València lleva el certamen de bandas más antiguo del mundo al barrio del Cabanyal con un espectáculo que mezcla pasacalles y electrónica en vivo

La Performance 140 fusiona bandas, cornetas y música electrónica en las calles de los Poblats Marítims para celebrar 140 años del CIBM.

Guardar

Desfile
Desfile
Añadir ValènciaExtra.com como fuente preferida de Google de forma gratuita. Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
Activar ahora

Este viernes 10 de julio, las calles del Cabanyal-Canyamelar se transformarán en un escenario al aire libre para celebrar, a su manera, el 140 aniversario del Certamen Internacional de Bandas de Música "Ciutat de València" (CIBM). No habrá auditorio, ni butacas, ni silencio reverencial: habrá pasacalles, cornetas, sintetizadores y proceso digital en tiempo real. La propuesta se llama Performance 140: bandas, cornetas y electrónica, y promete ser un experimento sonoro sin precedentes en la historia del certamen.

El certamen más antiguo del mundo sale a la calle

El Certamen Internacional de Bandas de Música "Ciutat de València" conmemora en 2026 sus 140 años de historia, consolidado como el concurso bandístico más antiguo del mundo en activo y uno de los grandes referentes internacionales de la música para banda. Una trayectoria que arranca en el siglo XIX y que, lejos de anquilosarse, busca este año sorprender a los propios valencianos antes incluso de que suene el primer acorde de la competición oficial, prevista del 15 al 19 de julio en el Palau de la Música.

El CIBM ha obtenido además la declaración honorífica de Fiesta de Interés Turístico Autonómico de la Comunitat Valenciana, un reconocimiento concedido por la Generalitat Valenciana a petición del Ayuntamiento de València. El peso institucional del certamen crece, pero su apuesta más llamativa este año no llega desde el palco de honor, sino desde las plazas de un barrio popular con una larga y arraigada tradición musical.

Dos desfiles, una plaza y un combate sonoro

La Performance 140 arrancará a las 20:00 horas con dos pasacalles contemporáneos que recorrerán simultáneamente las calles de los Poblats Marítims desde puntos distintos: uno partirá desde la plaza de la Iglesia de los Ángeles, atravesando las calles de Vicent Ballester, Vidal de Canelles, Martí Grajales, Ernest Anastasio, Just Vilar y Rosario; el otro saldrá desde la plaza de Juan Antonio Benlliure, por las calles de Escalante, María Cuber y Rosario. Dos corrientes musicales que se aproximan desde direcciones opuestas para converger, a las 20:30 horas, en la plaza del Rosario. La lógica del encuentro está pensada como una dramaturgia urbana: el barrio entero funciona como partitura.

Una vez reunidas todas las formaciones en la plaza del Rosario, el espacio se convertirá en el epicentro de un combate sonoro en el que siete piezas del imaginario musical valenciano serán reinterpretadas en directo mediante sintetizadores, paisajes ambientales, dispositivos interactivos y procesamiento digital. Las obras elegidas hablan por sí solas del alcance simbólico del proyecto: Cristo del Amor, Pepita Greus, Bendición, Soledad de San Pablo, Moros y Cristianos, Paquito el Chocolatero y Valencia.

De Wii a drones sonoros: la electrónica al servicio de la tradición

La creación electrónica correrá a cargo del grupo Borea, integrado por Miriam López, Facundo Gauna y Josep Gadea —conocidos artísticamente como Miram, Gowna y Gadea—, coordinados por el compositor valenciano Pere Vicalet. Cada obra tendrá su propia identidad electrónica, construida a partir de materiales simbólicos asociados a cada pieza. En Cristo del Amor, el sonido de un corazón actuará como materia prima y se irá transformando mediante efectos digitales hasta convertirse en una textura ambiental en constante evolución. En Bendición, el aire, el agua y la tierra serán las fuentes simbólicas, desarrolladas a través de drones de intensidad creciente.

Quizá el momento más inesperado llegue con Moros y Cristianos: mediante mandos de Wii y otros dispositivos de interacción, los creadores activarán sonidos de espadas, caballos, cadenas y metales para recrear una batalla inspirada en el imaginario de las fiestas populares. La tecnología doméstica al servicio del ritual festivo. Por su parte, Paquito el Chocolatero incorporará sintetizadores y una base rítmica de estética techno, y Valencia cerrará el conjunto reuniendo todos los materiales, texturas y recursos utilizados a lo largo del repertorio.

Ocho agrupaciones con historia propia

La propuesta no es solo un experimento de laboratorio: tiene raíces en el tejido vivo del barrio. Participarán entidades como la Sociedad Musical Unión de Pescadores del Cabanyal en su centenario, la Agrupación Carrera Font de Sant Lluís en su 75 aniversario, la Sociedad Musical Poblats Marítims en su 40 aniversario, la Unión Musical Centre Històric de Valencia en su décimo aniversario y la Agrupación Musical San José de Pignatelli en su 45 aniversario. Se suman también la Banda de Cornetas y Tambores Mare Nostrum de Silla, dirigida por Juan Garrido García; la Banda Virgen de los Dolores del Cabanyal, dirigida por Iván Sánchez Martín; y la Banda de Cornetas y Tambores San Luis Bertrán de València, dirigida por Ricardo Vázquez Calvo. Ocho formaciones que, juntas, acumulan más de dos siglos de historia musical en la ciudad.

Un aniversario que desborda el Palau de la Música

El objetivo del 140 aniversario es que el certamen se viva "antes, durante y fuera de los días oficiales de competición, conectando la tradición bandística con la vida cotidiana de València". La Performance 140 encarna exactamente ese espíritu: no espera que el público acuda al concierto, sino que el concierto salga a buscar al público por las calles. El vecino que pase por allí a las ocho de la tarde sin saber nada se encontrará, de repente, con una procesión de músicos avanzando hacia una plaza donde la tradición y la electrónica están a punto de fusionarse. Eso, en sí mismo, ya es un espectáculo.

La edición del 140 aniversario cuenta además con una alianza estratégica con Visit València destinada a reforzar la visibilidad internacional del certamen y proyectar la ciudad como capital musical de referencia. Pero antes de que lleguen los focos internacionales, el certamen más antiguo del mundo tendrá su primer gran gesto de esta edición histórica en una plaza del Cabanyal, entre bandas de barrio, cornetas y el pulso transformado de un corazón convertido en sintetizador.