Empezó en 2018 con 49 municipios y una convicción: que ningún pueblo debería enfrentarse solo al problema de la violencia contra las mujeres. Siete años después, la Red de municipios contra la violencia machista de la Diputació de València ha alcanzado una dimensión que pocos proyectos institucionales pueden presumir: 250 ayuntamientos, 15 mancomunidades y el Consorcio Pactem Nord, con una cobertura que llega ya al 97% de la población de las comarcas valencianas.
La cifra se confirmó en la decimotercera Asamblea de la Red, celebrada en un escenario tan cargado de historia como de simbolismo: el convento capuchino de la Mare de Déu dels Àngels de Alberic, un edificio del siglo XVIII que estuvo abandonado prácticamente un siglo y que ha sido rehabilitado recientemente como espacio sociocultural. En ese marco, la asamblea aprobó la incorporación de cinco nuevos miembros: los municipios de Estubeny, Simat de la Valldigna, Tuéjar y Fortaleny, junto a la Mancomunidad de la Safor.
De 49 a 250: una expansión sin precedentes
El crecimiento de la Red en apenas siete años resulta difícil de ignorar. Más que duplicada en número de municipios, la iniciativa se ha convertido en una de las estructuras de colaboración interadministrativa más amplias de toda la provincia. Y no es un esfuerzo gratuito: la provincia de Valencia registró en 2025 un total de 13.844 denuncias y 12.573 víctimas de violencia de género, en un contexto autonómico que sitúa a la Comunitat entre los territorios con mayor incidencia del país. Ante esos datos, la pregunta no es si tiene sentido una red así, sino cómo es posible que todavía queden 16 municipios fuera.
La vicepresidenta primera de la Diputació y responsable del área de Igualdad, Natàlia Enguix, fue directa al respecto durante la asamblea:
"La Red avanza, no ha dejado de avanzar. Empezamos en 2018 con 49 municipios fundadores y hoy contamos con 250 ayuntamientos y 15 mancomunidades, muy cerca del cien por cien de la provincia al que nos gustaría llegar" - Natàlia Enguix, vicepresidenta primera de la Diputació de València
Enguix también situó el significado político de pertenecer a la Red: no es un sello honorífico, sino una asunción explícita de responsabilidad. Formar parte implica comprometerse con la prevención, la detección y la acción local frente a lo que describió como "la manifestación más cruel de la desigualdad entre hombres y mujeres".
El dinero, multiplicado: de 700.000 euros a millón y medio en un año
Las palabras tienen más peso cuando van acompañadas de presupuesto. La Diputació ha pasado de destinar 700.000 euros a las ayudas de la Red en 2024 a 1,5 millones en 2025, más del doble en un solo ejercicio. El resultado es concreto: las ayudas para la Red han pasado de 700.000 euros en 2024 a millón y medio este año , y la respuesta de los municipios ha sido proporcional: 244 solicitudes presentadas, de las que 235 fueron aprobadas para financiar campañas de prevención, sensibilización, atención a víctimas y acciones de inserción laboral para mujeres en riesgo de exclusión social.
La cifra no es menor. Que 235 ayuntamientos hayan pedido activamente esos fondos indica que la Red no es un escaparate institucional, sino una herramienta que los municipios utilizan.
"El éxito es lo que conseguimos evitar"
El presidente de la Diputació, Vicent Mompó, abrió la jornada con una reflexión que merece atención precisamente porque va a contracorriente del discurso habitual en los actos institucionales. En un momento en que los datos del Observatorio contra la Violencia de Género reflejan un descenso en el número de denuncias y víctimas en la provincia, Mompó rechazó cualquier tentación de autocomplacencia:
"No aspiramos a mejorar las estadísticas sino a que dejen de existir, porque el único objetivo moralmente aceptable es la violencia cero" - Vicent Mompó, presidente de la Diputació de València
Mompó también ofreció una lectura de fondo sobre la naturaleza del problema: la violencia contra las mujeres no surge de la nada, sino que "se construye lentamente sobre la desigualdad, la indiferencia, los prejuicios, el control y el silencio". Y frente a eso, la respuesta no puede ser reactiva. Los ayuntamientos, subrayó, "somos la primera puerta a la que tocan los que necesitan ayuda, y los que convertimos las grandes leyes en respuestas concretas".
Buenas prácticas desde los pueblos
La asamblea no se limitó a los grandes discursos. Una mesa de buenas prácticas reunió a representantes de Ayora, Requena, Palma de Gandia y Alberic para compartir experiencias reales. El ejemplo de Ayora resultó especialmente llamativo: la agente de Igualdad del municipio describió la instalación de unos teléfonos antiguos en los que los vecinos podían escuchar testimonios reales de víctimas de violencia machista y sus familiares. Una forma de hacer visible lo que demasiadas veces permanece en silencio.
El alcalde de Alberic, Toño Carratalá, ejerció de anfitrión en el espacio que su municipio ha recuperado para uso colectivo, y no ocultó su orgullo por acoger un acto de estas características en un edificio que durante décadas no fue más que un testimonio del abandono. Su reflexión final sobre el consenso político que rodea a la Red —"por encima de las diferencias lógicas que puedan tener en el día a día"— apunta a algo que vale la pena subrayar: en este ámbito, al menos, la disputa partidista parece ceder ante la evidencia.
En España, según el Consejo General del Poder Judicial, en 2024 una mujer fue asesinada por violencia machista cada 7,6 días, y un 25% de esas muertes ocurrieron en localidades de menos de 25.000 habitantes. Son precisamente esos municipios pequeños, donde todo el mundo se conoce y el silencio pesa más, los que esta Red trata de alcanzar. Que solo queden 16 fuera ya es un avance extraordinario. Que queden 16 sigue siendo razón suficiente para no parar.

