El Ayuntamiento de València ha dado un paso firme para garantizar que sus mayores no se queden sin clase de teatro ni sin su curso de fotografía digital. La Junta de Gobierno Local ha aprobado reservar 1.342.475,84 euros para financiar durante cuatro años los talleres y cursos que se imparten en los Centros Municipales de Actividades para Personas Mayores (CMAPM), una red de 51 espacios repartidos por los barrios de la ciudad que acoge a decenas de miles de jubilados y pensionistas.
Una red de 51 centros con más de 42.000 personas asociadas
Los CMAPM son centros de encuentro, comunicación y esparcimiento de titularidad municipal, cuyas actividades se dirigen a personas jubiladas y pensionistas mayores de 60 años, empadronadas en la ciudad, y que pueden acudir a cualquiera de los 51 centros distribuidos por los barrios valencianos independientemente de su proximidad al domicilio. En total, los centros cuentan con alrededor de 42.000 personas asociadas. Una cifra que, por sí sola, da idea de la dimensión de lo que está en juego con este contrato.
La contratación aprobada no es un capricho presupuestario, sino una necesidad de continuidad. Estos centros desarrollan actividades de tipo formativo y lúdico destinadas a mejorar la calidad de vida de las personas mayores y a facilitar el acceso a los bienes culturales y a las actividades de ocio y tiempo libre del propio barrio en el que se ubican. Sin este contrato, la programación habitual se interrumpiría. Y eso, para muchos usuarios, significaría perder uno de los pocos espacios de socialización estructurada que tienen a su alcance.
Dos lotes: de la coral al inglés pasando por la fotografía
El pliego de condiciones que regirá el servicio divide la contratación en dos lotes diferenciados. El primero agrupa los talleres de carácter más creativo y expresivo: artesanía, coral y teatro. El segundo engloba los cursos con mayor componente formativo y tecnológico: inglés, informática y fotografía digital. Una oferta que, en la práctica, combina actividades tan distintas como la pintura, el arte floral, la informática, la fotografía, la coral y el teatro.
La distinción entre ambos lotes no es baladí. Responde a lógicas de gestión diferentes: mientras los talleres artísticos requieren perfiles más relacionados con la animación sociocultural y las artes escénicas, los cursos digitales exigen formadores con competencias técnicas específicas. Separar los lotes permite buscar empresas o entidades especializadas en cada ámbito, lo que en teoría redunda en mayor calidad para los usuarios.
El contrato, de 2027 a 2031, con posibilidad de prórroga
El gasto aprobado tiene carácter plurianual y se distribuirá entre los presupuestos municipales de 2027 y 2031, con la posibilidad de prorrogarlo un año más. Es decir, la programación que ahora se licita podría extenderse hasta 2032. Una planificación a largo plazo que contrasta con la lógica de los contratos cortos y que, en este caso, busca dar estabilidad a una oferta que miles de valencianos ya consideran parte de su rutina semanal.
La moción impulsora de este acuerdo, promovida por la Concejalía de Mayores, es explícita en su objetivo: dar continuidad a la programación sociocultural de los 51 centros "para favorecer el envejecimiento activo y participativo". Una fórmula que va más allá del lenguaje institucional: detrás hay personas que aprenden a manejar un teléfono inteligente por primera vez, que ensayan un papel de teatro a los 75 años o que encuentran en un coro el único momento de la semana en que cantan en compañía.
Reducir la brecha digital, un objetivo tan urgente como el entretenimiento
Entre las finalidades expresas del contrato figura también la de reducir la brecha digital y favorecer la autonomía personal. No es un objetivo menor. La digitalización acelerada de los últimos años ha dejado atrás a una parte importante de la población mayor, que se enfrenta a dificultades para realizar trámites en línea, acceder a servicios bancarios o simplemente comunicarse con sus familias a través de aplicaciones móviles. El propio Ayuntamiento de València ha impulsado recientemente plataformas de inscripción en línea para las actividades de los centros, con el fin de promover una vida activa y socialmente participativa. Los cursos de informática de los CMAPM son, en ese sentido, una herramienta tan social como cualquier taller de teatro.
Con esta inversión, València reafirma su apuesta por una política de envejecimiento activo que no se limita a la asistencia sanitaria o a los servicios sociales básicos, sino que entiende la cultura, la formación y la participación como derechos que no caducan con la jubilación. Cuatro años dan para mucho: para aprender inglés desde cero, para estrenar una obra de teatro ante los vecinos del barrio, o simplemente para no quedarse solo un martes por la mañana.

