Hay infraestructuras que solo se recuerdan cuando fallan. Los imbornales —esas rejillas metálicas encastradas en el asfalto que el ciudadano pisa sin pensar— llevan meses siendo el centro de una operación de mantenimiento a gran escala en València. El Ayuntamiento cerrará septiembre con cerca de 77.900 actuaciones de limpieza y revisión de imbornales y puntos de evacuación máxima de aguas pluviales (PEMAPS) repartidas por todos los barrios y pedanías de la ciudad, en el marco de la campaña estival del Servicio del Ciclo Integral del Agua.
El contexto no es menor. Los imbornales se convirtieron en protagonistas involuntarios de la tragedia del 29 de octubre de 2024, cuando una DANA histórica dejó a València y su área metropolitana bajo el agua, con al menos 223 víctimas mortales y más de 300 heridos. La tragedia dejó una lección dolorosa y urgente: el mantenimiento preventivo de las infraestructuras de drenaje no es un gasto secundario, sino una línea de defensa real. Casi dos años después, la ciudad no está dispuesta a que la historia se repita por descuido.
Cuatro meses de trabajo barrio a barrio
La campaña arrancó en junio y se prolongará hasta finales de septiembre, con equipos de la contrata municipal trabajando de forma sistemática por toda la ciudad. El volumen de actuaciones supera con creces los más de 72.000 imbornales existentes en València, lo que evidencia que muchos de ellos han sido revisados y limpiados más de una vez. Y es que un imbornal no se limpia una sola vez al año y se da el trabajo por terminado: hojas, tierra, sedimentos y residuos de la vía pública pueden volver a obstruirlo en cuestión de semanas, especialmente en zonas arboladas o con alta circulación peatonal.
El desglose mensual da una idea de la magnitud del dispositivo. En junio se realizaron 18.191 actuaciones en zonas como Torrefiel, Russafa, Benimàmet, Vara de Quart, Patraix, Nou Moles, el Grau, el Carme o las pedanías de El Palmar y El Perellonet, entre otras. Julio sumó otras 18.007 intervenciones en barrios como la Creu del Grau, Ciutat Jardí, Sant Francesc, Malilla, Campanar, Aiora o Penya-roja. En agosto, el turno fue para 16.105 actuaciones en Castellar-l'Oliveral, Benimaclet, Benicalap, Gran Via, la Seu o Carpesa, entre otros puntos de la ciudad.
Septiembre cerrará el ciclo con las intervenciones finales, que permitirán volver a actuar de forma preventiva sobre zonas que ya fueron atendidas al inicio del verano —un retorno necesario, no un solapamiento—. Los registros históricos de grandes inundaciones en Valencia muestran que alrededor del 50-60% se producen en octubre, y del orden del 25-30% en septiembre, lo que convierte estos dos meses en el período crítico del año para la red de drenaje urbano.
Atención especial a los puntos más vulnerables
No todos los barrios presentan el mismo riesgo. La Malva-rosa, El Cabanyal-El Canyamelar y La Torre serán objeto de una intervención especialmente intensa durante septiembre, al tratarse de zonas con puntos particularmente sensibles ante las precipitaciones. La preparación alcanza igualmente a las pedanías del sur de València que sufrieron las inundaciones del 29 de octubre, en Forn d'Alcedo, La Torre y Castellar-l'Oliveral.
"El Ayuntamiento de València sigue apostando por la prevención como la mejor herramienta para minimizar las incidencias cuando se acerca la temporada de lluvias. Gracias a estos trabajos en todos los barrios y pedanías, podemos adelantarnos y planificar la limpieza de imbornales para mantener la red de drenaje en las mejores condiciones posibles" - Carlos Mundina, concejal del Ciclo Integral del Agua del Ayuntamiento de València
Un trabajo continuo, no estacional
Conviene no confundir la campaña de verano con el único esfuerzo del año. La actuación municipal no se limita a los imbornales: el Servicio del Ciclo Integral del Agua dispone también de equipos específicos para la revisión de los puntos de evacuación máxima de aguas pluviales, los pasos inferiores, las instalaciones de bombeo y los grandes colectores de la ciudad. La temporada estival representa simplemente una fase de máxima intensidad dentro de un proceso de mantenimiento ordinario que no se detiene en ningún momento del año.
Una vez concluida la campaña, los equipos municipales continuarán con la inspección y limpieza habitual de la red, adaptando los ritmos de intervención a las necesidades de cada sector. El mantenimiento preventivo de las infraestructuras de drenaje no es un gasto secundario, sino una línea de defensa real, y la ciudad parece haberlo asumido como principio de gestión. Porque en una región donde las lluvias torrenciales pueden transformar una calle en un torrente en cuestión de minutos, tener los imbornales limpios no es un detalle menor: es, literalmente, la primera barrera frente a la catástrofe.


