La ciudad de València reafirma su compromiso con la preservación de su invaluable legado arquitectónico. En una reciente visita, la alcaldesa María José Catalá, acompañada por el concejal de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales, José Luis Moreno, y la restauradora Carolina Mai, supervisó los avanzados trabajos de conservación y mantenimiento que se están llevando a cabo en los puentes históricos de la capital. La intervención actual se centra en el emblemático Puente de San José, una joya del siglo XVII, donde se están eliminando eflorescencias y limpiando humedades para devolverle su esplendor original, un paso crucial en la recuperación del patrimonio catalogado de la ciudad.
Esta ambiciosa iniciativa forma parte de una nueva contrata de limpieza y mantenimiento del patrimonio cultural, aprobada el pasado 30 de mayo por la Junta de Gobierno. Con un presupuesto anual de 234.964,78 euros (IVA incluido) y una vigencia de dos años, prorrogables por otros dos, esta contrata representa una inversión sin precedentes en la protección de los bienes culturales de València. Incluye la inspección y limpieza de 462 elementos urbanos singulares, 26 fachadas de monumentos y museos municipales, y, de manera destacada, los puentes históricos y sus pretiles.
Un compromiso histórico con el patrimonio valenciano
La alcaldesa María José Catalá no dudó en señalar la situación crítica en la que se encontraban estos monumentos antes de la actual gestión municipal. 'Cuando llegamos al Gobierno municipal, en junio de 2023, los puentes históricos de la ciudad carecían de un responsable claro, de partida presupuestaria y de una contrata exclusiva de mantenimiento. La licitación anterior había quedado desierta en marzo de ese mismo año. Las plantas y la vegetación habían colonizado los sillares, dañando gravemente la piedra por efecto de la descomposición, la oxidación y del crecimiento de las raíces. Las costras y las eflorescencias salinas alteraban la lectura de estos bienes protegidos y los tajamares presentaban daños que suponían un riesgo para los peatones y ciclistas que diariamente circulan bajo sus arcos', lamentó la alcaldesa.
Esta nueva etapa marca un antes y un después en la gestión del patrimonio valenciano. 'Ahora, por primera vez en la historia, los cinco puentes históricos de València cuentan con presupuesto propio y con una contrata específica para su conservación y para su mantenimiento. Era una conquista que debíamos a la ciudad', afirmó María José Catalá. Subrayó la importancia de esta labor, no solo como un deber institucional, sino como un pilar fundamental para la identidad y el futuro de la urbe: 'Porque cuidar el patrimonio es también cuidar nuestra identidad, de la misma manera que embellecer el patrimonio no es un lujo, sino una obligación institucional. Es dignificar el espacio público, es generar orgullo de pertenencia y es también una forma de atraer cultura, turismo de calidad y actividad económica. Pero, sobre todo, es una forma de respeto, de respeto a quienes nos precedieron y de responsabilidad con quienes vendrán después'.
Detalles de la intervención en el Puente de San José
Los trabajos de restauración en los puentes históricos comenzaron en octubre de 2025 con una fase inicial crucial. Esta etapa se centró en la eliminación de pintadas y vegetación de los cinco puentes, seguida de la aplicación de biocidas para prevenir su rebrote y el posterior relleno de juntas con mortero de cal tras la extracción de las raíces. Una vez completada esta fase preliminar, se decidió priorizar el Puente de San José debido a su estado de conservación más deteriorado.
La alcaldesa detalló las complejidades de la restauración: 'Hasta hace escasas fechas, los sillares del Puente de Sant Josep acusaban la presencia de costras superficiales compactas asociadas a depósitos ambientales consolidados, alterando la lectura material del bien protegido, reduciendo la permeabilidad del soporte y generando tensiones diferenciales entre la capa alterada y el sustrato pétreo original. Por dicha razón, se realizaron varias pruebas previas de limpieza para determinar el procedimiento óptimo a emplear para la eliminación de dichas costras, optándose por la técnica de proyección controlada de árido inerte a baja presión, al resultar compatible y respetuosa con la fábrica de piedra original y garantizar la preservación de los valores históricos y materiales del puente'.
Actualmente, la intervención ha cubierto nueve de los 13 arcos del Puente de San José. Se prevé que estos trabajos, que fueron suspendidos temporalmente durante las Fallas, concluyan a lo largo del próximo mes de abril. Posteriormente, se procederá al rejuntado de las juntas de mayor calibre con mortero de cal hidráulica, dejando un ligero rehundido para futuras rehabilitaciones integrales. Finalmente, se aplicará un hidrofugante transpirable para consolidar la superficie pétrea y se realizará un repaso general de la vegetación en todos los puentes históricos.
La historia y el simbolismo del Puente de San José
La restauración del Puente de San José adquiere un significado especial al coincidir con el 75 aniversario de la instalación de la estatua dedicada a San José en su tablero superior. Esta escultura, financiada por suscripción popular e inaugurada en 1951, es obra del escultor valenciano Octavio Vicent y representa a San José como carpintero junto a un niño. Cada 19 de marzo, este monumento es el punto de una emotiva ofrenda floral por parte de las Falleras Mayores de València, sus cortes de honor y la comisión de Doctor Olóriz, organizadora del acto, un testimonio de la profunda conexión del puente con las tradiciones de la ciudad.
Conocido también como Pont Nou, de la Santa Creu o de la Saïdia, el Puente de San José es un elemento vital que conecta el centro histórico con el barrio de Marxalenes. Su nombre rinde homenaje al antiguo Convento de San José y Santa Teresa, así como al Portal de San José, demolido en 1868. La estructura actual, declarada Bien de Relevancia Local, fue construida entre 1604 y 1607 en sillería de piedra por la Fábrica de Murs i Valls, reemplazando una estructura de madera colapsada a finales del siglo XVI. Se asienta sobre 13 arcos escarzanos de 8,8 metros de luz, con una longitud aproximada de 148 metros y una anchura de tablero de casi seis metros, consolidándose como un pilar fundamental del paisaje urbano y la historia de València.


