La memoria histórica no es solo un archivo de nombres y fechas. Puede ser, según quién la gestione, un instrumento de justicia, un relato de partido o, en el mejor de los casos, una brújula para entender el presente. Sobre esa tensión irá Natàlia Enguix a México. La vicepresidenta de la Diputació de València participará entre el 1 y el 3 de septiembre en las jornadas 'Cuando el mundo expulsa: el exilio republicano, la memoria democrática y las movilidades forzadas contemporáneas', un encuentro internacional que reunirá en Ciudad de México a historiadores, académicos e instituciones de ambos lados del Atlántico.
Un debate a tres voces en el corazón de México
El evento está organizado por el Ateneo Español de México —institución fundada en 1949 por exiliados republicanos españoles con el propósito de preservar la cultura y los valores democráticos fuera de sus fronteras—, la Universidad Iberoamericana, el Colegio de México y la Universitat de València. Enguix, que ostenta la responsabilidad provincial de Memoria en la Diputació, tomará la palabra en la apertura del encuentro, en la mesa de debate central y en el acto de clausura.
En esa mesa compartirá turno con dos doctoras en Historia de peso: Eugenia Allier, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Mónica Acosta, académica de la Universidad Iberoamericana. El hilo conductor será una pregunta incómoda y del todo pertinente: ¿cómo evitar que la memoria democrática quede reducida a una conmemoración vacía o a un relato institucional cerrado? La moderación correrá a cargo de Jorge de Hoyos, investigador visitante en Nueva York y el Colegio de México.
"La verdadera responsabilidad pública consiste en conseguir que la memoria sea también una herramienta para comprender nuestro presente y fortalecer nuestra democracia" - Natàlia Enguix, vicepresidenta de la Diputació de València
De las fosas comunes al aula: diez años de política de memoria en València
Enguix llevará a Ciudad de México un argumento concreto: la propia trayectoria de la Diputació durante la última década como ejemplo de cómo puede evolucionar una política de memoria responsable. En los primeros años, el esfuerzo se concentró en localizar y exhumar fosas comunes e iniciar la identificación de las víctimas. Una labor de reparación urgente y necesaria, pero que no agota el mandato ético de las instituciones.
Con el tiempo, ese trabajo se fue completando con políticas de divulgación y, sobre todo, de educación. El giro no es menor: implica reconocer que recuperar el pasado no basta si ese pasado no llega a las aulas ni a las nuevas generaciones. "Si queremos que la memoria tenga una dimensión verdaderamente democrática, no basta con recuperar el pasado: tenemos que conseguir que las nuevas generaciones lo conozcan", señala la vicepresidenta.
La advertencia que Enguix llevará al debate mexicano es clara: hoy la memoria continúa siendo objeto de disputa política y, en ocasiones, se presenta como una herramienta partidista, cuando debería entenderse como una responsabilidad institucional y un patrimonio colectivo. No es una queja abstracta. En España, la aprobación de la Ley de Memoria Democrática en 2022 generó un intenso debate parlamentario que ilustra precisamente hasta qué punto estos temas siguen dividiendo a la sociedad.
Una fotógrafa en busca de la huella valenciana en México
Las jornadas también acogerán una exposición fotográfica de la fotoperiodista Eva Máñez, un proyecto que cuenta con la colaboración de la Diputació, el Ateneo Español de México y la Cátedra del Exilio Republicano Español de la Universitat de València. El objetivo es rescatar la vida de los valencianos y valencianas que se exiliaron a México tras la Guerra Civil, no a través de grandes datos estadísticos, sino a través de testimonios personales y de los lugares donde aquellas personas vivieron y trabajaron.
"Buscaré testimonios y también esos lugares en los que todavía puede sentirse la memoria y la impronta de aquellos valencianos" - Eva Máñez, fotoperiodista
No se trata de un proyecto que termine en México. La Diputació ya prevé darle continuidad mediante la edición de una publicación y el traslado posterior de la exposición a Valencia, cerrando así el círculo entre el destino del exilio y la tierra de origen. Es, en cierto modo, el tipo de política de memoria que Enguix defenderá en el debate: una que va más allá del acto conmemorativo puntual y aspira a instalarse en la vida cotidiana de la ciudadanía.
La agenda de la memoria, más allá de 2026
Las jornadas abordarán también cuestiones de mayor calado teórico: el concepto actual de memoria, el lugar que ocupan los silencios y las víctimas no canonizadas, la transmisión intergeneracional del trauma y, sobre todo, la agenda de investigación y acción pública que debería abrirse a partir de 2026. En ese contexto, el encuentro llega en un momento especialmente significativo: el Ateneo Español de México y la Universitat de València han reforzado recientemente su colaboración en torno a la memoria democrática del exilio republicano, con el propósito de rendir homenaje a las personas e instituciones que mantuvieron vivos los valores democráticos fuera de las fronteras españolas tras la Guerra Civil.
La pregunta que sobrevolará los tres días de jornadas en México es la misma que cualquier sociedad democrática debería hacerse con cierta regularidad: ¿a quién le pertenece la memoria? Enguix tiene una respuesta preparada: no a las familias solas, no a las asociaciones, no a los investigadores por separado. Las instituciones públicas tienen que asumir ese peso. Y hacerlo, además, sin convertirlo en bandera.


