Hubo un hombre que durante tres décadas movió los hilos de uno de los grandes bancos españoles, influyó en la economía del país, fundó empresas que aún hoy forman parte del paisaje industrial de España y, sin embargo, nunca tuvo una biografía completa. Hasta ahora. La editorial Magnànim, de la Diputació de València, acaba de publicar la primera biografía de Ignacio Villalonga Villalba (1895-1973), el político valencianista y banquero que dirigió el Banco Central durante treinta años y cuya vida, según el economista Joan Sardá, encarnó al mejor banquero español de su tiempo.
El libro, firmado por el ingeniero y escritor especializado en historia empresarial Alfonso Ballestero, se convierte en el número 44 de la colección de biografías del Magnànim. Su título es tan descriptivo como su contenido: Ignacio Villalonga Villalba (1895-1973). Político valenciano y destacado banquero. Una obra que, según admite el propio autor, nació con una dificultad añadida: los archivos personales y profesionales de Villalonga, custodiados en el Banco Central, desaparecieron misteriosamente durante su enfermedad y tras la trama de acoso que obligó a su hijo José Ignacio a apartarse de la entidad.
Una vida en dos actos
La trayectoria de Villalonga puede leerse como una novela de dos partes bien diferenciadas. Nació en Valencia el 13 de julio de 1895 en el seno de una familia burguesa dedicada al comercio de productos agrícolas. Se licenció en Derecho en 1914 en la Universidad bilbaína de Deusto y se doctoró por la Universidad Central de Madrid en 1916. Regresó a Valencia en 1917 y abrió su propio bufete, pero su verdadera pasión era otra.
Sus inquietudes políticas le llevaron a afiliarse en Joventut Valencianista, aunque al año siguiente fundaría la que sería la primera plataforma importante del valencianismo político, Unió Valencianista Regional. A lo largo de toda su vida militó en las filas del nacionalismo valenciano liberal y democrático. Fue diputado, presidente de la Cámara de Comercio de Valencia y llegó a ocupar, en un momento histórico extraordinariamente tenso, la gobernación general de Cataluña durante la suspensión de la Generalitat en 1934. Un político con ambición de estadista y una agenda cultural que pocos de sus contemporáneos combinaron con tanto éxito con la actividad financiera.
Pero la Historia truncó ese proyecto. Aunque su gran vocación fue la política, el advenimiento de la dictadura franquista le obligó a dedicar sus capacidades y energías al mundo financiero. En 1940 accedió al cargo de consejero delegado del Banco Central, y desde 1944 como presidente se dedicó con toda intensidad a esta entidad, que creció considerablemente durante su mandato. Treinta años al timón de uno de los grandes bancos del país.
"Este libro es una gran noticia para la sociedad valenciana, ya que recupera la trayectoria de uno de nuestros personajes más destacados del pasado siglo, director del Banco Central durante treinta años" - Paco Teruel, diputado de Cultura de la Diputació de València
El banquero que construyó empresas
La influencia de Villalonga en la economía española del siglo XX va mucho más allá de los balances bancarios. Desde sus cargos impulsó la creación del consorcio Bancor y fundó numerosas empresas como Eléctricas Leonesas, Saltos del Sil, Saltos del Nansa, la Compañía Española de Petróleos (Cepsa) y Dragados y Construcciones. A lo largo de este período adquirió también un buen contingente de bancos catalanes: el Banco Hispano Colonial, el Banco Comercial de Barcelona, Banca Marsans y Banca Arnús. Era, en definitiva, un constructor de estructuras económicas en una España que salía maltrecha de una guerra.
Bajo su gestión, el Banco Central se convirtió en una de las entidades de crédito más sólidas y de mayor crecimiento de España. No es poca cosa para alguien que, en el fondo, soñaba con hacer política regional. Cuando murió en otoño de 1973, después de cuatro años de enfermedad, acumulaba distinciones como la Gran Cruz de Isabel la Católica, la Legión de Honor Francesa y la medalla de oro de la ciudad de Valencia.
Una investigación sin archivos
Escribir la vida de Villalonga no fue sencillo. La desaparición de sus archivos personales y profesionales convierte a Ballestero en una suerte de detective histórico: buceó en las hemerotecas de Madrid, Valencia y Barcelona para reconstruir una existencia que otros, sorprendentemente, nunca habían abordado. El resultado es un exhaustivo estudio que se nutre de testimonios sobre la relación de Villalonga con Emilio Botín, de los hechos históricos que frustraron su carrera política con el estallido de la Guerra Civil, y de momentos como el homenaje multitudinario que le dedicó Valencia en 1956.
El prologuista del libro es Fernando Villalonga, sobrino nieto del protagonista, que condensa en pocas palabras la lección que dejó su tío abuelo: la de un hombre convencido de que la identidad propia no es un obstáculo para la proyección nacional, sino precisamente su condición.
"No se puede ser buen español si no somos íntima y profundamente valencianos" - Ignacio Villalonga Villalba, político y banquero valenciano
El autor: un ingeniero con vocación de historiador
Alfonso Ballestero Aguilar (Madrid, 1944) es ingeniero de Minas por la Universidad Politécnica de Madrid. Su carrera profesional transcurrió entre la industria petrolífera internacional, con destinos en Venezuela, Libia, Kuwait y Dubai, y puestos directivos en entidades como el INI, Hispanoil, BP España o Repsol. Entre 1982 y 1984 dirigió Astilleros Españoles, S.A. Pero paralelamente a esa trayectoria ejecutiva, Ballestero construyó otra carrera como cronista de la historia empresarial española, con títulos como Juan Antonio Suanzes (1993), José Mª Oriol y Urquijo (2014) o Pablo Garnica Echevarría (2023). La biografía de Villalonga es su última entrega en esa serie de retratos de figuras clave de la economía española contemporánea.
Con esta publicación, el Magnànim no solo amplía su catálogo de historia contemporánea, sino que devuelve a la memoria colectiva a un personaje que, pese a haber dejado una huella profunda en la política, la banca y la cultura de la España del siglo XX, permanecía inexplicablemente en la penumbra historiográfica. La biografía de Villalonga llega como un recordatorio de que comprender el presente económico del país exige, a veces, mirar hacia atrás y recuperar a quienes lo construyeron desde la discreción del despacho y el convencimiento de sus raíces.


