Hay fechas que no son solo historia, sino espejo. El 24 de agosto de 1944, el teniente valenciano Amado Granell Mesado encabezó la primera unidad aliada en entrar en París para liberarla de la ocupación nazi, al frente de La Nueve, una compañía formada mayoritariamente por republicanos españoles. Ochenta y dos años después de aquella gesta, el cementerio municipal de Sueca acogió un homenaje que conectó esa epopeya con una herida todavía abierta: la fosa común donde yacen los restos de 54 víctimas del franquismo. Y en ese acto, la institución que trabaja para cerrar esa herida recibió un reconocimiento público.
La Diputació, sola entre las instituciones supramunicipales
El Ayuntamiento de Sueca reconoció este sábado el trabajo de la vicepresidenta primera de la Diputació de València y diputada de Memoria Democrática, Natàlia Enguix, en apoyo a las políticas de memoria histórica del municipio. El concejal de Memoria Democrática de Sueca, Sergi Tomàs, fue directo en su valoración: la corporación provincial es, a día de hoy, la única institución supramunicipal que está desarrollando políticas vinculadas a la memoria democrática en la Comunitat Valenciana.
"Tenemos muy clara la apuesta por la memoria, es un deber moral" - Natàlia Enguix, vicepresidenta primera y diputada de Memoria Democrática de la Diputació de València
No es un elogio menor. Significa que, en ausencia de un paraguas autonómico activo en este ámbito, son los ayuntamientos y la Diputació quienes sostienen el trabajo de localizar, exhumar e identificar a las personas ejecutadas durante la dictadura. Tomàs también reivindicó la figura de Rosa Pérez Garijo, quien como diputada provincial y luego como consellera de Calidad Democrática de la Generalitat "abrió el camino de las exhumaciones". Enguix, según el concejal, ha continuado ese legado: primero con los análisis de ADN y ahora con el proyecto del memorial.
Un panteón donde hubo una fosa
El proyecto más concreto y visible de esta colaboración es la construcción de un nuevo panteón en el cementerio de Sueca. El memorial se levantará exactamente en el lugar donde se encontraba la fosa común, transformando el espacio del olvido en un lugar de sepultura digna para los restos de las 54 víctimas identificadas. El presupuesto total es de 46.486 euros, de los cuales la Diputació de València aporta 37.189 euros, es decir, el 80% de la financiación.
La decisión de construir el memorial sobre la propia fosa tiene una carga simbólica que va más allá del hormigón y la piedra. Durante décadas, las familias de esas personas reclamaron sin éxito un reconocimiento institucional. El homenaje de este sábado fue también, en cierta medida, una respuesta tardía a esa espera.
"Para recuperar la memoria de las víctimas y dar respuesta a las familias que durante décadas han reclamado su reconocimiento" - Natàlia Enguix, vicepresidenta primera y diputada de Memoria Democrática de la Diputació de València
Virtudes Cuevas, la mujer de Sueca que sobrevivió al horror nazi
Entre los nombres que el acto rescató del olvido destaca el de Virtudes Cuevas Escrivà, natural de Sueca, superviviente de los campos de concentración nazis y reconocida por Francia con la Legión de Honor. Una historia que, paradójicamente, ha sido más recordada al otro lado de los Pirineos que en su propio pueblo. La Diputació trabaja desde hace meses en la recuperación de su legado y en la creación de un espacio dedicado a su memoria, investigación y documentación. Enguix la definió como "el ejemplo de una mujer valiente, luchadora por la libertad y la democracia".
El acto fue organizado por la Coordinadora d'Associacions de Memòria Democràtica del País Valencià (CAMDE-PV), la Associació per la Recuperació de la Memòria Històrica de la Ribera Baixa y otras entidades memorialistas, con la colaboración del Ayuntamiento de Sueca. Además de Granell y los 22 valencianos de La Nueve, el homenaje recordó a Joaquín Tarín Martínez, superviviente del campo de concentración de Mauthausen, y a todas las víctimas del franquismo enterradas en el cementerio local.
Hay algo revelador en que un acto de memoria democrática celebrado en un cementerio de la Ribera Baixa tenga que hacer el trabajo que, en teoría, correspondería a instancias de mayor alcance. La historia de Sueca —sus muertos en fosas, su superviviente de los campos nazis condecorada por Francia, sus combatientes en la liberación de París— es también la historia de un país que aún no ha terminado de mirarse al espejo. El memorial que se construirá sobre la fosa común será, cuando esté listo, algo más que un panteón: será la prueba de que alguien, al fin, escuchó.

