Valencia declara la guerra a los comederos improvisados: por qué dar pan a las palomas es un problema para toda la ciudad

El Ayuntamiento de València lanza la campaña "No alimentes el problema" para reducir una población de 32.197 palomas que ya supera el umbral de equilibrio ecológico urbano.

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Parece un gesto inocente, casi entrañable: arrancar un trozo de pan y lanzarlo a las palomas en una plaza. Pero ese pequeño acto cotidiano tiene consecuencias que van mucho más allá de lo que se ve a simple vista. El Ayuntamiento de València ha lanzado este miércoles la campaña "No alimentes el problema", una iniciativa de concienciación ciudadana dirigida a frenar la sobrepoblación de palomas en la ciudad, con un mensaje rotundo: dar de comer a estas aves no es un acto de bondad, sino parte del problema.

Una ciudad con más palomas de las que debería tener

Los datos hablan por sí solos. València cuenta actualmente con un censo de 32.197 palomas, lo que equivale a una media de 11 ejemplares por hectárea. El umbral considerado sostenible para mantener el equilibrio de la avifauna urbana se sitúa en 10,2 palomas por hectárea, según los expertos. La diferencia puede parecer pequeña, pero el impacto acumulado sobre la limpieza, la salud pública y el patrimonio arquitectónico es enorme.

Para entender la magnitud del reto, vale la pena mirar atrás: en 2021, la ciudad registraba alrededor de 22.000 palomas. En apenas tres años, esa cifra casi se duplicó, alcanzando las 35.564 en 2024. Un crecimiento exponencial que las autoridades municipales llevan tiempo intentando revertir.

"No alimentar a las palomas es cuidar València" - Juan Carlos Caballero, concejal delegado de Bienestar Animal del Ayuntamiento de València

El gesto inocente que no lo es tanto

El problema de fondo no es la paloma en sí, sino la concentración masiva que se produce cuando hay comida abundante y accesible. Su elevada tasa de reproducción, adaptabilidad y comportamiento gregario las convierten en un vector significativo de riesgos para la salud pública y la integridad de las infraestructuras. Las palomas son portadoras de más de 40 enfermedades infecciosas, que pueden transmitirse a los humanos a través del contacto directo o la inhalación de sus excrementos.

Pero las consecuencias no se quedan en el ámbito sanitario. Más allá de los riesgos para la salud, la acumulación de excrementos provoca un deterioro significativo en edificios, monumentos y mobiliario urbano, ya que la composición ácida de las heces corroe materiales como la piedra, el metal y el hormigón, acelerando su degradación. En una ciudad como València, con un patrimonio histórico tan rico y frágil, esto se traduce en facturas millonarias de restauración que acaban pagando todos los contribuyentes.

El concejal Caballero fue explícito al respecto: los excrementos deterioran fachadas, monumentos, mobiliario urbano, desagües y canalones. Y hay otro efecto menos visible pero igual de preocupante: una población descontrolada de palomas puede desplazar a otras aves y alterar el equilibrio natural del entorno urbano.

Buenas noticias: la tendencia empieza a cambiar

En medio de este panorama, hay un dato que permite cierto optimismo. Según los registros del primer trimestre de 2026, la población de palomas en València ha descendido de 35.564 a 32.197 ejemplares. Son 3.367 palomas menos, una reducción del 9,5% que el propio Caballero califica como "un cambio de tendencia" respecto a años anteriores de crecimiento sostenido.

"Los datos muestran que estamos en el camino correcto al combinar todas las acciones de control ético posibles" - Juan Carlos Caballero, concejal delegado de Bienestar Animal del Ayuntamiento de València

Detrás de ese descenso hay un conjunto de medidas que el Ayuntamiento viene aplicando con criterios de bienestar animal: palomares que ofrecen refugio en zonas seguras y limpias, uso de piensos esterilizantes en puntos estratégicos, retirada de nidos, limpieza de espacios públicos, elementos disuasorios, y capturas con reubicación. Las intervenciones se han concentrado especialmente en los barrios y espacios con mayor densidad de aves: mercados, plazas, polideportivos como el de Nazaret, el Distrito Marítimo y el barrio de Patraix.

Una campaña que pide la complicidad de todos

La campaña "No alimentes el problema" echará a andar este fin de semana en redes sociales, mobiliario urbano y medios de comunicación. Su apuesta es clara: no alimentar a las palomas es uno de los hábitos ciudadanos que hay que erradicar para no agravar el problema que supone esta plaga. Es de vital importancia contar con la colaboración ciudadana, dado que es preciso la cooperación de todos para reducir o eliminar los factores ambientales que contribuyen a la proliferación excesiva de palomas.

El Ayuntamiento también trabaja de forma transversal con los servicios de alumbrado y de cultura-patrimonio para instalar sistemas de protección en los edificios más vulnerables y convertir las farolas y puntos de luz en elementos disuasorios. Además, se anima a los vecinos a colaborar informando de grandes concentraciones de palomas o de puntos donde se detecte un problema.

La iniciativa no va dirigida solo a los residentes: comercios y visitantes también forman parte del llamamiento. Porque el desafío de convivir con la fauna urbana no tiene solución si solo actúa el Ayuntamiento. El mensaje de fondo es simple: cada vez que alguien decide no lanzar comida a las palomas, está eligiendo, sin saberlo, una ciudad más limpia, más sana y más equilibrada para todos.