València transforma las puertas de sus colegios: 51 nuevos caminos escolares seguros en tres años y más de 268 m² de acera ganados para los niños

València suma 51 nuevos caminos escolares desde 2023, superando los 140 en total, y recupera 268 m² peatonales en accesos a centros educativos.

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Cada mañana de septiembre, miles de niños y niñas cruzan las calles de València para llegar al colegio. Que ese trayecto sea seguro no depende solo de la suerte o de la vigilancia de los padres: depende también de cómo está diseñada la ciudad. Y en los últimos tres años, el Ayuntamiento de València ha decidido intervenir con una ambición notable. Desde junio de 2023 se han puesto en servicio 51 nuevos caminos escolares seguros, lo que eleva el total a más de 140 rutas señalizadas en todo el término municipal. Además, se han recuperado más de 268 m² de espacio peatonal en los accesos a diferentes centros educativos, una superficie equivalente a varios salones de clase devueltos a los peatones.

Un nuevo curso con dos rutas estrenadas

El arranque del curso 2026-2027, este miércoles, no llega solo con nuevos libros y mochilas. El CEIP Mare Nostrum, en el barrio de Beteró, y el CEIP La Fonteta, en La Punta, estrenaron sendas rutas escolares seguras justo al inicio de las clases. Ambos itinerarios se suman a una red que crece curso a curso con un objetivo claro: que el camino al colegio sea un acto cotidiano y no una odisea de semáforos y coches aparcados en doble fila.

También en este arranque escolar, el Ayuntamiento ha recuperado el espacio peatonal frente al centro educativo Luz Casanova, en el barrio de Sant Antoni. Jardineras, vallas y bancos delimitan ahora una zona donde antes los coches marcaban el ritmo. Pintados en el suelo, juegos para los escolares convierten esa franja de asfalto reconquistado en algo más que una acera: en un lugar donde esperar también es disfrutar.

Tres años de transformación barrio a barrio

El despliegue ha sido progresivo y ha llegado a todos los rincones de la ciudad. En septiembre de 2023, las actuaciones arrancaron en los colegios Concha Espina II, en Jesús, y San Pedro Pascual, en Extramurs, junto con seis rutas escolares hacia el CEIP Carles Salvador en Benimaclet y otras seis hacia el IES Misericòrdia en l'Olivereta. Un año después, en septiembre de 2024, le tocó el turno al colegio Hermes en Patraix, al centro San Luís Gonzaga en Quatre Carreres y al colegio San Juan Bosco en Campanar, además de nuevas rutas hacia el CEIP Ciutat Artista Faller en Benicalap y el Colegio Público Municipal Santiago Grisolía en Algirós.

La actividad no se detuvo en verano. En mayo de 2025 se pusieron en marcha cinco rutas hacia el CEIP Jesús en Patraix —donde además se recuperaron 23 m² de espacio peatonal a sus puertas— y cuatro hacia el CEIP Benimàmet en Pobles de l'Oest. En septiembre de ese mismo año, actuaciones en los colegios Nuestra Señora de los Desamparados, en Poblats Marítims, y Som Escola, en l'Olivereta, se complementaron con mejoras de seguridad vial en el entorno del CEIP Humanista Mariner, en Patraix, y con siete nuevas rutas repartidas entre el CEIP Nuestra Señora del Carmen en Algirós y el CEIP Jaime I en Camins al Grau.

El último impulso llegó en abril de 2026, con doce nuevas rutas distribuidas entre el CEIP Castellar-l'Oliveral y el CEIP Forn d'Alcedo —ambos en Pobles del Sud— y el CEIP Manuel González Martí de Benifaraig, en Pobles del Nord.

Cómo se construye un camino seguro

Diseñar una ruta escolar no consiste simplemente en poner un cartel. El proceso implica la colaboración directa con los centros educativos y un estudio del entorno, estimando un radio de aproximadamente 250-300 metros desde la escuela e incluyendo las principales vías por donde se mueve la mayoría de las familias. A partir de ahí, las rutas se señalizan con postes verticales y marcas pintadas sobre el pavimento, se identifican los puntos de mayor peligrosidad y se interviene en el espacio urbano para corregirlos.

Las zonas peatonales frente a los colegios se delimitan con jardineras, vallas y bancos, y en el suelo se pintan juegos para los escolares. No son solo medidas estéticas: en algunos de los nuevos entornos se han creado nuevos pasos de peatones y se han adaptado las plazas de estacionamiento contiguas para ganar visibilidad y seguridad en los cruces, sustituyendo plazas de coches por plazas de motos, una medida que ya recoge el nuevo Reglamento General de Circulación.

El camino escolar se convierte así en un proyecto de ciudad basado en la movilidad activa, la sostenibilidad, la autonomía y valores como el convivir, respetar y compartir un espacio. Más allá de la seguridad inmediata, reducir el número de vehículos a motor en estos entornos disminuye las emisiones contaminantes y el ruido, al tiempo que favorece el desarrollo de actividad física cotidiana entre los más jóvenes.

La ciudad que aprende a caminar

Hay algo simbólico en devolver la calle a los niños. Durante décadas, los accesos a muchos colegios españoles fueron sinónimo de caos: coches en doble fila, furgonetas de reparto, prisa y bocinas. Los caminos escolares son una red de itinerarios seguros y saludables que facilitan que los niños y niñas se desplacen a pie o en bicicleta a su centro educativo de forma segura. En València, esa red ya supera los 140 puntos de la ciudad y sigue creciendo. Más de medio centenar de nuevas rutas en tres años es un ritmo que pocas ciudades españolas pueden igualar, y el inicio de cada curso escolar se ha convertido, en cierto modo, en la mejor fecha para medir el avance. La pregunta ya no es si los niños pueden ir solos al colegio, sino cuántas calles quedan todavía por reconquistar para ellos.