sonoro, ese electropop con sintetizadores, muy envolvente… ¿cómo trabajas en el estudio?
Trabajo en casa, con mis teclados, probando sonidos. Es como una conversación: tú buscas algo, pero el sonido también te responde y te lleva a otros sitios. Con las letras pasa igual: hay canciones muy simples y otras que son un rompecabezas enorme.
Antes hablabas de canciones como “Disappear”, muy ligadas a lo personal. ¿Cómo influye la música en tu proceso emocional?
Totalmente. De hecho, volver a hacer música fue una recomendación terapéutica. Me ha dado mucha libertad. No me juzgo cuando creo, no pienso en cómo se va a recibir. Simplemente hago lo que siento en ese momento.
Y eso conecta directamente con el concierto benéfico. ¿Cómo se une lo personal con este directo?
Lo vivo mucho desde la infancia, como un juego. Pero también desde aceptar el error. Cuando te permites fallar, todo fluye mejor. Te olvidas de las expectativas y estás más presente.
El evento además es benéfico. ¿Por qué decidiste hacerlo así?
Porque hubo un momento en el que no encontraba la ilusión para hacerlo. Convertirlo en algo benéfico le dio sentido. Va más allá de un disco o de un concierto: es apoyarnos en comunidad.
¿Qué quieres que se lleve alguien que vaya a verte en directo?
Que se encuentre consigo mismo. Cada persona entenderá cosas diferentes según lo que haya vivido. Como esas películas que ves de pequeño y de mayor entiendes de otra forma. No todo el mundo tiene que entender todo en el mismo momento.


