Cuando el 29 de octubre de 2024 la DANA arrasó la Comunitat Valenciana, la riada rompió tramos de la red de agua potable y el barro obstruyó alcantarillado y depuradoras, generando un riesgo sanitario crítico. Meses después, en abril de 2025, un corte generalizado del suministro eléctrico volvió a poner a prueba los servicios esenciales de la ciudad. Dos emergencias en menos de un año. Dos avisos que el Ayuntamiento de València ha decidido no ignorar.
La Junta de Gobierno Local aprobó este viernes los proyectos para instalar grupos electrógenos en las plantas potabilizadoras de La Presa, en Manises, y El Realó, en Picassent, con una inversión total de 4.298.305,48 euros. El objetivo es claro: que el agua del grifo siga fluyendo aunque se vaya la luz.
Un escudo eléctrico para el agua de la ciudad
Las dos plantas potabilizadoras son el corazón del sistema de abastecimiento de agua potable de València y su área metropolitana. Sin electricidad, ese corazón se detiene. Por eso, la actuación municipal contempla dotar a estas infraestructuras estratégicas —propiedad del Ayuntamiento— de un sistema de respaldo eléctrico propio que entre en funcionamiento de forma autónoma ante cualquier fallo externo: un temporal, una inundación, una avería en la red o un apagón masivo.
La planta de La Presa se lleva la mayor parte del presupuesto, con 3.057.282,92 euros, mientras que la actuación en El Realó alcanza los 1.241.022,56 euros. La ejecución de ambos proyectos ha sido encargada a EMIVASA, la empresa mixta local responsable del abastecimiento de agua potable en la ciudad.
"La experiencia de los últimos episodios de emergencia, como la DANA de octubre de 2024 y el corte generalizado de suministro eléctrico registrado en abril de 2025, ha puesto de manifiesto la necesidad de seguir fortaleciendo los sistemas esenciales de la ciudad" - Carlos Mundina, concejal delegado del Ciclo Integral del Agua del Ayuntamiento de València
Más de 51 municipios dependen de este sistema
La trascendencia de esta inversión va más allá de los límites de la capital. Es la ciudad de València la encargada de tomar el agua de su origen, potabilizarla y distribuirla a través de una red hídrica a otras 51 localidades más de la provincia. Cualquier interrupción en las plantas de La Presa o El Realó no afecta solo a los hogares valencianos, sino a todo un sistema metropolitano que no puede permitirse paradas imprevistas.
Precisamente para blindar esa interconexión, la Entidad Metropolitana de Servicios Hidráulicos (EMSHI) puso en marcha hace una década las obras de conexión de ambas instalaciones, con una inversión global acumulada de más de 113 millones de euros. El proyecto incluyó la instalación de 1.667 metros de tubería para unir las conducciones de las dos plantas potabilizadoras, completando así una red de más de 240 kilómetros de grandes conducciones. Un sistema pensado para la redundancia, para que si uno falla, el otro responda.
La resiliencia como política pública
La DANA del 29 de octubre de 2024 ha obligado a repensar la relación entre agua, territorio y clima. Lo que entonces fue caos, ahora se espera que se traduzca en planificación. En ese espíritu se enmarca esta actuación, que el Ayuntamiento describe como parte de su estrategia de mejora de la resiliencia de las infraestructuras hidráulicas de la ciudad.
El concejal Mundina subrayó que "la prioridad es garantizar que València disponga de un servicio de agua potable seguro, estable y preparado ante cualquier contingencia". Una declaración que, a la luz de lo vivido en los últimos meses, suena menos a discurso institucional y más a lección aprendida. Porque en una ciudad donde los extremos climáticos y los fallos eléctricos han dejado de ser excepciones, tener un generador propio en la planta que purifica el agua puede ser, sencillamente, la diferencia entre abrir el grifo y no poder hacerlo.


