Hay barrios que durante décadas acumulan olvido en silencio: fachadas desconchadas, calles estrechas sin salida y edificios que se rinden ante el paso del tiempo. El Poble Nou de Ontinyent ha sido uno de ellos. Pero algo está cambiando. La Diputació de València ha aprobado una inversión de 700.000 euros para continuar la rehabilitación de este barrio histórico, una inyección que se suma a los 415.000 euros ya destinados en 2025 y que juntos dibujan la transformación más ambiciosa que ha vivido el centro histórico de la capital de la Vall d'Albaida en muchos años.
El barrio de Poble Nou forma parte del casco antiguo de Ontinyent, una trama densa de callejuelas, conventos, iglesias y casas señoriales que guarda siglos de historia entre sus muros. Las obras municipales que están teniendo lugar en el entorno del Raval de Sant Miquel han llegado incluso a sacar a la luz dos antiguos arcos con posible origen medieval , un hallazgo que ilustra hasta qué punto el subsuelo de este barrio aún tiene mucho que contar. Restaurar Poble Nou no es solo una cuestión urbanística: es, también, un ejercicio de memoria colectiva.
Un plan que crece capa a capa
La apuesta del Ayuntamiento de Ontinyent por regenerar su centro histórico no es nueva ni improvisada. El consistorio lleva años ejecutando proyectos de recuperación de patrimonio, instalando infraestructuras como la fibra óptica en la parte alta del barrio de la Vila y reurbanizando calles con criterios modernos. Solo en la restauración y puesta en valor de la Muralla Norte ya se han invertido 2,5 millones de euros , una cifra que refleja la escala del compromiso municipal. El resultado tangible de tanto esfuerzo es que cada vez más particulares compran viviendas en el núcleo histórico para restaurarlas y habitarlas, devolviendo vida a rincones que parecían destinados al abandono.
Los 415.000 euros recibidos de la Diputación en 2025 permitieron ya dar los primeros pasos: con esa financiación se expropiaron algunas viviendas del barrio para crear espacios abiertos y plazas públicas, el embrión de lo que ahora se pretende consolidar y ampliar. La nueva partida de 700.000 euros aprobada en el pleno de abril de la Diputació va más lejos y apunta directamente a la humanización del barrio: más verde, más luz, más vida en la calle.
"Es una aportación muy importante porque se enmarca en el proyecto de regeneración del centro histórico de Ontinyent" - Natàlia Enguix, vicepresidenta y responsable provincial de Cooperación de la Diputació de València
Plazas donde antes había muros
El proyecto diseñado por el Ayuntamiento de Ontinyent busca conectar la calle Maians con puntos neurálgicos del barrio Raval-Poble Nou, como el mercado municipal y la plaza Santo Domingo. El eje vertebrador será la calle Teixidors, en cuya reurbanización se contemplan nuevas plazas formadas en la confluencia de las calles Cantalar de Sant Vicent y Cantalar de Sant Carles. Espacios que hoy apenas existen en el mapa, pero que mañana podrían convertirse en el corazón de la vida cotidiana del barrio.
La concepción de estos nuevos espacios no es arbitraria. La actuación responde a la voluntad del Ayuntamiento de trabajar simultáneamente en tres líneas fundamentales: la seguridad de las personas, la recuperación del patrimonio y la regeneración urbana del centro histórico . Así lo ha explicado el concejal de Urbanismo, Óscar Borrell, quien subraya que la clave del proyecto es "la regeneración y la resiliencia urbana", con un diseño versátil que integra los desniveles propios del terreno, y que prioriza los espacios de convivencia: zonas verdes, plazas accesibles y mejores servicios para la ciudadanía.
La calidad de los materiales también forma parte de la ecuación. Borrell detalla que se utilizarán materiales que replican actuaciones anteriores en el centro histórico, garantizando así una imagen coherente y acogedora, con bancos, fuentes y papeleras. Además, las viviendas rehabilitadas del entorno podrán contar con aparcamiento, lo que contribuirá a descongestionar el estacionamiento en la zona.
Urbanismo con mirada de género
Hay un aspecto de este proyecto que va más allá de lo estético o lo funcional y que merece ser subrayado: su enfoque de género. La vicepresidenta Natàlia Enguix destaca que la actuación proyectada por Ontinyent "es un claro ejemplo de urbanismo con perspectiva de género, con un diseño que evita espacios ocultos y promueve la capacidad de ver y ser visto". No es un detalle menor. Los estudios sobre percepción de seguridad en el espacio público han señalado repetidamente que la visibilidad y la apertura de los entornos urbanos son factores clave para que todas las personas, y especialmente las mujeres, se sientan seguras al transitar por ellos.
En esa misma línea, el proyecto contempla la máxima accesibilidad en el uso de calles y plazas: eliminación del diseño abancalado actual, circulación en plataforma única, aceras aptas para sillas de ruedas y carritos infantiles, y mobiliario urbano accesible. Pequeños cambios que, sumados, transforman radicalmente la experiencia de vivir o pasear por un barrio histórico que, durante demasiado tiempo, ha sido más incómodo que acogedor.
Un barrio para quedarse
Dinamizar la vida vecinal es, en última instancia, el objetivo que vertebra todo lo demás. Las nuevas plazas están pensadas para admitir distintos usos a distintas horas del día, fomentando la presencia de gente diversa en el espacio público. Esa mezcla de usos y usuarios es, precisamente, lo que convierte una plaza en un lugar vivo en lugar de un espacio vacío con adoquines. La zona forma parte de un área declarada como de Regeneración y Renovación Urbana, que incluye parte de los barrios de La Vila y Poble Nou , lo que abre la puerta a seguir atrayendo financiación de distintas administraciones para completar el puzzle.
La inversión acumulada en Poble Nou, que ya supera el millón de euros entre las dos últimas aportaciones provinciales, es una apuesta clara por demostrar que los centros históricos no tienen por qué ser museos al aire libre ni barrios-problema. Pueden ser, con voluntad política y recursos suficientes, exactamente lo contrario: el lugar más interesante de la ciudad para vivir.


