La Diputació de València invierte 55.000 euros en La Tomatina y confirma su apoyo a la 80ª edición de la batalla de tomate más famosa del mundo

Mompó participó en la 79ª Tomatina de Buñol, donde 22.000 personas lanzaron 150.000 kilos de tomate, con nueva edición accesible para personas con discapacidad.

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Hay fiestas que se explican solas y hay fiestas que, cuando las describes, generan incredulidad. La Tomatina de Buñol pertenece a esta segunda categoría. Este miércoles, el último de agosto, la localidad valenciana volvió a convertirse durante exactamente una hora en el escenario de la batalla de comida más grande del mundo: 22.000 personas de distintos países lanzándose mutuamente 150.000 kilos de tomate maduro por las calles del municipio. Una locura colectiva, sí, pero también un fenómeno cultural con ocho décadas de historia a sus espaldas.

El presidente de la Diputació de València, Vicent Mompó, no faltó a la cita. Como en ediciones anteriores, se subió al camión para participar en la batalla y aprovechó la ocasión para reivindicar el valor de esta celebración como uno de los grandes embajadores de la provincia valenciana en el mundo. La fiesta fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional en 2002 , un reconocimiento que consolidó su proyección global y que hoy se traduce en miles de visitantes llegados desde todos los continentes.

Una fiesta que supera con creces a su propio pueblo

Para entender la magnitud de La Tomatina basta con un dato. Buñol tiene apenas 9.858 habitantes, lo que significa que los 22.000 participantes equivalen al 223% de la población del municipio, es decir, más del doble de todos sus vecinos reunidos en un solo evento. Y la mayoría viene de fuera. Su expansión global se explica por la fuerza visual de la fiesta, la difusión televisiva, su presencia en producciones audiovisuales y la expansión de las imágenes a través de internet y las redes sociales. Una combinación que ha convertido a un pueblo de la comarca de la Hoya de Buñol en un destino conocido en los cinco continentes.

Aproximadamente siete kilos de tomate corresponden a cada uno de los participantes del evento, que se celebra cada año el último miércoles de agosto. Los proyectiles, por supuesto, son blandos —el tomate debe aplastarse antes de lanzarse, por norma— y la batalla dura solo sesenta minutos. Lo que queda después es una marea roja que cubre calles, fachadas y personas por igual, y que los equipos de limpieza se encargan de retirar en tiempo récord.

La Diputació lleva tres años financiando los tomates

Detrás del espectáculo hay también una decisión institucional. La Diputació de València ha destinado este año 55.000 euros a la compra de los 150.000 kilos de tomate utilizados en la celebración, una apuesta que mantiene desde hace tres ediciones consecutivas. Mompó fue claro al justificar el gasto público:

"Hace tres años que financiamos la compra de los tomates y lo hacemos porque creemos en nuestras fiestas, en nuestros pueblos y en todo aquello que nos identifica y proyecta nuestra provincia al mundo" - Vicent Mompó, presidente de la Diputació de València

El compromiso no se detiene aquí. El presidente confirmó que la institución provincial seguirá colaborando el próximo año, cuando La Tomatina celebre su 80ª edición, una cifra redonda que augura una convocatoria especialmente multitudinaria. Considerada la mayor batalla de comida del mundo, la fiesta tiene su origen en una pelea espontánea entre amigos en los años cuarenta del siglo pasado , y de ahí ha crecido hasta convertirse en un fenómeno que trasciende fronteras y que muy pocos eventos locales pueden igualar.

"La Tomatina es Fiesta de Interés Turístico Internacional, pero antes que nada es una fiesta profundamente valenciana: nacida en Buñol, arraigada en sus vecinos y convertida en un símbolo que ya pertenece a toda la provincia" - Vicent Mompó, presidente de la Diputació de València

La gran novedad de 2026: una Tomatina para todos

Más allá de los tomates y las cifras, la 79ª edición ha incorporado una novedad que merece atención por derecho propio. El Ayuntamiento de Buñol ha puesto en marcha el plan '+ ACCESIBLE', un paquete de medidas orientadas a garantizar que la fiesta sea realmente universal, no solo en su proyección geográfica, sino también en su capacidad de incluir a personas con discapacidad.

Las medidas van más allá del tradicional espacio reservado para personas con movilidad reducida. En esta edición, cualquier persona con discapacidad ha podido contar con asistencia y acompañamiento personalizado del equipo de voluntarios, tanto antes como durante el evento. A ello se suma la ampliación del equipo de voluntarios dedicado en exclusiva a este apoyo, y la creación de una pulsera identificativa '+ ACCESIBLE' como distintivo oficial para facilitar el acceso tanto al recinto general como al área reservada.

Es un gesto pequeño en apariencia, pero significativo: la fiesta más caótica del mundo aspira también a ser la más acogedora. Y en esa combinación entre tradición, inversión pública e inclusión reside, quizás, la clave de por qué La Tomatina sigue llenando calles —y agendas de viaje— casi ocho décadas después de su accidentado nacimiento.