Hay nombres que una ciudad decide no dejar caer en el olvido, aunque la justicia haya firmado su último papel. Javier Abil Orpegui es uno de ellos. En mayo de 2014, este hombre de 44 años desapareció en la playa de Gandia tras coincidir con un grupo de jóvenes durante una noche de fiesta. Semanas después, su cadáver aparecía troceado y semienterrado en bolsas de basura en un paraje del término municipal de Pego. Los detenidos habrían admitido que lo invitaron aquella madrugada con la intención de propinarle una paliza por su condición de homosexual. Pese a que el primer jurado que juzgó el caso sí apreció la motivación homófoba, finalmente ni al asesino ni a quienes le ayudaron a deshacerse del cadáver se les aplicó la correspondiente agravante. La herida, para muchos en Gandia, nunca cicatrizó del todo.
Fue precisamente sobre esa memoria sobre la que volvió a trabajar el pasado viernes la ciudad valenciana, al celebrar las V Jornadas contra la LGTBIQ+-fobia Javier Abil Orpegui, organizadas por el Col·lectiu de Lesbianes, Gais, Transsexuals i Bisexuals de la Safor-Valldigna (CLGS). Un ciclo que, edición tras edición, se ha consolidado como un espacio de reflexión, reivindicación y visibilización de los derechos del colectivo LGTBI en la comarca de la Safor.
Un acto institucional con peso político y emocional
El acto de apertura reunió a buena parte de la corporación municipal de Gandia. El alcalde, José Manuel Prieto, compartió escenario con la concejala de Igualdad, Diversidad y LGTBI, Maribel Codina; las ediles de Sanidad, Bienestar Social y Educación, Liduvina Gil, Inma Rodríguez y Esther Sapena; el presidente del CLGS, Ximo López; y el escritor, profesor y activista trans Darío Gael, entre otros representantes del movimiento LGTBIQ+. La presencia institucional no fue ni protocolaria ni anecdótica: fue, en sí misma, un posicionamiento.
Prieto fue claro en su intervención. Estas jornadas, dijo, no son solo un acto cultural o un gesto de buena voluntad.
"Gandia es y será siempre un espacio seguro, diverso y libre de odio" - José Manuel Prieto, alcalde de Gandia
El regidor subrayó que las jornadas representan «un deber institucional y moral» y que la ciudad «no dará ni un paso atrás en derechos, libertades y avances sociales». Una declaración que, en el contexto político actual, donde los discursos de retroceso en materia de derechos LGTBI ganan presencia en determinados espacios públicos, adquiere un cariz más que simbólico.
Prieto también aprovechó la ocasión para reconocer los 20 años del Gandia Pride, una trayectoria que ha convertido a la ciudad en referente de diversidad en la Comunitat Valenciana y que ha crecido hasta convertirse en uno de los grandes escaparates de los valores de una ciudad que se define como «diversa, segura e inclusiva».
De enfermeras feministas a Mónica Oltra: un programa de fondo
Más allá de los discursos institucionales, el grueso de la jornada lo protagonizaron activistas y especialistas que abordaron, con profundidad y desde distintos ángulos, las realidades del colectivo LGTBI hoy. El programa arrancó con la proyección de un vídeo sobre los 20 años de historia del CLGS —una forma de recordar que la lucha tiene raíces antes de tener titulares— y continuó con una serie de ponencias que combinaron perspectivas sanitarias, históricas, educativas y jurídicas.
Mireia Freixas y Mar Ónega, miembros de Infermeres Feministes, abrieron el debate desde el ámbito de la salud. El historiador y divulgador cultural Vicent Lloret situó la lucha LGTBI en un marco histórico más amplio. Lara Carbó, responsable de igualdad de género del CDR la Safor, y José Miguel Garre, maestro de Primaria y ganador de Mr. Gai CV 2026, aportaron perspectivas desde la igualdad y la educación. El cierre corrió a cargo de Mónica Oltra, abogada, mediadora, exvicepresidenta de la Generalitat Valenciana y exconsellera de Igualdad y Políticas Inclusivas, cuya presencia dotó al acto de una dimensión política y jurídica difícil de ignorar.
Recordar como acto de resistencia
Estas jornadas proponen que recordar no sea un ejercicio nostálgico, sino una herramienta de resistencia. Esa es, en el fondo, la razón por la que el nombre de Javier Abil Orpegui sigue encabezando el título de unas jornadas que ya van por su quinta edición. El Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana rebajó la pena de cárcel al asesino al no tener en cuenta la agravante de homofobia, pero Gandia y el movimiento LGTBIQ+ han insistido en mantener su reconocimiento como víctima de un crimen motivado por el odio.
El alcalde cerró su intervención con una frase que sintetiza el espíritu de las jornadas: «La grandeza de una ciudad no se mide por su riqueza, sino por cómo protege la dignidad de toda su ciudadanía». En un país donde los delitos de odio por orientación sexual e identidad de género siguen registrándose año tras año, esa afirmación no suena a retórica vacía. Suena a compromiso. Y también a advertencia.


