Cuando los precios de la energía se disparan y los hogares más vulnerables son los primeros en acusar el golpe, la respuesta no siempre llega de grandes infraestructuras ni de decisiones tomadas en Bruselas. A veces llega del tejado de un colegio público. Eso es, en esencia, lo que está haciendo València: poner sus propios edificios al servicio de la ciudadanía para que la transición energética no sea solo un concepto en un documento de política europea, sino una realidad en los barrios.
La ciudad ha sido seleccionada como una de las diez experiencias europeas de referencia de la campaña 'Homegrown Energy', una iniciativa impulsada conjuntamente por la red Energy Cities y el Pacto de las Alcaldías de la Unión Europea. El objetivo de la campaña es precisamente ese: demostrar, con casos reales y funcionando sobre el terreno, que las soluciones locales pueden dar respuesta a algunos de los problemas más urgentes del sistema energético europeo, desde la volatilidad de los precios hasta la congestión de las redes o la exclusión de los ciudadanos con menos recursos.
Tejados públicos como palanca de cambio
El modelo valenciano parte de una idea aparentemente sencilla pero con gran impacto: ceder cubiertas de edificios municipales para que las comunidades energéticas instalen paneles fotovoltaicos y generen electricidad en autoconsumo colectivo. La primera convocatoria incluye las antiguas naves municipales de Daniel Balaciart, el CEIP Santa Teresa y el CEE Rosa Llàcer, con una capacidad conjunta que supera los 230 kWp, suficiente para abastecer a un número significativo de hogares.
Pero el proyecto va más allá de poner metros cuadrados a disposición de placas solares. Una parte de la energía generada se destinará a edificios municipales y, también, a hogares en situación de vulnerabilidad identificados por los servicios sociales del Ayuntamiento. Dicho de otro modo: la transición energética con criterios de justicia social, no solo medioambiental.
"Las comunidades energéticas son una herramienta clave para democratizar el acceso a la energía renovable y para que los beneficios de la transición energética se queden en los barrios y en las personas.", ha añadido Carlos Mundina, concejal de Mejora Climática y Eficiencia Energética del Ayuntamiento de València.
Mundina también ha subrayado el papel instrumental del consistorio: "Desde el Ayuntamiento estamos poniendo a disposición recursos públicos, cubiertas municipales y el acompañamiento técnico necesario, a través de València Sostenible, para que la ciudadanía pueda participar activamente en este nuevo modelo energético."
València Sostenible, el engranaje técnico detrás del proyecto
No basta con tener un tejado disponible. Montar una comunidad energética implica navegar por un laberinto de trámites legales, decisiones técnicas, modelos de financiación y solicitudes de ayuda pública. Para eso existe el organismo autónomo municipal València Sostenible, que da continuidad al trabajo iniciado por la Fundación València Clima i Energia y actúa como brújula técnica para quienes quieren sumarse a estas iniciativas.
Sus equipos acompañan a las comunidades en todo el proceso: desde la constitución jurídica hasta el diseño de las instalaciones, pasando por el análisis de viabilidad, la búsqueda de financiación y el acceso a subvenciones. Además, impulsan la formación y la participación ciudadana, dos elementos que determinan si una comunidad energética prospera o se queda en papel mojado.
En València, una red de oficinas de energía locales ha contribuido a crear diez comunidades energéticas ciudadanas desde 2020 mediante asesoramiento experto y apoyo directo a los vecinos. Un recorrido que ahora sirve de modelo para otras ciudades europeas.
Un escaparate europeo con lección para muchos
La campaña 'Homegrown Energy', desarrollada en colaboración con el Pacto de las Alcaldías, reúne diez historias de ciudades y regiones que están redefiniendo lo que puede significar el liderazgo municipal en materia de energía. Junto a València participan otros territorios europeos con propuestas igualmente innovadoras, desde Utrecht —que alivia la congestión de su red eléctrica mediante un sistema de coche compartido— hasta ciudades que apuestan por la biomasa local o la financiación colectiva de instalaciones solares.
El enfoque valenciano es un ejemplo poderoso de cómo la contratación pública social puede utilizarse para combatir la desigualdad energética mediante el liderazgo municipal. No es un modelo de élite tecnológica, sino una apuesta pragmática que cualquier ayuntamiento con voluntad política podría replicar.
La directora de Energy Cities, Claire Roumet, lo ha expresado con claridad: "València demuestra que los municipios pueden desempeñar un papel como organizadores de la comunidad local promoviendo energía renovable más accesible y con beneficios llegando a la ciudadanía. La experiencia de la ciudad muestra cómo los recursos públicos pueden convertirse en una herramienta para impulsar comunidades energéticas y avanzar hacia un modelo energético más justo y participativo."
Roumet también ha apuntado a una dimensión estratégica más amplia: "Compartir estas experiencias entre ciudades europeas permite aprender de soluciones que ya están funcionando sobre el terreno y aportar pruebas de éxito para conseguir financiamiento tan necesario de proyectos municipales."
Una ciudad, una red, un momento clave
Las crisis recientes en Europa han evidenciado la vulnerabilidad de los sistemas energéticos que dependen de combustibles fósiles importados. En respuesta, cada vez más municipios están apostando por soluciones de energía local para aumentar su resiliencia, reducir costes y fortalecer sus economías. En ese contexto, el modelo de contratación pública con criterios sociales que practica València no es solo una buena práctica: es una respuesta concreta a una urgencia colectiva.
Energy Cities agrupa a más de 1.000 gobiernos locales de 30 países y trabaja para acelerar la transición hacia sistemas energéticos descentralizados y renovables. València lleva años siendo parte activa de esa red, participando en iniciativas europeas de cooperación y alineándose con los compromisos del Pacto de las Alcaldías en materia de reducción de emisiones. Que ahora sea uno de los diez casos seleccionados como referencia continental no es casualidad: es el resultado de años de trabajo acumulado que, por fin, ilumina también los hogares que más lo necesitan.


