Una cisterna medieval que sobrevivió al derribo de un palacio señorial y a la Guerra Civil renace gracias a 210.000 euros de la Diputación de València

La Diputación de València financia con 210.000 € la restauración de la cisterna medieval de Alberic, refugio antiaéreo en la Guerra Civil.

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Sobrevivió a la demolición del palacio señorial que la cobijaba, sirvió de refugio antiaéreo durante la Guerra Civil y aguardó décadas enterrada en el olvido. Ahora, la cisterna medieval de Alberic —uno de los espacios patrimoniales más singulares de la Ribera Alta valenciana— se prepara para recuperar su protagonismo gracias a una inversión de 210.000 euros aprobada por la Diputación de València.

Un único superviviente de siglos de historia

La historia de esta cisterna es, en cierto modo, la historia del propio municipio. Fue construida en la época medieval, a la vez que el castillo o palacio de la plaza Mayor, y desde entonces ejerció de infraestructura colectiva para toda la población. A diferencia de otras villas del entorno, las murallas de Alberic solo envolvían la fortaleza central —no el conjunto del pueblo—, un detalle que ya en el siglo XIII refleja la singularidad de un territorio gobernado bajo un señorío con vasallos musulmanes.

Con la conquista de Jaume I y la posterior expulsión de los moriscos, los nuevos pobladores cristianos no solo mantuvieron la cisterna, sino que construyeron una acequia específica desde la Acequia Real del Júcar para hacer potable el agua del depósito. El depósito se llenaba dos veces al año, después de la siega del arroz y la limpieza de las acequias, y aun así el agua continuaba siendo turbia y era necesario dejarla asentar y filtrarla para conseguir una mínima salubridad. La cisterna contaba con una fuente de seis chorros donde la gente podía llenar los cántaros por dos céntimos. Un servicio público avant la lettre en el corazón de la Ribera Alta.

Entre los siglos XVII y XVIII se documentan pruebas del uso continuo del espacio: propuestas para iluminarla de noche, gastos de mantenimiento sufragados con ingresos municipales... La cisterna era, entonces, algo parecido a lo que hoy llamaríamos un servicio esencial. El palacio señorial que la albergaba, sin embargo, no corrió la misma suerte. En 1855, ante los ojos de los vecinos de Alberic, el Palau de los Duques del Infantado vivió sus últimas horas. El palacio señorial del siglo XIII, símbolo de la opresión feudal, cayó tras una lucha jurídica de más de 80 años por la independencia del municipio. Solo se salvó de aquella demolición la cisterna, arrendada en subasta pública a partir de ese momento.

Del agua al refugio: la Guerra Civil bajo tierra

Si la cisterna ya acumulaba siglos de historia cuando llegó el siglo XX, la Guerra Civil le añadió un nuevo capítulo. La estructura subterránea, que había abastecido de agua a generaciones de vecinos, se convirtió en refugio antiaéreo para la población civil. Con una extensión aproximada de 500 metros cuadrados, es una de las mayores cisternas existentes en la Comunitat Valenciana. Ese volumen, que en otro tiempo almacenó el agua del Júcar, bastaba para proteger a decenas de personas de los bombardeos.

Es esa acumulación de usos —depósito de agua, infraestructura colectiva, refugio de guerra, memoria viva— lo que convierte a este espacio en algo más que un simple elemento arqueológico. "Es una infraestructura que explica cómo se han organizado históricamente los vecinos del pueblo y un símbolo identitario", resume la vicepresidenta de la Diputación de València, Natàlia Enguix, que coordina la delegación de Memoria Democrática impulsora de la rehabilitación.

"Estamos hablando de un tesoro patrimonial que va más allá de su importante uso para suministrar agua durante siglos" - Natàlia Enguix, vicepresidenta y delegada de Memoria Democrática de la Diputación de València

Obras en marcha y visita pública: el futuro de la cisterna

El alcalde de Alberic, Toño Carratalá, confirma que las obras de rehabilitación ya están en proceso de licitación y que el plazo de ejecución previsto es de cuatro meses. El objetivo, una vez concluidos los trabajos, es abrir el espacio al público y hacerlo visitable. Un enclave de 500 metros cuadrados que, durante siglos, fue el corazón logístico del municipio y que ahora aspira a convertirse en un recurso cultural de primer orden.

La financiación de este proyecto se enmarca en una apuesta institucional más amplia. La delegación que dirige Natàlia Enguix incrementa este año en un 20% las ayudas para recuperar, difundir y promocionar la memoria democrática en la provincia, con 875.000 euros para municipios y 200.000 para asociaciones. La cisterna de Alberic es uno de los 50 proyectos aprobados este año, repartidos entre 46 ayuntamientos y 17 asociaciones memorialistas. Entre los proyectos aprobados figuran también la recuperación del refugio de la Guerra Civil de la calle Sant Martí de Alcàsser, con 150.000 euros, y la construcción del panteón de la memoria histórica en Sueca, con una inversión cercana a los 40.000 euros.

Entre 2024 y 2026, la Diputación ha destinado 3.750.000 euros a subvencionar las iniciativas de municipios y asociaciones, a lo que hay que sumar casi un millón de euros en ayudas directas para proyectos de localización, exhumación e identificación de restos de personas represaliadas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista. La institución afirma haber duplicado en esta legislatura los recursos económicos destinados a políticas de memoria, y complementa las inversiones con actividades divulgativas: publicación de libros e investigaciones, nuevas webs de memoria, los premios 'La Memòria a l'Escola', la Memoria en las Bibliotecas y el certamen de investigación María la Jabalina.

Hay algo profundamente significativo en que el único vestigio que los vecinos de Alberic decidieron perdonar cuando derribaron el palacio de sus señores fuera precisamente la cisterna: no la torre, no las dependencias nobles, sino el espacio que les daba agua. Recuperarla hoy, convertirla en un lugar visitable y comprensible, es también una forma de recordar que la historia no siempre la escriben los que mandan, sino los que la habitan.