Blanca de la Torre (IVAM): "Los museos no solo deben conservar el pasado, también tienen que ayudar a imaginar el futuro"

La directora sitúa la sostenibilidad, la inclusión y la accesibilidad entre los grandes retos de las instituciones culturales del siglo XXI

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Blanca de la Torre, directora del IVAM
Blanca de la Torre, directora del IVAM
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Hace poco más de un año que Blanca de la Torre (León, 1977) asumió la dirección del Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) con un proyecto que planteaba una idea clara: devolver la colección al centro del museo, reforzar su dimensión internacional y convertir la institución en un espacio más permeable, accesible y conectado con los grandes retos sociales y medioambientales de nuestro tiempo.

Ese proyecto se materializa con 'La Colección del IVAM hasta hoy', la primera exposición permanente del museo en dos décadas. Un recorrido de más de 500 obras que recupera algunas de las piezas más emblemáticas de sus fondos y propone nuevas lecturas a través de itinerarios temáticos, una museografía sostenible y un planteamiento pensado tanto para especialistas como para quienes se acercan por primera vez al arte contemporáneo.

Pero la nueva permanente es solo una parte de una transformación más amplia. En esta conversación, Blanca de la Torre repasa el proceso de construcción de la exposición, explica cómo evolucionará la colección en los próximos años, aborda la política de adquisiciones del IVAM, reflexiona sobre el papel de las mujeres artistas, la sostenibilidad o la accesibilidad y avanza algunas de las líneas que marcarán el futuro del museo. Todo ello con una idea que atraviesa buena parte de su proyecto: entender el IVAM como un "museo anfibio", capaz de conectar patrimonio, territorio, investigación y ciudadanía.
 

El IVAM acaba de inaugurar su primera exposición permanente en dos décadas, un proyecto que sitúa la colección en el centro del museo. ¿Por qué era importante dar este paso precisamente ahora y qué supone para el futuro de la institución?

En realidad, la exposición permanente ya formaba parte del proyecto que presenté al concurso de dirección. Desde el principio tenía claro que la colección debía volver a convertirse en el epicentro del museo. No solo necesitaba un espacio estable donde mostrarse, sino que también quería que el resto de la programación, incluidas las exposiciones temporales, dialogara con ella.

No me interesa esa idea de museo en la que la colección permanente y las temporales funcionan como compartimentos estancos. Un museo no es un centro cultural. El patrimonio debe entenderse como un todo, como un relato conectado.

El IVAM posee una colección extraordinaria. De hecho, la pena es disponer de tan poco espacio para mostrarla. Estamos hablando de unas 500 obras expuestas frente a más de 14.000 que permanecen en los almacenes. Además, la colección se ha construido con una coherencia poco habitual a lo largo de las distintas direcciones que ha tenido el museo y eso hoy se percibe claramente.

También quería que convivieran esas piezas icónicas que todo el mundo identifica con otras obras quizá menos conocidas, pero igual de importantes para comprender la historia del arte moderno y contemporáneo. Y, sobre todo, quería que cualquier persona pudiera disfrutar de esta colección sin necesidad de tener conocimientos previos.

Hemos buscado que la exposición tenga diferentes niveles de lectura. Quien conoce muy bien el arte contemporáneo puede descubrir piezas o documentos poco habituales, mientras que quien entra por primera vez encuentra un recorrido muy accesible, con introducciones didácticas, cartelas ampliadas y un relato pensado para contextualizar cada periodo.

No creo que haya que tener miedo a explicar la historia del arte. Al contrario. Me parece importante recuperar ese carácter pedagógico, pero al mismo tiempo ofrecer otras lecturas que permitan entender que, junto a la gran Historia del Arte, también existen muchas historias más pequeñas que merecen ser contadas.

La selección reúne más de 500 obras y propone un recorrido cronológico combinado con distintos itinerarios temáticos. ¿Qué criterios han guiado la construcción de ese relato?

La idea de combinar un recorrido historiográfico con otros itinerarios alternativos ya estaba presente en mi proyecto inicial. Siempre me ha interesado experimentar con diferentes formatos curatoriales y otorgar un papel más activo al visitante.

En este caso queríamos ofrecer ambas posibilidades: quien prefiera seguir una lectura cronológica puede hacerlo, pero también existe la opción de recorrer la exposición desde otros cuatro grandes ejes: los cromatismos, las ecologías, las identidades y los conflictos.

Ese modelo híbrido me parecía especialmente interesante porque permite entender que una colección no tiene una única lectura. Cada visitante puede construir su propio recorrido y establecer relaciones entre obras de épocas muy distintas.

Para facilitarlo hemos incorporado recorridos señalizados, códigos QR y guías específicas. Además, todos esos itinerarios se han desarrollado junto a Plena Inclusión, incorporando también versiones en lectura fácil.

La accesibilidad no puede ser un añadido. Tiene que formar parte del proyecto desde el principio. A veces pensamos que un diseño es mejor cuanto más sofisticado resulta visualmente, pero creo que el buen diseño también debe ser comprensible e inclusivo.

La Colección del IVAM hasta hoy © Miguel Lorenzo IVAM
La Colección del IVAM hasta hoy © Miguel Lorenzo IVAM


Has explicado que esta colección estará viva y que irá evolucionando con el tiempo. ¿Cómo será ese proceso de renovación?

Cuando hablo de una colección permanente me refiero a que estas salas estarán siempre dedicadas a la colección, no a que las obras permanezcan invariables.

Habrá movimiento por varias razones. La primera tiene que ver con los préstamos internacionales. Nos interesa que las obras del IVAM sigan viajando y estén presentes en museos de todo el mundo. Por ejemplo, el Lee Krasner que ahora puede verse aquí viajará próximamente al Metropolitan Museum de Nueva York.

Eso obliga a replantear el recorrido y sustituir temporalmente determinadas piezas por otras que mantengan el discurso expositivo.

Además, queremos invitar a diferentes agentes del ámbito del arte y la cultura a activar la colección desde nuevas perspectivas. Artistas, comisarios, investigadores o profesores podrán proponer sus propias lecturas y generar recorridos alternativos dentro de la exposición.

También queremos que otras colecciones dialoguen con la nuestra mediante préstamos puntuales y desarrollar pequeñas cápsulas expositivas dedicadas a artistas o temas concretos que permitan profundizar en determinados aspectos de la colección.

La colección sigue creciendo y uno de los ejes de esta nueva etapa pasa por reforzarla. Teniendo en cuenta que has hablado de esos "vacíos" que existen en toda colección, ¿cómo es hoy el proceso de adquisición de obras del IVAM y qué aspectos pesan más a la hora de incorporar nuevas piezas?

Desde hace mucho tiempo estamos realizando un estudio muy profundo de los vacíos de la colección. Una vez identificadas esas ausencias, analizamos qué artistas y qué obras son realmente necesarias para completar el relato del IVAM.

Es evidente que uno de los grandes desequilibrios históricos tenía que ver con la presencia de mujeres artistas. Muchas de esas lagunas corresponden precisamente a creadoras fundamentales que no estaban representadas o cuya presencia era insuficiente.

En ese primer bloque de adquisiciones, por ejemplo, incorporamos dos figuras esenciales de la vanguardia europea vinculadas también a España como María Blanchard y Olga Sacharoff. Ambas pueden verse ya en la exposición permanente y, además, sus obras pertenecen a un momento clave como es 1925.

Otro de los periodos que hemos estudiado especialmente son los años sesenta y setenta. Ahí hemos incorporado piezas muy relevantes de Concha Jerez, así como obras de Lola Bosshard o Ana Peters. En este último caso ya contábamos con obra de la artista, pero necesitábamos incorporar una de las piezas que considero fundamentales dentro de su trayectoria, una pintura de los años sesenta que puede entenderse como una de las primeras obras abiertamente feministas realizadas en España.

Al final no se trata de completar nombres como si estuviéramos llenando un álbum de cromos. Lo importante es identificar qué piezas son realmente esenciales, tanto de artistas que todavía no estaban presentes como de aquellas que ya formaban parte de la colección, pero de las que faltaban obras clave.

Otra línea fundamental es la relación con el territorio. Prestamos una atención especial a los artistas valencianos y también a las galerías de la Comunitat Valenciana. Damos prioridad a trabajar con ellas porque creemos que realizan un trabajo extraordinario y forman parte del ecosistema artístico que queremos fortalecer.

Al mismo tiempo buscamos un equilibrio entre lo valenciano, lo nacional y lo internacional; entre artistas jóvenes, de media carrera y figuras plenamente consolidadas. Me interesa especialmente recuperar creadoras que durante décadas no recibieron el reconocimiento que merecían, pero también incorporar grandes nombres que todavía siguen en activo y cuya trayectoria ya forma parte de la historia del arte.

Junto a todo ello aparece otra línea que será cada vez más visible en la colección: la sostenibilidad, la ecología y la recuperación de materiales, tradiciones y oficios vinculados al territorio mediterráneo.

IVAM
Tania Candiani. Radix. Exposición comisariada por Blanca de la Torre 

Más allá de la colección permanente, ¿cómo afronta el IVAM la nueva temporada cultural y qué líneas marcarán la programación de los próximos meses?

Todavía no puedo adelantar la programación completa porque la presentaremos oficialmente más adelante, pero sí puedo decir que vienen proyectos muy importantes.

Inauguraremos la exposición de Regina de Miguel, que nos llevará a un museo casi galáctico, muy relacionado con la ciencia ficción y con la posibilidad de imaginar futuros posibles. También presentaremos la gran intervención de Joana Vasconcelos, Premio Julio González, que está realizando una pieza específica para el IVAM.

Y en octubre llegará otra exposición muy especial: Melanie Smith, comisariada por Elena Chávez MacGregor, un proyecto que abordará cuestiones relacionadas con los ajolotes, el caracol púrpura y la relación entre naturaleza, cultura y territorio.

Has defendido en numerosas ocasiones que los museos también deben asumir un papel activo frente a la crisis climática. El IVAM forma parte de la red de refugios climáticos. ¿Cómo cambia el museo durante los meses de verano y qué papel desempeña en ese sentido?

Para mí es esencial unir la producción cultural con la acción climática. Las instituciones culturales no pueden vivir al margen de sus responsabilidades ecosociales.

El IVAM forma parte de la red de refugios climáticos y ofrece espacios de descanso gratuitos, puntos de agua, la biblioteca familiar, la sala infantil, la sala blanda o el Rincón de Luz y Color. Pero, además, creo que las propias exposiciones también pueden convertirse en refugios.

Un buen ejemplo es Radix, de Tania Candiani. La exposición invita a adentrarse en un mundo subterráneo poblado por raíces, plantas, sonidos y criaturas fantásticas. Hay visitantes que nos dicen que salir de ella resulta casi terapéutico.

Más allá del refugio climático, tiene algo de refugio emocional. Es una experiencia muy inmersiva y mucha gente nos comenta que sale relajada, como si hubiera desconectado durante un rato del ritmo cotidiano.

Hablando precisamente de los visitantes, ¿cómo escucháis al público? ¿Qué impresiones estáis recibiendo desde la inauguración de la nueva exposición permanente?

Tenemos un contacto muy directo con quienes visitan el museo. Recibimos comentarios todos los días y, afortunadamente, hasta ahora están siendo muy positivos.

Además, organizamos muchas actividades, inauguraciones y encuentros que nos permiten conversar con el público de forma constante. Tenemos comunidades que llevan años vinculadas al IVAM y que participan prácticamente en toda la programación. Ese diálogo continuado es muy emocionante porque permite comprobar cómo el museo forma parte de la vida de muchas personas.

En toda esta programación se perciben líneas muy definidas, como el feminismo, la sostenibilidad o la relación entre arte y ecología. ¿Cuánto hay de Blanca de la Torre en el IVAM de hoy y cuánto había ya antes de su llegada?

Me gusta pensar que toda la programación refleja de alguna manera mi forma de entender los museos. De hecho, es uno de los comentarios que más escucho de personas que conocían mi trayectoria: que se nota que estoy aquí.

Hay líneas que atraviesan prácticamente todos los proyectos, como los feminismos, las ecologías o la manera de entender el museo desde una perspectiva mucho más sistémica. Pero me interesa que esos cambios no se queden únicamente en el plano discursivo o en la programación expositiva, sino que formen parte del funcionamiento de la institución.

Cuando entiendes la relación entre el arte y las ecologías como algo estructural, ya no se trata únicamente de organizar exposiciones sobre medio ambiente, sino de incorporar esa mirada a la manera de producir, de trabajar y de relacionarte con el territorio.

Ahora bien, también sería injusto decir que todo empieza conmigo. Había muchas cosas que ya funcionaban muy bien en el IVAM y que he querido reforzar. Pienso, por ejemplo, en los programas públicos, en el trabajo con las familias, en la dimensión social del museo o en proyectos como la sala para bebés o la sala blanda. Ese interés por el museo como espacio de encuentro ya existía y yo simplemente he recogido ese testigo para seguir desarrollándolo desde mi propia mirada.

IVAM
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Otro de los objetivos que se ha marcado para esta etapa es reforzar la proyección internacional del museo. ¿Cómo está siendo esa relación con otras instituciones desde su llegada al IVAM?

Está siendo realmente muy positiva. Estamos ampliando mucho la red de colaboradores y desarrollando convenios con instituciones tanto nacionales como internacionales.

Acabamos de poner en marcha una colaboración a largo plazo con la Fondazione Sandretto Re Rebaudengo, que va mucho más allá de una exposición puntual. Compartimos muchas líneas de trabajo y nos interesa consolidar ese puente con Italia y, en general, con el ámbito mediterráneo.

Al mismo tiempo estamos desarrollando colaboraciones con instituciones como el MOCA de Los Ángeles y con otros museos internacionales que todavía no podemos anunciar. La voluntad es que el IVAM esté cada vez más presente en esa red internacional de instituciones con las que compartir proyectos, investigaciones y colecciones.

También forma parte de esa estrategia que nuestras obras viajen. Que piezas del IVAM puedan verse en grandes museos internacionales significa que la colección gana visibilidad y que el museo sigue ocupando el lugar que le corresponde dentro del panorama artístico.

¿Qué imagen te gustaría que se llevaran del IVAM tanto las instituciones nacionales como las internacionales? Si tuvieras que resumirla en una idea, ¿cuál sería?

Me gustaría que el IVAM siguiera siendo reconocido como una de las grandes instituciones de referencia del arte moderno y contemporáneo, porque ese pasado forma parte de su identidad y no debemos olvidarlo.

Pero, al mismo tiempo, quiero que también se perciba como una institución de futuro, capaz de pensar cuestiones como la sostenibilidad, la accesibilidad, la inclusión o los nuevos modelos de convivencia desde el ámbito de la cultura.

Los museos tienen un papel muy importante a la hora de imaginar los futuros que queremos construir. No pueden limitarse únicamente a conservar el pasado; también deben ayudar a pensar el presente y el mundo que queremos habitar.

Me gustaría que el IVAM aunara esas tres dimensiones: pasado, presente y futuro. Que mantenga el prestigio que siempre ha tenido como museo de referencia, pero que al mismo tiempo sea reconocido por su capacidad para abrir nuevas líneas de trabajo y afrontar los retos del siglo XXI.

Has definido el IVAM como un "museo anfibio", una idea que ha repetido en varias ocasiones desde su llegada. ¿Qué significa exactamente ese concepto?

Es una metáfora que me gusta muchísimo. Los anfibios son organismos capaces de transportar materia y energía entre el agua y la tierra. En cierto modo, creo que un museo también debería cumplir esa función.

Un museo no solo transporta obras de arte. También transporta memorias, relatos, sensibilidades, afectos, conocimientos y formas distintas de mirar el mundo.

Me gusta pensar el IVAM como un museo permeable, capaz de establecer conexiones constantes entre el patrimonio, el territorio, las personas y las prácticas artísticas. Un museo abierto, poroso, que dialogue con su entorno y que entienda la cultura como una herramienta para construir una sociedad más crítica, más inclusiva y más habitable.

 

Blanca de la Torre, directora del IVAM ©Miguel Lorenzo
Blanca de la Torre, directora del IVAM ©Miguel Lorenzo