Cincuenta y tres personas han llamado a la puerta que el Ayuntamiento de Valencia dejó entreabierta. La corporación municipal lanzó un concurso público para reabrir los 30 quioscos de prensa que permanecían cerrados en la vía pública de la ciudad —la mayoría, más de una década sin actividad— y la respuesta ha superado con creces las expectativas: las solicitudes casi duplican el número de puestos disponibles. El volumen de candidaturas garantiza, según el consistorio, que al término del procedimiento puedan reabrir la totalidad de los espacios.
El declive del quiosco, un fenómeno nacional
La imagen del quiosco de barrio como punto de encuentro matutino, con sus filas de periódicos y revistas colgadas como banderas, forma parte del imaginario urbano de varias generaciones de españoles. Pero esa estampa se ha ido diluyendo a marchas forzadas. En la última década, España ha presenciado un cierre masivo de quioscos de prensa y revistas, con más de 6.000 establecimientos que han tenido que bajar la persiana en todo el país. Solo entre 2012 y 2021, el número de puntos de venta de prensa cayó un 44%, pasando de 7.639 a apenas 4.252 establecimientos. La digitalización de la información, los cambios de hábito lector y las sucesivas crisis económicas han sido los grandes culpables. Algunos de estos puestos llegaron a vender 900 ejemplares de los periódicos más relevantes, una cifra que se desplomó hasta 50 en 2022.
Valencia no ha sido ajena a esta tendencia. Treinta de sus quioscos permanecían silenciosos, con las persianas echadas y convertidos en una especie de mobiliario urbano fantasma. La iniciativa municipal aspira ahora a devolverles la vida, aunque con un modelo renovado que va mucho más allá de la venta de papel.
Una concesión de hasta 40 años, sin coste de alquiler
El concurso público, impulsado por el Servicio Municipal de Obras y Mantenimiento, contempla el otorgamiento de títulos de ocupación privativa del dominio público por un periodo inicial de 20 años, prorrogable por otros 20 adicionales. Es decir, los adjudicatarios podrían gestionar su quiosco durante cuatro décadas. Y lo harán sin pagar alquiler: el Ayuntamiento cederá gratuitamente el uso de las casetas, en virtud del convenio de colaboración suscrito con la Asociación Profesional de Vendedores de Prensa de València y Provincia, propietaria de las estructuras.
El modelo de negocio también se moderniza. Las bases reguladoras permiten compatibilizar la actividad principal —la venta de periódicos y revistas— con una serie de servicios complementarios autorizados por la ordenanza municipal:
- Recarga de títulos de transporte público
- Venta de loterías
- Paquetería de proximidad
- Productos de promoción turística
- Bebidas envasadas y café
Un abanico de actividades que, en la práctica, convierte al quiosco en algo parecido a una pequeña tienda de servicios de barrio. No es una idea nueva: ciudades como Barcelona ya han ensayado modelos similares, rebajando del 80% al 51% el espacio obligatorio destinado a exponer publicaciones periódicas para dar cabida a otros usos comerciales y de servicio.
Prioridad social: desempleo, discapacidad y edad
Lo que distingue a la convocatoria valenciana no es solo su ambición de recuperar el espacio público, sino la lógica con la que decide a quién se lo entrega. El pliego de condiciones fija un baremo automático de adjudicación que pondera explícitamente la vulnerabilidad de los solicitantes. Tienen ventaja quienes acrediten desempleo de larga duración, una discapacidad igual o superior al 33%, pertenencia a colectivos en riesgo de exclusión social, ser víctima de violencia de género, tener más de 45 años o menos de 30.
"No se trataba únicamente de regularizar casetas cerradas, sino de convertirlas en oportunidades reales de empleo y autoempleo para colectivos con mayores dificultades de inserción" - Juan Giner, concejal de Urbanismo, Vivienda y Licencias del Ayuntamiento de Valencia
Giner subrayó además que estos espacios promueven el comercio de proximidad y fortalecen la identidad del entorno urbano. Una lectura que conecta con algo más profundo: el quiosco no es solo un negocio, sino un nodo de sociabilidad que articula la vida de calle. Comprar el periódico, pagar el bono del autobús o tomarse un café de pie son rituales cotidianos que, en muchos barrios, han desaparecido junto con las casetas cerradas.
Un pulso entre lo analógico y lo necesario
Hay una cierta paradoja en todo esto: se reactivan quioscos de prensa en papel en un momento en que la crisis económica de 2008 y el avance de internet ya habían puesto en jaque al sector, y fue la pandemia de COVID-19 la que pareció asestar el golpe definitivo a un modelo que lleva más de una década en declive. Pero precisamente ahí reside el giro inteligente de la propuesta: el quiosco que renace en Valencia no apuesta solo por el papel. Apuesta por la presencia física en el barrio, por el servicio de proximidad y por dar una salida laboral a quien más lo necesita.
Con 53 candidatos para 30 puestos, el Ayuntamiento de Valencia tiene ahora el trabajo de elegir bien. Si el proceso concluye como está previsto, en los próximos meses aquellas casetas oxidadas y olvidadas volverán a abrir sus ventanillas. Y con ellas, quizá, también regrese un poco de esa textura de barrio que las ciudades modernas tantas veces pierden sin darse cuenta.


