La Tomatina 2026 vuelve el próximo miércoles: una hora, 120.000 kilos de tomate y 22.000 personas en la batalla más famosa de Buñol

La fiesta se celebra el próximo 26 de agosto y convertirá de nuevo las calles de Buñol en una enorme marea roja

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Tomatina de Buñol
Tomatina de Buñol
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Hay pocas fiestas españolas que necesiten tan pocas explicaciones para ser reconocidas en cualquier parte del mundo. Una calle abarrotada, miles de camisetas teñidas de rojo y una lluvia de tomates bastan para saber que estamos en La Tomatina de Buñol, que regresará el próximo miércoles 26 de agosto de 2026.

La batalla comenzará oficialmente a las 12.00 horas y terminará exactamente sesenta minutos después. Una hora puede parecer poco, pero será suficiente para que unos 120.000 kilos de tomates terminen repartidos por las calles y sobre los participantes. El aforo de esta edición está limitado a 22.000 personas, según la organización.

Lo sorprendente es que detrás de una celebración que hoy atrae a visitantes de numerosos países no hubo originalmente ninguna estrategia turística ni una tradición centenaria cuidadosamente organizada. Todo empezó con un altercado durante unas fiestas locales en 1945 y terminó convirtiéndose, con prohibiciones y hasta un peculiar funeral de por medio, en una de las celebraciones más reconocibles de la Comunitat Valenciana.

Y aunque desde fuera pueda parecer simplemente una batalla en la que todo vale, ocurre exactamente lo contrario. La Tomatina tiene horario, aforo, controles de acceso y unas reglas que los participantes deben respetar.

La Tomatina 2026 solo dura una hora: así funciona la batalla de tomates

El momento que todo el mundo espera llegará a mediodía. Una primera carcasa anunciará a las 12.00 horas el comienzo de la batalla y, desde ese instante, los tomates pasarán a convertirse en los protagonistas absolutos de las calles de Buñol. A las 13.00 horas sonará una segunda carcasa y habrá que parar: desde ese momento ya no se pueden seguir lanzando tomates.

Antes habrá comenzado otro de los rituales asociados a la jornada. A partir de las 10.00 horas está previsto el conocido como palo jabón, en el que los participantes intentan subir por un poste engrasado para alcanzar un jamón situado en la parte superior. Hacia las 11.00 horas comenzarán a entrar los camiones cargados de tomates en las calles del recorrido.

La imagen resulta difícil de imaginar para quien nunca haya estado allí. Los vehículos avanzan entre una multitud que sabe que, pocos minutos después, prácticamente todo lo que tiene alrededor terminará cubierto de pulpa. La organización cifra en 120.000 kilos la cantidad de tomate utilizada y señala que se emplea tomate de variedad pera cultivado para el evento.

Cuando termina la batalla comienza otra escena característica de La Tomatina: la limpieza. El Ayuntamiento habilita duchas y algunos vecinos colaboran tradicionalmente sacando mangueras para ayudar a los participantes a quitarse los restos de tomate antes de abandonar la zona.

Todo empezó por una pelea en 1945 y nadie había planeado lanzar tomates

La historia oficial de La Tomatina sitúa su nacimiento en el último miércoles de agosto de 1945. En Buñol se celebraba entonces un desfile de gigantes y cabezudos dentro de las fiestas patronales de San Luis Bertrán. Un grupo de jóvenes decidió introducirse en la comitiva y, durante el revuelo, uno de los participantes cayó al suelo.

La situación derivó en un enfrentamiento y quiso la casualidad que hubiera cerca un puesto de verduras. Los tomates terminaron convirtiéndose en improvisados proyectiles y comenzó una batalla espontánea que tuvo que ser frenada por las fuerzas del orden. No existían camiones cargados de tomates, turistas llegados desde otros países ni cámaras esperando la imagen del día.

Lo que podía haber quedado como una simple anécdota tuvo continuidad. Al año siguiente, los jóvenes regresaron y repitieron la batalla. Esta vez, según recoge la historia oficial de la fiesta, llevaron los tomates desde sus casas. Aquella ocurrencia empezó poco a poco a convertirse en una costumbre.

La celebración, sin embargo, no tuvo siempre el camino despejado. Durante la década de los cincuenta llegó a ser prohibida. Y fue entonces cuando los vecinos protagonizaron uno de los episodios más curiosos de toda su historia.

El 'entierro del tomate': el funeral que ayudó a recuperar La Tomatina

En 1957, ante la prohibición de celebrar la batalla, los vecinos organizaron una protesta que difícilmente podía pasar desapercibida. La bautizaron como el entierro del tomate.

La escena tenía todos los elementos de un funeral, aunque el fallecido era bastante peculiar. Se organizó una procesión con un ataúd en cuyo interior viajaba un gran tomate, acompañado incluso por una marcha fúnebre. La reivindicación acabó formando parte de la propia leyenda de la fiesta.

La Tomatina terminó siendo autorizada y, con el paso de las décadas, dejó de ser una celebración conocida fundamentalmente por los vecinos para adquirir una dimensión internacional. La fiesta fue creciendo hasta convertirse en un acontecimiento capaz de atraer a miles de visitantes y generar imágenes que cada verano recorren medios de comunicación de numerosos países.

Ese crecimiento explica también que actualmente el acceso esté controlado. La organización establece para La Tomatina 2026 un aforo máximo de 22.000 participantes. La entrada básica oficial cuesta 15 euros y únicamente da derecho al acceso al recinto de la batalla y al correspondiente canje por la pulsera.

Hay una regla fundamental: los tomates deben aplastarse antes de lanzarlos

Participar en La Tomatina no significa poder hacer cualquier cosa. Una de las normas más importantes resulta precisamente bastante desconocida para quienes solamente han visto imágenes de la fiesta: el tomate debe aplastarse antes de lanzarlo.

La razón es sencilla. Al espachurrarlo previamente se reduce la fuerza del impacto. También está prohibido introducir botellas u objetos duros que puedan provocar accidentes y es necesario mantener una distancia prudente respecto a los camiones encargados de transportar los tomates.

Otra regla resulta especialmente importante a las 13.00 horas. En cuanto suena la segunda carcasa, la batalla termina. No importa que todavía queden tomates en el suelo o que alguien haya guardado uno para un último lanzamiento: a partir de esa señal ya no está permitido continuar.

La organización aconseja además acudir con calzado cerrado y bien atado y desaconseja las chanclas por motivos de seguridad. La ropa blanca se ha convertido en una tradición, aunque quien entre vestido de ese color debe asumir que difícilmente saldrá igual. Para el teléfono móvil, la recomendación práctica es llevar una funda impermeable y acudir con las mínimas pertenencias posibles.

Para entrar este miércoles no basta con enseñar la entrada en el móvil

La edición de 2026 incorpora otro detalle importante para quienes tengan previsto desplazarse hasta Buñol. Comprar la entrada no significa que el código digital permita acceder directamente a las calles donde se desarrolla la batalla.

El participante deberá canjear previamente su entrada por una pulsera oficial. Los puntos habilitados comenzarán a realizar este trámite el propio miércoles 26 desde las 9.00 horas. Solo con esa pulsera colocada se podrá acceder al recorrido.

La entrada básica tiene un precio oficial de 15 euros, aunque también existen paquetes que incorporan otros servicios. La organización recomienda comprar con antelación debido a la limitación del aforo y advierte sobre las entradas comercializadas por canales no oficiales.

También existen medidas específicas para facilitar la participación de personas con movilidad reducida o discapacidad. La organización informa de una zona de acceso adaptada, voluntariado de apoyo y atención personalizada que debe solicitarse previamente.

El control de participantes es una de las grandes diferencias entre la Tomatina actual y aquella batalla improvisada de mediados del siglo XX. Lo que comenzó sin organización alguna necesita hoy todo un dispositivo para gestionar la llegada de miles de personas a un municipio que durante unas horas se convierte en foco de atención internacional.

Los tomates de La Tomatina tienen una particularidad que mucha gente desconoce

Una de las preguntas inevitables cada año es qué ocurre con semejante cantidad de comida. Según explica la organización en la historia oficial de la fiesta, los 120.000 kilos utilizados corresponden a tomates de variedad pera cultivados específicamente para el evento, caracterizados por un sabor demasiado ácido para su consumo y una piel blanda adecuada para el lanzamiento.

La cifra permite hacerse una idea de la escala. No hablamos de unas cajas distribuidas entre los asistentes, sino de toneladas de tomate descargadas desde camiones durante una batalla concentrada en apenas sesenta minutos.

Otra curiosidad está en la precisión del horario. A pesar de la sensación de caos que transmiten las fotografías, la parte central de La Tomatina está extraordinariamente delimitada: de 12.00 a 13.00 horas. Ni antes de la primera señal ni después de la segunda está permitido comenzar o continuar la batalla.

Y existe incluso una versión para quienes todavía son demasiado pequeños para enfrentarse a la multitud de la fiesta principal. Buñol organiza la Tomatina Infantil el sábado anterior a la gran batalla, concebida para que los niños puedan experimentar una versión adaptada y más segura de la tradición.

De una gamberrada entre jóvenes a una fiesta conocida en todo el mundo

Quizá la mayor curiosidad de La Tomatina no esté en el número de tomates ni en el palo enjabonado, sino en su propia supervivencia. Una pelea improvisada en 1945 terminó generando una costumbre; la costumbre fue prohibida; los vecinos respondieron organizando un funeral ficticio y aquella tradición local acabó atravesando fronteras.

Hoy la dimensión de la fiesta obliga a controlar el acceso a 22.000 personas, vender entradas, desplegar medidas de seguridad y preparar una infraestructura capaz de convertir durante unas horas las calles de Buñol en el escenario de una batalla completamente singular.

El próximo miércoles volverá a repetirse la secuencia. Primero llegará el palo jabón. Después aparecerán los camiones. A mediodía sonará la carcasa y comenzará una hora en la que 120.000 kilos de tomates cambiarán por completo el aspecto del centro de Buñol.

A las 13.00 horas, otra detonación pondrá fin a todo. Llegarán las mangueras, las duchas y una limpieza que parece casi imposible cuando se observan las calles cubiertas de rojo. Hasta el último miércoles de agosto siguiente. Porque 81 años después de aquel altercado junto a un puesto de verduras, La Tomatina sigue convirtiendo una hora de agosto en una de las imágenes más reconocibles de la Comunitat Valenciana en todo el mundo.