Una carretera de apenas 5,5 metros de ancho, sin arcenes, con cunetas desbordantes en cada tormenta y con vehículos que entran a exceso de velocidad al casco urbano. Así lleva años funcionando la CV-598, el acceso principal al municipio valenciano de Canals desde la autovía A-35, por el oeste. La Diputació de València ha decidido que ya es suficiente: ha licitado las obras de ampliación y mejora de drenaje de esta vía por un presupuesto de 4,8 millones de euros, en una actuación que abarcará los 3,3 kilómetros que separan el término municipal de Montesa del inicio de la travesía de Canals.
Un vial que se queda pequeño —y se inunda
El diagnóstico de la CV-598 es el de una infraestructura que ha envejecido sin adaptarse al uso que soporta. Un carril por sentido, sin arcenes a los que retirarse en caso de emergencia, cunetas en ambos márgenes que apenas dan abasto y puntos con visibilidad reducida en varios accesos a lo largo del tramo. Cualquiera que haya circulado por una carretera rural estrecha conoce esa incomodidad permanente: el cruce con un camión que obliga a frenar, el margen de tierra que se convierte en barro tras la lluvia, la sensación de que el asfalto se termina antes de lo que debería.
Pero el problema más grave no es el ancho ni la visibilidad. La CV-598 sufre inundaciones frecuentes que provocan cortes en la carretera, dejando a los vecinos de Canals sin su acceso más directo a la autovía cada vez que el cielo se abre con algo de intensidad. La causa es una combinación de factores difícil de ignorar: la pendiente longitudinal al final del trazado es muy reducida, las secciones de las cunetas resultan insuficientes y, para colmo, la red de pluviales de Canals a la que conectan esas cunetas no tiene capacidad para desaguar toda la escorrentía que recibe. El agua, entonces, no tiene adónde ir. Y se queda en la carretera.
"Este proyecto responde a una de las prioridades que hemos establecido en el área de Carreteras durante toda la legislatura: la mejora de la seguridad. Además vamos a dar solución a un problema recurrente como es el de las inundaciones, facilitando así el acceso a los vecinos de Canals" - Reme Mazzolari, vicepresidenta segunda y diputada de Carreteras de la Diputació de València
Las soluciones: más anchura, nuevo drenaje y un carril bici
La intervención parte desde la glorieta de enlace con la A-35 y llega hasta el inicio de la travesía urbana de Canals. El cambio más visible será el de la plataforma: la calzada pasará de los actuales 5,5 metros a 6 metros de ancho, con arcenes de 1 metro a cada lado y bermas de 0,75 metros. El pavimento se renovará de forma integral. No se trata solo de parchear lo que hay, sino de rehacer la carretera desde la base.
Para contener el exceso de velocidad con el que muchos conductores se adentran en el casco urbano, el proyecto contempla el diseño de una "puerta de entrada" antes de acceder al núcleo de Canals, una solución de trazado pensada para que la propia geometría de la vía invite a reducir la marcha, sin necesidad de señales que nadie lee ni radares que nadie respeta.
El corazón técnico de la actuación, sin embargo, está en el nuevo sistema de drenaje. Se ejecutará una obra transversal de drenaje longitudinal capaz de recoger el agua de las cunetas de ambos márgenes y conducirla directamente al río Cáñoles, mediante una obra de evacuación que además interceptará la escorrentía superficial procedente de las parcelas colindantes, evitando que llegue a la calzada antes incluso de que pueda acumularse. Es, en esencia, rediseñar el ciclo del agua en ese tramo para que la carretera deje de actuar como canal involuntario.
El proyecto reserva también espacio para quienes no van en coche. La actuación incluye una vía ciclopeatonal de 3 metros de ancho en la margen derecha de la carretera, con un separador de 1 metro en el tramo final, acercando Canals a los estándares de movilidad sostenible que cada vez más municipios medianos de la Comunitat Valenciana reclaman para sus accesos interurbanos.
Un problema que va más allá de un municipio
Canals es una localidad de algo más de 13.000 habitantes en la comarca de La Costera, y la CV-598 es, a efectos prácticos, su puerta de entrada desde la autovía. Que esa puerta se cierre cada vez que llueve con fuerza no es solo un inconveniente: es una vulnerabilidad real para los desplazamientos laborales, para los servicios de emergencia y para la economía local. La licitación lanzada por la Diputació abre ahora el proceso de contratación que determinará qué empresa ejecutará las obras. Cuando estas concluyan, los 3,3 kilómetros de la CV-598 habrán pasado de ser una vía con décadas de deudas pendientes a convertirse en un acceso digno del siglo XXI, con espacio para todos los usuarios y, por fin, sin miedo a la lluvia.


