València se lanza a conquistar Bruselas: quiere ser el laboratorio europeo de los semiconductores del futuro

València se postula ante la UE para liderar el gemelo digital de la cadena de chips y exige que las ciudades tengan voz en la nueva Ley Europea de Chips 2.0.

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Los semiconductores ya no son solo cosa de grandes potencias industriales o de gigantes tecnológicos asentados en Taiwán o Silicon Valley. Son también, cada vez más, una cuestión de política local. Y València lo sabe. El Ayuntamiento de València, a través de València Innovation Capital y con la colaboración de València Silicon Cluster, ha presentado una contribución formal a la consulta pública de la Comisión Europea sobre la futura European Chips Act 2.0, el gran rediseño de la política europea de semiconductores que Bruselas puso sobre la mesa el pasado 3 de junio de 2026.

La propuesta no es una declaración de buenas intenciones. Es una hoja de ruta concreta con la que la ciudad se postula como territorio piloto, nodo tecnológico o espacio de experimentación para uno de los proyectos más ambiciosos que contempla la nueva normativa: el gemelo digital europeo de la cadena de suministro de semiconductores. La idea es tan técnica como estratégica: crear una réplica digital de toda la cadena de producción de chips para anticipar cuellos de botella, gestionar crisis de suministro y fortalecer la autonomía tecnológica del continente.

Un hueco en el mapa que no existía

Para entender la apuesta valenciana hay que tener en cuenta el contexto. La Comisión Europea adoptó la propuesta de Chips Act 2.0 el 3 de junio de 2026, con nuevas medidas para impulsar la industria de chips, reducir dependencias estratégicas y apoyar la producción avanzada en la UE. La UE sigue dependiendo de terceros países en áreas clave como la fabricación avanzada de chips o el diseño de semiconductores. Una dependencia que quedó brutalmente expuesta durante la crisis de suministro de 2021, cuando la escasez de microchips paralizó líneas de montaje de automóviles en toda Europa.

A nivel europeo, la Chips Act original contribuyó a movilizar más de 52.000 millones de euros en inversión pública y privada, creó unos 46.000 puestos de trabajo directos e indirectos y reforzó la capacidad de investigación e innovación en semiconductores. Ahora, con la segunda versión de la ley, Bruselas quiere ir más lejos. Y València no quiere quedarse fuera de esa conversación.

La iniciativa forma parte del Paquete de Soberanía Digital de la Unión Europea y persigue reforzar la posición del continente en el mercado de los semiconductores avanzados, considerados un elemento esencial para sectores como las telecomunicaciones, la automoción, la inteligencia artificial, la defensa o la computación de alto rendimiento.

Las ciudades también cuentan, o deberían

El argumento central de la contribución valenciana es, a la vez, sencillo y políticamente incómodo para las instituciones europeas: las políticas de semiconductores se diseñan en Bruselas, pero se materializan en las ciudades. Es ahí donde viven los ingenieros, donde se instalan las empresas, donde las universidades forman al talento y donde los ayuntamientos gestionan el suelo, las infraestructuras y los permisos que hacen posible —o imposible— que un proyecto industrial despegue.

Por eso, la propuesta valenciana reclama que las ciudades sean reconocidas como relevant authorities en el artículo 28.1 de la futura normativa, vinculándolas a los planes de inversión de las futuras Regiones Europeas de Excelencia en Semiconductores. También exige que los gobiernos locales sean incorporados formalmente a la facilitación y aceleración de proyectos estratégicos del sector.

"Europa necesita que sus políticas de semiconductores aterricen en los territorios donde realmente se construyen los ecosistemas de innovación" - Paula Llobet, concejala de Innovación del Ayuntamiento de València

Una red de ciudades y un gemelo digital

Entre las propuestas más concretas figura la creación de una European Network of Semiconductor Cities, una red de ciudades con ecosistemas tecnológicos vinculados a los semiconductores que funcionaría de forma complementaria a la futura red europea de regiones. La idea es compartir conocimiento, buenas prácticas y reforzar la cooperación territorial en torno a una industria que Europa considera estratégica para su autonomía.

Pero la propuesta más diferencial, la que sitúa a València en un terreno casi sin competidores, es su candidatura para albergar el gemelo digital de la cadena de suministro de semiconductores. No es una ocurrencia: la ciudad tiene experiencia acumulada en el desarrollo y aplicación de tecnologías de gemelo digital en el ámbito urbano, con herramientas como el Sistema Operativo Urbano y un sandbox urbano diseñado para facilitar la experimentación con soluciones tecnológicas en entornos reales.

"València no quiere limitarse a reclamar un papel en la futura estrategia europea, sino poner a disposición de Europa nuestra experiencia y nuestras capacidades" - Paula Llobet, concejala de Innovación del Ayuntamiento de València

El ecosistema que respalda la candidatura

La candidatura valenciana no parte del vacío. El ecosistema tecnológico de la ciudad cuenta con un aval de peso: según el informe nacional de empresas tech e innovadoras, València es el tercer polo de innovación de España, con 525 empresas tecnológicas, más de 5.100 empleos y más de 755 millones de euros de facturación.

A eso se suma un factor diplomático de enorme relevancia. El ecosistema valenciano es, junto con Saxony y Aquitania, uno de los únicos tres de toda la Unión Europea con representación directa en Bruselas en materia de semiconductores: en julio, València Silicon Cluster fue admitido en la alianza europea ALLPROS, que actúa como interlocutor directo de la Comisión Europea en este sector. Una palanca que pocas ciudades europeas pueden activar.

El camino recorrido también importa. El ecosistema industrial valenciano participó a través de València Silicon Cluster en los trabajos técnicos previos a la futura Chips Act 2.0, y la propia ciudad acogió el 4 de junio de 2026, durante el III València Silicon Forum, la primera presentación institucional de la propuesta de la Comisión Europea. No es un actor recién llegado a la mesa: lleva tiempo construyendo su posición.

La pregunta que queda en el aire es si Bruselas, acostumbrada a dialogar con estados y grandes regiones industriales, estará dispuesta a abrir un espacio real para las ciudades en una política que hasta ahora ha ignorado la escala local. La apuesta de València es que, cuando los chips caigan —nunca mejor dicho—, el mapa europeo de los semiconductores tendrá que incluir también a quienes construyen los ecosistemas desde abajo.