Leer en compañía tiene un precio. Y el Ayuntamiento de València acaba de ponerle cifra: 11.259,39 euros al año, IVA incluido, para mantener vivos los clubes de lectura y las actividades culturales en sus bibliotecas municipales. El consistorio ha abierto el procedimiento de licitación para contratar estos servicios, una apuesta que va mucho más allá del simple fomento del libro y que aspira a convertir las bibliotecas de la ciudad en verdaderos ejes de la vida vecinal.
Un contrato de hasta tres años para dinamizar la lectura
El contrato que sale a licitación tiene una duración inicial de un año, con posibilidad de dos prórrogas adicionales de doce meses cada una, lo que podría extender el servicio hasta 2029. Para ese horizonte máximo de tres años, el gasto total asciende a 27.915,84 euros sin IVA. El Ayuntamiento también ha aprobado los pliegos de prescripciones técnicas y cláusulas administrativas que regularán el servicio, así como el gasto plurianual derivado del contrato.
El objetivo declarado es doble: por un lado, organizar talleres de lectura y programar actividades culturales que refuercen el hábito lector entre los usuarios de las bibliotecas; por otro, consolidar estos espacios como polos centrales de la vida de los barrios. Una ambición que, dicho así, suena a eslogan, pero que tiene una larga trayectoria detrás.
Mucho más que un lugar para coger libros
Las bibliotecas municipales de València llevan años apostando por los clubes de lectura como herramienta de cohesión social. La red de bibliotecas municipales cuenta actualmente con 26 clubes de lectura presenciales para personas adultas, a los que se suman un club de teatro, dos de poesía en valenciano y otros cuatro infantiles, hasta sumar 33 clubes de diferente carácter. No es poca cosa para una ciudad que, al mismo tiempo, gestiona decenas de barrios con realidades muy distintas.
Los clubes de lectura son espacios de encuentro para leer, conversar y compartir, donde personas lectoras comparten la experiencia de leer un mismo libro guiadas por alguien que coordina las lecturas, modera el debate y propone textos. La demanda, lejos de ser residual, refleja una necesidad real: los clubes están constituidos habitualmente por grupos de entre 10 y 20 personas, con el 90% de participantes mujeres y una media de edad de entre 35 y 65 años, y en su mayoría tienen listas de espera.
La biblioteca como espacio vivo
Los clubes de lectura facilitan las relaciones entre sus participantes, favorecen el debate, la tertulia y la capacidad de lectura crítica, y se constituyen como una comunidad de aprendizaje que refuerza la relación entre el vecindario. En ese sentido, el contrato que ahora licita el consistorio no es solo una partida presupuestaria: es la apuesta institucional por mantener ese tejido cultural activo y accesible para todos los ciudadanos, independientemente de su barrio.
La licitación del servicio de clubes de lectura llega en un momento en que las bibliotecas públicas reivindican con más fuerza que nunca su papel como infraestructuras culturales esenciales. En una ciudad como València, con una red amplia y consolidada, garantizar que estos espacios sigan siendo lugares de encuentro —y no solo de préstamo— puede parecer un gesto pequeño. Pero a quienes forman parte de esas listas de espera, probablemente no les parezca tan menor.


