Hay instituciones que guardan en sus salas algo más que objetos: guardan el rastro de cómo la humanidad aprendió a pensar en voz alta. El Museo de la Imprenta y de las Artes Gráficas de El Puig es una de ellas. Y ahora, la Generalitat Valenciana ha dado un paso formal para estrechar su vínculo con ese legado, al incorporar a Ignacio Prieto, director general de Cultura de la Conselleria de Educación, Cultura y Universidades, al Senado de esa institución. El nombramiento se aprobó por unanimidad durante el XXIV Capítulo de la Asociación del Senado del Museo de la Imprenta, celebrado en el propio recinto del museo, enclavado en el Real Monasterio de Santa María de El Puig.
Un museo que es el primero de España y el segundo de Europa
No es un detalle menor el escenario elegido para este acto. El Museo de la Imprenta y de las Artes Gráficas de El Puig tiene el honor de ser el museo de la imprenta más importante de España y el segundo de Europa, solo superado por el Museo de Gutenberg de la ciudad de Maguncia, en Alemania. Una distinción que adquiere todo su peso cuando se recorre el espacio: en sus diferentes salas se puede encontrar todo tipo de maquinaria antigua, libros, grabados y facsímiles para conocer la historia de la imprenta a través de la Sala Gutenberg, la Sala con la Historia de la Imprenta, la Sala de las Artes Gráficas, la Sala de las Artes Impresas y la Sala de la Difusión.
Fundado en 1986 por el impresor Ricardo J. Vicent y abierto oficialmente en 1987, nació por iniciativa de quien reunió una importante colección de maquinaria e instrumentos relacionados con la imprenta y las artes gráficas, muchos de ellos pertenecientes a su propia familia. En el año 2000, el museo fue donado a la Generalitat Valenciana, que llevó a cabo una remodelación y reinauguración en 2008. Hoy, entre sus piezas más destacadas, figura una réplica de prensa de madera muy similar a la que utilizaron Gutenberg, Jacob Vizlant o Lambert Palmart en el siglo XV. Un objeto que, visto en persona, obliga a pensar en todo lo que cambió cuando las ideas dejaron de copiarse a mano.
Un nombramiento que llega por propuesta unánime
La junta directiva del Senado del Museo de la Imprenta propuso el nombramiento a instancias de los senadores Enrique Fink y Antonio García, y fue aprobado por unanimidad. La designación se entiende como un reconocimiento expreso a la labor de la Generalitat en favor del libro, la lectura, la creación literaria, la industria editorial y la conservación del patrimonio documental valenciano. No se trata, por tanto, de un gesto meramente protocolario, sino del reconocimiento de una trayectoria institucional concreta.
La Conselleria de Cultura considera que la preservación de este patrimonio conecta directamente con las competencias que ejerce la Dirección General de Cultura: el fomento de la lectura, el apoyo al sector editorial, la promoción del libro valenciano, el impulso de las bibliotecas y la difusión del patrimonio bibliográfico. La incorporación de Prieto al Senado busca, en última instancia, reforzar los vínculos entre la administración autonómica y una entidad que comparte sus objetivos estratégicos.
La imprenta como hilo conductor de la memoria colectiva
Resulta difícil sobrevalorar lo que representó la imprenta en la historia de la cultura occidental. El museo muestra el papel esencial que la Comunitat Valenciana desempeñó en la introducción del papel y el posterior desarrollo de la imprenta en España, con las implicaciones de tipo cultural y económico que ello comportó. Una historia, por cierto, que no se limita al pasado: desde antiguas prensas de tipos móviles hasta modernas impresoras digitales, el museo muestra la evolución tecnológica de la industria gráfica y cómo esto ha influido en la forma en que se produce y distribuye la información.
La presencia de la Generalitat en los órganos de representación simbólica del museo evidencia el respaldo institucional a una institución que funciona como referente para investigadores, profesionales del libro, estudiantes y cualquier ciudadano curioso por entender de dónde viene la palabra impresa. En un momento en que la lectura digital y los nuevos formatos redefinen el ecosistema del libro, apostar por preservar y difundir los orígenes de la cultura impresa no es nostalgia: es política cultural con perspectiva.


