Hay amenazas que no hacen ruido hasta que es demasiado tarde. En la ladera noreste del castillo de Ayora, varios bloques rocosos llevan tiempo acumulando tensión sobre el talud, a escasa distancia de las viviendas que se apiñan ladera abajo. Esta semana, la Diputació de València ha iniciado los trabajos para evitar que esas rocas terminen cayendo sobre las casas de la Plaza de la Glorieta, en una intervención que combina técnicas de alpinismo con ingeniería geológica y que pone precio a la tranquilidad de los vecinos: 47.795 euros.
Un castillo con siglos de historia y una ladera con riesgos actuales
El castillo de Ayora lleva siglos presidiendo el horizonte del Valle de Cofrentes-Ayora. Edificado por los árabes a mediados del siglo XIII, perteneció a Castilla hasta 1281, año en que pasó al Reino de Valencia. El castillo se encuentra en ruinas desde que en 1707 las tropas de Felipe V lo tomaron por asalto. Lo que quedó en pie después de siglos de conflictos, batallas y abandono es hoy patrimonio y paisaje. Pero también, en su cara norte, un riesgo geológico real para quienes viven a sus pies.
La montaña, coronada por el castillo, se encuentra cubierta por un manto de viviendas que, mediante un sistema de agregación por yuxtaposición de piezas simples, genera el tejido blanco fragmentado que se adapta a la topografía. Es precisamente esa convivencia tan estrecha entre la roca histórica y la vida cotidiana la que convierte cualquier movimiento del terreno en una amenaza directa.
Alpinistas y bulones contra los desprendimientos
La actuación de la Diputació de València, ejecutada a través de la unidad de Riesgos Geológicos y Espacios Degradados del Servicio de Medio Ambiente, no es una obra al uso. Los trabajos comenzarán con el saneo del talud: retirar o asegurar los elementos inestables que los técnicos han identificado. Después, los operarios —equipados con técnicas propias del alpinismo— instalarán una red de cables de acero galvanizado que cubrirá una superficie total de 535 metros cuadrados de ladera.
La red no simplemente cuelga: quedará anclada al terreno mediante bulones introducidos a tres metros de profundidad, distribuidos en una cuadrícula de cuatro por cuatro metros. El sistema funciona como una malla de contención que abraza la roca y le impide moverse. El plazo previsto para completar todos estos trabajos es de tres meses.
"La Diputació pone a disposición de los ayuntamientos personal especializado y soluciones técnicas para actuar allí donde se detecta una situación de riesgo" - Avelino Mascarell, diputado de Medio Ambiente de la Diputació de València
No es la primera vez, y eso lo dice todo
Lo más revelador de esta intervención quizá no sea la obra en sí, sino lo que el propio alcalde de Ayora reconoce sobre su historial. José Vicente Anaya ha explicado que "en esta zona se hizo ya una intervención hace más de 15 años, y ahora era necesario asegurarla de nuevo para evitar riesgos", especialmente para las viviendas de la Plaza de la Glorieta. Es decir, la ladera ya fue tratada en su día, pero el tiempo, la erosión y la dinámica geológica han obligado a volver a actuar. No es un fracaso del pasado: es la naturaleza del riesgo geológico, que no se resuelve de una vez para siempre.
La Diputació como salvavidas de los municipios pequeños
Detrás de esta actuación hay también un modelo de colaboración institucional que merece atención. El Ayuntamiento de Ayora asumió el coste de la redacción del proyecto técnico, mientras que la Diputació financia y ejecuta la obra. Una fórmula que, según el alcalde Anaya, "es un ejemplo perfecto del papel que tiene la Diputación para los pueblos más pequeños, permitiéndonos poner soluciones a problemas reales que no podemos asumir con los presupuestos municipales".
No se trata de un caso aislado. El diputado Mascarell ha subrayado que la sección de Riesgos Geológicos es especialmente relevante para los municipios que, por su orografía, presentan zonas con pendientes pronunciadas o formaciones rocosas próximas a los núcleos habitados. En la provincia de Valencia, eso describe a decenas de pueblos. Ayora es hoy el ejemplo, pero la lista de localidades en situaciones similares es larga. Y para todas ellas, contar con una unidad técnica provincial especializada puede ser la diferencia entre prevenir un desastre y lamentarlo.


