Carmen Michavila: "Mi padre no habría sido igual de feliz pintando si hubiera tenido que marcharse a otro país"

La Fundación Bancaja celebra el centenario de Ximo Michavila con una retrospectiva de cerca de un centenar de obras que recorre seis décadas de trayectoria y descubre las múltiples facetas del artista valenciano

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De izq. a dcha. Rafael Alcón, Carmen Michavila y Juan Manuel Bonet (1)
De izq. a dcha. Rafael Alcón, Carmen Michavila y Juan Manuel Bonet (1)
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La Fundación Bancaja conmemora el centenario del nacimiento de Ximo Michavila con una retrospectiva que recorre seis décadas de trayectoria artística. Comisariada por Juan Manuel Bonet, la exposición reúne cerca de un centenar de obras que permiten descubrir la evolución del artista valenciano desde la figuración de sus primeros años hasta la geometría, la abstracción paisajística vinculada a la Albufera y sus composiciones inspiradas en la música.
El recorrido recupera también facetas menos conocidas, como su trabajo mural y su labor como escenógrafo teatral. En la presentación, Carmen Michavila, hija del artista, defendió la importancia de mostrar todas las dimensiones creativas de su pade.  Hablamos con ella sobre el proceso de construir este retrato completo, la curiosidad que llevó a Ximo Michavila a explorar distintos lenguajes artísticos, su vínculo con la Albufera y la importancia de preservar su legado. A lo largo de la conversación, Carmen habla con el respeto y el cariño de quien conoce al artista desde la intimidad familiar, pero también con la voluntad de reivindicar una trayectoria que, más allá de sus paisajes más reconocibles, todavía tiene mucho que ofrecer al público. 

Carmen Michavila en la presentación de la exposición en Fundación Bancaja
Carmen Michavila en la presentación de la exposición en Fundación Bancaja

En la presentación dijisteis que queríais mostrar un «Michavila total». ¿Qué era lo más importante que queríais que el público descubriera de tu padre con esta exposición?

Lo más importante era que se viera su evolución desde los años cincuenta hasta su última serie Contrapunto.

Ahí se mezclan su capacidad creativa y técnica, con el afán de descubrir, y la curiosidad que, en mi opinión, debe tener un artista, junto al conocimiento, la emoción y el pensamiento.

Mi padre experimentó casi todo, era muy creativo, y esa faceta múltiple es lo que queríamos mostrar. El comisario Juan Manuel Bonet ha querido poner en valor, que también realizó gran cantidad de murales en diferentes técnicas y espacios, así como en escenografías teatrales. Creo que todo eso es lo que el gran público no conoce.

¿Ha habido alguna obra o alguna etapa de tu padre que hayáis redescubierto durante este proceso?

En mi caso, no demasiado, porque en casa se comentaban muchas cosas a la hora de comer y cenar. Conocía muchos nombres de personas que habían colaborado con él. También venía mucha gente a casa a tomar café y hablar de sus proyectos conjuntos. Era una casa en la que se compartían muchas cosas. Igual que su estudio, en algún momento, se convirtió en lugar de encuentro.

Es verdad que, cuando eres joven, hay aspectos que no llegas a conocer. Hemos redescubierto alguna cosa interesante, y hemos descubierto otras que no imaginaba que existieran, como un mural detrás de un muro. La gente nos escribía enseñando cosas que buscábamos y otras que no sabíamos que existían.

Ha sido un viaje increíble.

La muestra reúne obras inéditas y piezas que permiten entender mejor su evolución. ¿Hay alguna que tenga para ti un significado especial o que pueda cambiar la forma de interpretar su obra?

Hay algunas obras que, como hija y conocedora de su trabajo, interpreto como parte de la transición del constructivismo a El Llac. Algunas piezas de esta serie siguen siendo muy geométricas, y eso permite ver cómo se produce la evolución.

Los pintores van encontrando cosas por el camino. Yo siempre digo que el cuadro tiene una vida oculta y a veces va solo, a su aire. Cuando tienes dos ideas, una que estás dejando atrás porque necesitas pensar y reflexionar, y otra que empieza a surgir, aparecen obras que te llevan de un sitio a otro de forma lógica.

 

Vista exposición 'Ximo Michavila. Centenario (1926 2026)' (4) (1)
Vista exposición 'Ximo Michavila. Centenario (1926 2026)

Tu padre pasó de la figuración a la geometría y después a una abstracción más libre. ¿Lo vivías como una persona que necesitaba cuestionarse constantemente y explorar nuevos caminos?

Sí. Pienso que un artista tiene que plantearse dudas, escribir, pensar…el pensamiento crítico da lugar a la obra, y la misma obra ilumina a veces esas reflexiones.

Debe seguir y seguir pintando “el cuadro de su vida”. Pero una vez que crees que lo has encontrado, ¿para qué continuar? Por eso seguimos siempre buscando. De manera casi obsesiva. Es nuestro destino como artistas. También lo supo ver así mi padre.

Eso requiere concentrarse en el estudio, dejarte llevar un poco por la intuición, el análisis y pensar cuál será el siguiente paso del cuadro (que como he dicho antes, a veces va solo…)

También puede ocurrir, como le ocurrió mi padre, que haya un cambio brusco debido a un problema de salud, que te impida continuar con la historia que estabas trabajando. Entonces tienes que romper con casi todo. En su caso el médico le dijo: «Pinta como si no hubieras pintado nunca…”

Cuando eso ocurre, se suele volver al paisaje, seguramente de obras de juventud. En la exposición se pueden ver ejemplos de ese volver, a territorios emocionalmente inacabados. Ese paisaje puede ser exterior, interior o imaginario. El paisaje es lo que nos envuelve siempre, aunque a veces pensamos únicamente en montañas, el cielo o el mar, también puede ser algo que tienes delante de ti a diario, y que al fin es tu paisaje interior.

La Albufera terminó convirtiéndose en uno de los grandes ejes de su obra. ¿Qué crees que tenía ese paisaje para que nunca dejara de inspirarlo? ¿Pintaba lo que veía o también lo que sentía y recordaba?

Un poco de todo. Mi padre se crio en parte en la Marjal del Moro, en la zona de Sagunto. Él se había criado en aquel entorno, donde había patos y un paisaje que era otra albufera. Pienso que aquello le llenó el espíritu de ganas de volver a una infancia feliz.

Después, la Albufera, El Llac, también tuvo algo de reivindicación. Es muy bella al atardecer, pero tenía ese punto maldito: los pintores no iban allí a trabajar por las enfermedades que generaban los mosquitos.

Hay pocas obras de pintores importantes, como Sorolla, que de forma aislada pintaron la belleza del lugar, pero nadie la había abordado como un tema en sí mismo, y nunca con la visión abstracta que él aportó.

Mi padre vio un lugar maravilloso que había que reivindicar de alguna manera.

En la serie Contrapunto trasladó a la pintura referencias musicales. ¿Qué encontraba en la música que necesitaba expresar también a través de los pinceles?

En casa siempre se escuchó muchísima música. Mis abuelos eran muy aficionados y tenían una radio y tocadiscos enorme con cajones llenos de discos de música clásica. Mi madre era soprano y mis padres se conocieron en la Coral Polifónica Valentina: ella era la solista y mi padre cantaba en la cuerda de bajos.

Yo también fui al conservatorio y era contralto. Antonio Díaz Zamora, que era el director de escena con el que tanto compartió, era tenor. Así que en casa llegábamos a cantar a cuatro voces. La música era una forma de relacionarnos y una manera de ver el mundo.

Cuando mi padre conoció a mi madre, su interés por la música aumentó todavía más. Ella había estudiado toda su carrera en el conservatorio de Valencia, pasó varios años en Madrid, y se especializó el Lied.

Juntos iban todos los lunes al teatro Principal, donde la Sociedad Filarmónica a la que pertenecían, ofrecía magníficos conciertos, y creo la única oportunidad de escuchar clásica en la ciudad.

Para mi padre, la música era esencial. Le gustaba escuchar sobre todo clásica. Pero también John Cage y otros contemporáneos. También amigos como Llacer Pla, Luis de Pablo etc. A mí me compraba discos en mis años adolescentes, y con ellos descubrí muchos autores interesantes. Todo lo que tenía calidad le motivaba. Siempre pintaba con música, siempre.

Tu padre compaginó durante muchos años la creación con la enseñanza. ¿Cómo era en esa faceta? ¿Era de los que explicaban sus cuadros o prefería dejar que cada uno encontrara su propia interpretación?

Mi padre fue docente en la Escuela Superior de Bellas Artes y en Magisterio. Cuando consiguió la cátedra de Magisterio, tuvo que dejar Bellas Artes porque era incompatible.

En Bellas Artes disfrutó mucho con una asignatura llamada Dibujo Decorativo, relacionada con lo que hoy entendemos como diseño gráfico: portadas de discos, portadas de libros y otras aplicaciones. Allí tenían mucha libertad y nunca ponía trabas a sus alumnos. Les orientaba para que buscaran su propio camino, volviendo a lo que el defendía sobre la creatividad.

En Magisterio era diferente, porque sus alumnos tenían que prepararse para enseñar generalmente a niños. Aun así, mi padre intentaba introducir métodos nuevos en la enseñanza artística. En los años sesenta creó un taller audiovisual en la escuela de Magisterio, con un grupo de profesores y alumnos interesados en ese campo, que empezó a hacer cine y otros trabajos experimentales.

Recuerdo algo muy bonito de casa: ponía una flor cerrada en una habitación, colocaba una cámara de fotos que iba funcionando durante horas, hasta que la flor se abría. Después se podía ver el proceso como si fuera una película a cámara lenta.

Nos hacía muchísima ilusión experimentar con aquellas cosas.

Era una forma de aplicar métodos nuevos a una enseñanza que a veces era demasiado clásica y poco experimental. Mi padre abrió muchas ventanas de aire fresco para los maestros.

 

Vista exposición 'Ximo Michavila. Centenario (1926 2026)' (2) (1)
Vista exposición 'Ximo Michavila. Centenario (1926 2026)'

El archivo personal de tu padre, con fotografías, cartas y documentos, ya forma parte del patrimonio público valenciano. ¿Qué significa para ti que ese legado pueda ayudar a investigadores y a nuevas generaciones a descubrirlo?

Me parece una de las mejores cosas que hemos hecho. Por una parte, está la conservación física de los documentos, pues el papel es muy frágil. Por otra, que esté al alcance de historiadores, investigadores y personas interesadas en su vida y su trabajo, nos pareció la mejor idea.

Creo que es importante que todo ese material pueda consultarse y que la gente tenga acceso a él.

Después de tantos años conociéndolo como padre y ahora contribuyendo a reivindicarlo como artista, ¿qué te gustaría que el público comprendiera de él al salir de esta exposición? Y, si pudieras recorrerla con él, ¿qué te gustaría contarle?

Me gustaría contarle todo lo que está ocurriendo, tanto en la vida familiar como en su centenario. Él expuso en la Fundación Bancaja celebrando sus “50 años de pintura” y se alegraría con la idea de celebrar los 100 en el mismo lugar. Creo que, cuando se van, algo de ellos queda entre nosotros, y de alguna forma nos guía en las decisiones que hemos tomado en la exposición.

En cuanto a lo que me gustaría que el público comprendiera, recuerdo algo que dijo el comisario: “..Michavila es la fidelidad a sí mismo, a la pintura y a su tierra.”

Creo que mi padre no habría sido igual de feliz pintando si hubiera tenido que marcharse a otro país y dejar atrás a su familia, a sus amigos y todo lo que formaba parte de su vida.

Todo eso influye en la obra. La vida de mi padre fue sencilla, sincera, cálida y humana, además de ser un gran intelectual, y creo que todo eso está muy presente en la exposición.

Quisiera añadir el enorme agradecimiento a la Fundación Bancaja, a su presidente Rafael Alcón, y a todo el equipo que han hecho lo imposible para que esta exposición tan maravillosa fuera posible. también a todos los prestadores, que han tenido que separarse de sus cuadros. Sin ellos no hubiera sido posible esta gran exposición.

Y un agradecimiento especial para el comisario Juan Manuel Bonet. No podía ser nadie mejor que él, para alcanzar la altura y relevancia, que su buen hacer ha conseguido dar a esta exposición del gran pintor que fue Ximo Michavila, mi padre.